Hoy hablaremos de un lado oscuro que tuvo el mayor profeta considerado por los judíos, Moisés, el gran libertador. Es una historia que casi nadie cuenta, un lado oscuro que lo llevó a no entrar en la tierra prometida. En pocos días, está por iniciar una celebración en Israel llamada Pesaj, donde se conmemora esa redención que hizo el Santo de Israel para rescatar al pueblo hebreo de la mano de Moisés y Aarón. Se cuenta cada año cómo fueron liberados, pero en esta ocasión te contaré este lado oscuro que Moisés nunca pudo controlar. Así que acomódate para adentrarnos en esta fascinante historia que nos dejará un gran aprendizaje para nuestras vidas.
Moisés es considerado una figura muy importante y venerada por los judíos. En la tradición judía, Moisés es reconocido como el líder que guió al pueblo de Israel fuera de la esclavitud en Egipto hacia la libertad, y recibió las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí, donde Dios le entