Hace una semana decidí empezar un nuevo proyecto donde me dedicaría a saber todo acerca de cómo hacer florecer una semilla: todos sus cuidados, sus cultivos, sus nutrientes. Todo lo que hace que crezca con fuerza y hermosura. Me di cuenta de que, en realidad, es un trabajo de mucho cuidado, dedicación y amor. Ya que estas semillas por sí solas no pueden nacer, necesitan manos que las coloquen en una tierra bien nutrida y que las rieguen con agua saludable. Necesitan que, al salir de la semilla, las protejan de animales o insectos que puedan devorarlas o interrumpir su proceso de crecimiento.
Sé que este proyecto no es casualidad. Ya saben que no creo en las casualidades. Este amor que estoy sintiendo por cuidar a las plantas en gran parte se lo debo a mi madre, que desde niño crecí viendo cómo desde muy temprano se levantaba para darles de beber, ver sus raíces, cambiarlas de tierra si ya no era la adecuada. Hoy, a mis 30 años, estoy empezando a realizar esto. Le doy gracias a Dios por haberme puesto esto en mi mente y corazón de hacer crecer y cuidar estas plantas, porque me ha dado un gran aprendizaje.
Dios nos ve como plantas. Sabe que somos frágiles desde el día en que nacemos y, desde entonces, nos empieza a cuidar de distintas formas. Probablemente no todos tuvimos el privilegio de nacer en jardines ostentosos y en la mejor tierra o el mejor abono. Pero nos dio el cuidado adecuado para que pudiéramos crecer y empezar a echar raíces. Y es allí donde entra el título de mi escrito: «Florece donde Dios te plantó«. Aunque sea en una tierra incómoda, florece, amigo mío. Dios te ha plantado para que tus raíces empiecen a dejar esos nutrientes que Él te da y esa tierra donde estás pueda empezar a ser rica en su palabra, en su amor, en su misericordia y las personas que se encuentren cerca de esa tierra donde Dios te plantó puedan enriquecerse de sus nutrientes que solo Dios puede dar.
Florecer donde Dios te plantó. Recuerda que somos hijos del Eterno de Israel y, por esa causa, ya formamos parte de su pueblo. Al ser sus hijos, somos un viñedo frondoso donde damos frutos para enriquecer esta tierra, multiplicando sus bondades y sus misericordias. No te sientas solo si a tu alrededor no ves nada y te sientes solo sin compañía. Tú sigue floreciendo, a su tiempo llegarán los frutos, y te darás cuenta de que fuiste el propósito de crear un jardín agradable para Dios.
Amigo, florece donde Dios te plantó. Donde no hay amor, da amor; donde no hay caridad, sé caritativo; donde hay escasez, sé abundante. Nosotros fuimos creados para ser los nutrientes de esta tierra infértil y poder hacerla fértil. Pero tienes que florecer donde Dios te plantó. No busques otras tierras, otros jardines. Florece donde Dios te plantó. Recuerda que tú eres ese nutriente que necesita ese lugar. Florece. Dios te está regando cada mañana con su amor, con su misericordia. Él te cuida de noche para que nada malo pase contigo.
Tenemos al mejor agricultor que podríamos desear. Él sabe todo lo bueno para nosotros y si por algo te puso en esa tierra, es porque sabe de lo que estás hecho y confía en que podrás florecer, aunque el proceso tarde. Recuerda que todas las plantas tienen diferentes procesos de crecimiento. Unas crecen más rápido y otras duran años para ver sus frutos. Pero cada una tiene su recompensa al final. Así que, si ves que tu proceso ya tardó, te aliento a que continúes. El fruto está por llegar. Solo florece donde Dios te plantó y confía en Él.
Hoy estoy empezando una nueva etapa en mi vida y probablemente aprenderé a prueba y error en esto del cultivo de la tierra. Pero sé que esto me dará una enseñanza de vida. Empezaré a ser más paciente con mis procesos y entenderé que todo en la vida son procesos que debemos pasar y esperar. Que uno siembra y otro cosecha.
Y en esta vida quiero sembrar: el amor de Dios, su bondad, su caridad, sus buenas obras, para que aquellos que estén a mi alrededor, si algún día ya no me encuentro en este mundo, puedan cosechar los frutos que Dios me permitió tener y enriquecerse de esta tierra que solo necesita un poco de amor, paciencia y esperanza.
Amigos, espero que este escrito les haya servido. Si en su vida están pasando por un proceso y sienten que no encajan o no se encuentran en un lugar donde deberían estar, recuerden que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros. Solo pidamos a Dios que nos dé entendimiento para comprender el proceso y poder empezar a dar frutos para su honor y su gloria.
Este escrito va dedicado a mi madre, a quien amo mucho y que me ha dado este regalo de empezar a amar a las plantas, las flores, la tierra. Gracias, madre, me has dado una gran lección de vida. Espero que el Eterno de Israel, te cuide y te dé muchos años de vida.
Shalom.

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