¿Te has preguntado por qué a veces las personas cambian de iglesias o de religión? Y antes de continuar con mi punto de vista, no es para juzgar o señalar. Entiendo que a veces es importante cuestionar nuestras creencias porque nuestra fe, nuestra creencia fueron infundadas por nuestros padres, amigos, familiares o pastores, y dice la palabra de Dios en Jeremías 6:16: «Párense en los caminos y miren, Y pregunten por los senderos antiguos, Cuál es el buen camino, y anden por él; Y hallarán descanso para sus almas». Este versículo nos pide que hay un punto en nuestras vidas en que tenemos que ver si estamos en la dirección correcta y tenemos que preguntar si es el correcto, y el único que puede guiarnos en ese camino correcto es Yeshua Jesús porque él nos dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre si no es por mí«.
Pero hoy quiero hablar del punto negativo cuando la gente cambia de iglesia o religión sin consultar a Jesús. ¿Por qué lo hacen? Y según mi experiencia, es porque no nos agrada lo que nos dice el pastor o porque encontramos algún defecto, pecado o error en estos dirigentes. ¿Pero eso nos debería replantear tomar la decisión de cambiar de iglesia o religión? Mi respuesta es NO. En primer lugar, si ese movimiento no es influenciado por Yeshua o Jesús y es por decisión propia, caeríamos en un error grave que es lo que nos pasa a muchos en estos días.
Y para esto quiero citar dos ejemplos que nos da la palabra cuando tomamos estas malas decisiones. El primero es cuando cambiamos de iglesia o religión porque no nos agrada lo que escuchamos y a veces solo queremos escuchar palabras de bendición, triunfo, prosperidad, pero no queremos escuchar palabra de compromiso, esfuerzo o reprensión. Y esto mismo le pasó al rey de Israel Acab. Vemos lo que dice 2 Crónicas 18:7: «El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Micaías hijo de Imla». Y respondió Josafat: «No hable así el rey«.
Para entender este versículo, Acab fue uno de los reyes de Israel que es catalogado como uno de los reyes más malvados, y cuenta la historia que el rey Acab había invitado al rey de Judá Josafat a ir a la guerra contra Ramot de Galaad, pero el rey de Judá le pidió que consultara con sus profetas si era prudente atacar esa ciudad. Como el rey Acab era malo, llamó a sus profetas que no eran guiados por Dios y ellos siempre le hablaban palabras que le agradaban escuchar al rey Acab, palabras buenas solamente. Pero la historia narra que el rey Josafat le preguntó si había un profeta dirigido por Dios, a lo cual el rey le dijo que sí había uno llamado Micaías, pero Acab lo aborrecía porque Micaías siempre hablaba palabra de Dios y siempre eran palabras de reprensión por sus pecados que cometía el rey Acab.
Esta historia nos hace reflexionar que como seres humanos siempre vamos a querer escuchar cosas que nos convengan en nuestras vidas, como éxitos, y tristemente nos inclinamos a buscar esos pastores o líderes que hablan de la abundancia del éxito y prosperidad. Pero si escuchamos que de repente el pastor nos habla del compromiso, el sacrificio o de lo incorrecto que estamos conduciendo nuestras vidas, actuamos como el rey Acab y preferimos escuchar a los profetas que no son dirigidos por Dios y dejamos de escuchar a ese profeta que era enviado por Dios. Y es cuando la calamidad, la tristeza, el dolor llega a nuestras vidas porque no nos paramos a preguntar por el sendero antiguo para llegar al buen camino donde encontraremos descanso para nuestras almas.
Y el último motivo por el cual cambiamos de iglesia o religión es porque encontramos defectos, errores o pecado en esa persona que creíamos santa, a la cual dábamos todo por ese pastor. Pero en el mínimo error que cometió, nos desilusionó y corrimos de allí para buscar a otra persona que pudiera cumplir nuestros estándares. Y dice la palabra en Jeremías 17:5: «Maldito el hombre que en el hombre confía, Y hace de la carne su fortaleza, Y del Señor se aparta su corazón«. Este versículo nos habla que si nosotros creíamos que el pastor nos defraudó, en realidad el que defraudó fuiste tú al confiar en él, ya que nuestra esperanza y nuestra confianza radicaban en ese pastor y no en el Santo de Israel.
Dice su palabra en Jeremías 17:7-8: «Bendito es el hombre que confía en el SEÑOR, Cuya confianza es el SEÑOR. Será como árbol plantado junto al agua, Que extiende sus raíces junto a la corriente; No temerá cuando venga el calor, Y sus hojas estarán verdes; En año de sequía no se angustiará Ni cesará de dar fruto«.
Si hoy te sientes identificado o identificada por estas dos razones que cambiaste de iglesia o de religión, hoy el Santo de Israel te pide que te pares un momento, cuestiones si tu sentir es influenciado por el hombre o es por Dios, si tu esperanza está influenciada por el hombre o es por Dios, si tu confianza es influenciada por el hombre o es por Dios. Si es por el hombre, párate, pregunta por el sendero antiguo que es Yeshua Jesús, pídele que te guíe para que encuentres descanso para tu alma.
Shalom.

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