En esta tercera parte de la serie sobre cómo fue creada la Biblia, hablaré sobre cómo ciertos libros fueron considerados apócrifos por ciertas autoridades religiosas y detallaré lo que ocasionó que estos libros no fueran considerados parte de lo que hoy conocemos como la Santa Biblia. También explicaré cómo entró en vigor el canon de la Biblia. Así que ponte cómodo y empecemos con este viaje que nos ayudará a conocer la verdad sobre los orígenes de la Biblia.
El término «apócrifo» proviene del griego «apókruphos«, que significa «oculto» o «secreto«. En el contexto de la religión y la literatura, un libro apócrifo es aquel cuya autenticidad, autoría o contenido ha sido cuestionado, lo que ha llevado a su exclusión del canon aceptado de textos sagrados.
La historia de los libros apócrifos está estrechamente ligada al proceso de formación del canon bíblico. A lo largo de los siglos, hubo una variedad de textos religiosos circulando en las comunidades judías y cristianas. Algunos de estos textos no fueron incluidos en las colecciones oficiales de escrituras sagradas por diversas razones, como discrepancias doctrinales, preocupaciones sobre la autenticidad o falta de reconocimiento por parte de las autoridades religiosas.
Para que un libro fuera considerado apócrifo, podía haber varios criterios que jugaban un papel importante:
Autoría dudosa: Si la autoría del libro no podía ser claramente atribuida a una figura reconocida como profeta o apóstol, se cuestionaba su autenticidad y, por lo tanto, su inclusión en el canon.
Contenido doctrinal cuestionable: Si el contenido del libro contradecía enseñanzas aceptadas por la comunidad religiosa en cuestión, como la doctrina oficial o los principios de fe, se podía considerar apócrifo.
Falta de uso litúrgico o tradicional: Algunos libros, a pesar de no ser necesariamente heréticos o erróneos, no fueron incluidos en el canon simplemente porque no se usaban regularmente en la liturgia o la enseñanza de la comunidad religiosa en cuestión.
Inclusión en colecciones no autorizadas: Si un libro estaba presente en colecciones de escrituras que no estaban reconocidas oficialmente por las autoridades religiosas, como la Septuaginta o la Vulgata, podía ser considerado apócrifo para aquellas comunidades que no reconocían tales colecciones.
Los libros que fueron considerados apócrifos fueron los siguientes:
Evangelio de Tomás: Este evangelio es una colección de dichos atribuidos a Jesús y fue descubierto en 1945 en Nag Hammadi, Egipto. Se considera apócrifo principalmente porque no fue incluido en el canon oficial del Nuevo Testamento y contiene enseñanzas y narrativas que difieren de los evangelios canónicos.
Evangelio de Judas: Este texto fue descubierto en el siglo XX y presenta una narrativa donde Judas Iscariote es retratado de manera diferente a como se presenta en los evangelios canónicos. En lugar de ser visto como un traidor, en este evangelio se le considera un discípulo especial de Jesús. Fue considerado apócrifo debido a su fecha tardía de composición y a su contenido heterodoxo.
Evangelio de María Magdalena: Este evangelio es otro texto descubierto en Nag Hammadi. Presenta una perspectiva centrada en María Magdalena y contiene conversaciones entre Jesús y sus discípulos. Fue considerado apócrifo porque no fue incluido en el canon y presenta una visión diferente de la relación entre María Magdalena y Jesús en comparación con los evangelios canónicos.
Evangelio de Felipe: Al igual que otros evangelios apócrifos, el Evangelio de Felipe no fue incluido en el canon del Nuevo Testamento debido a su fecha de composición incierta y a su contenido que presenta ideas y enseñanzas distintas a las de los evangelios canónicos. Contiene enseñanzas gnósticas y místico-esotéricas.
Libro de Enoc: Este libro es atribuido al patriarca bíblico Enoc y contiene relatos apocalípticos y visiones celestiales. Aunque es citado en el Nuevo Testamento (Judas 1:14-15), no fue incluido en el canon bíblico judío ni cristiano debido a su autoría incierta y su contenido considerado demasiado especulativo y místico.
Libro de Jubileos: Es un texto que narra la historia del mundo desde la creación hasta la entrega de la Ley a Moisés en el monte Sinaí. Fue considerado apócrifo porque no se encuentra en el canon de las Escrituras hebreas o del Nuevo Testamento y presenta una narrativa alternativa a los libros canónicos.
Sabiduría de Salomón: Este libro es parte de los libros deuterocanónicos en la Biblia católica, pero no es considerado canónico por todas las ramas del judaísmo o del cristianismo. Fue considerado apócrifo porque no se atribuye directamente a Salomón y su fecha y autoría son inciertas.
Eclesiástico: Al igual que la Sabiduría de Salomón, este libro es parte de los deuterocanónicos en la Biblia católica, pero no es aceptado por todas las ramas del judaísmo o del cristianismo. Se considera apócrifo principalmente porque no se atribuye directamente a Salomón y porque su autoría y fecha son inciertas.
1 y 2 de Esdras: Estos libros se consideran apócrifos en muchas tradiciones cristianas porque no fueron incluidos en el canon hebreo o en la mayoría de las Biblias protestantes. Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Iglesia Católica Ortodoxa los incluyen en sus cánones.
3 y 4 de Macabeos: Estos libros, al igual que 1 y 2 de Esdras, se consideran apócrifos en muchas tradiciones cristianas debido a su exclusión del canon hebreo y de la mayoría de las Biblias protestantes. Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Iglesia Católica Ortodoxa los consideran canónicos en sus respectivas tradiciones.
La decisión sobre qué libros fueron considerados canónicos y cuáles apócrifos fue un proceso largo y complejo que involucró a varias autoridades religiosas y comunidades a lo largo de la historia. No hay un solo personaje o religión que pueda atribuirse exclusivamente a esta determinación, ya que diferentes ramas del judaísmo y del cristianismo tuvieron sus propios criterios y procesos para establecer el canon de sus escrituras sagradas.
En el caso del judaísmo, el canon hebreo, que es la colección de textos considerados sagrados, fue formalizado en diferentes etapas a lo largo de los siglos, con la Torá (los cinco primeros libros de la Biblia hebrea) como núcleo central. Las autoridades religiosas judías, como los escribas y los rabinos, jugaron un papel fundamental en la determinación de qué textos eran considerados canónicos y cuáles eran excluidos. Sin embargo, no hay un solo concilio o figura que pueda atribuirse exclusivamente a esta decisión.
En el cristianismo, el proceso fue similar pero más complejo. Desde los primeros siglos de la era cristiana, hubo debates y discusiones sobre qué textos debían considerarse parte del Nuevo Testamento, además del Antiguo Testamento compartido con el judaísmo. Se llevaron a cabo concilios y debates entre líderes cristianos para establecer el canon del Nuevo Testamento, como el Concilio de Nicea en el año 325 d.C. y el Concilio de Cartago en el 397 d.C.
Las autoridades eclesiásticas, como obispos, teólogos y padres de la Iglesia, tuvieron un papel crucial en la determinación del canon cristiano. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que diferentes ramas del cristianismo, como la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y las denominaciones protestantes, tienen diferentes cánones bíblicos, con algunas variaciones en los libros aceptados como canónicos.
¿Pero qué es el Canon? El término «canon» se refiere a la colección de textos considerados sagrados y autorizados dentro de una tradición religiosa específica. En el contexto del cristianismo y del judaísmo, el canon se refiere a la lista de libros que se consideran inspirados por Dios y, por lo tanto, tienen autoridad religiosa y se utilizan como base para la enseñanza y la práctica de la fe.
La historia del canon bíblico es un proceso complejo que abarca varios siglos y está marcado por debates, discusiones y decisiones de autoridad religiosa. Aquí hay un resumen de los principales puntos de esta historia:
Canon del Antiguo Testamento: El canon del Antiguo Testamento se formó gradualmente a lo largo de siglos en la historia judía. Los primeros libros del Antiguo Testamento son los mismos que los del Tanaj judío, aunque su orden puede variar. Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo y arameo, y la colección se cerró aproximadamente en el siglo II a.C.
Canon del Nuevo Testamento: El canon del Nuevo Testamento se formó en los primeros siglos del cristianismo. Se considera que el proceso comenzó con las enseñanzas de Jesús y los escritos de los primeros discípulos y apóstoles. Los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en griego y se compilaron gradualmente en una colección que se consideraba autorizada y sagrada.
Discusiones y debates: Durante los primeros siglos del cristianismo, hubo discusiones y debates sobre qué escritos debían ser considerados sagrados y formar parte del canon del Nuevo Testamento. Los criterios para la inclusión en el canon incluían la apostolicidad (si un libro había sido escrito por un apóstol o asociado cercano), la ortodoxia (si el contenido del libro estaba en línea con la doctrina cristiana) y el uso generalizado en la adoración y la enseñanza cristiana.
Decisiones conciliares: A lo largo del tiempo, se llevaron a cabo varios concilios y sínodos para discutir y decidir sobre el canon del Nuevo Testamento. El Concilio de Nicea en 325 d.C. y el Concilio de Cartago en 397 d.C. son dos de los concilios más importantes en los que se ratificó la lista de libros canónicos del Nuevo Testamento que se encuentra en la Biblia cristiana moderna.
En cuanto a los personajes más importantes en la formación del canon bíblico, hay varios que desempeñaron roles significativos:
Los líderes y teólogos cristianos de los primeros siglos, conocidos como padres de la Iglesia, contribuyeron con su autoridad y enseñanza a la formación del canon bíblico. Figuras como San Agustín, Orígenes de Alejandría y San Jerónimo jugaron un papel importante en la interpretación y promoción de los libros canónicos.
En el próximo blog hablaremos de cómo se dividió la Biblia católica de la Biblia de los protestantes, qué influenció esta división y quiénes fueron los nuevos autores de las versiones de la Biblia. Recordemos las palabras del profeta Jeremías: «¿Cómo se atreven a decir: ‘Somos sabios; la Ley del SEÑOR nos apoya’, si la pluma engañosa de los escribas la ha falsificado?»
Shalom.

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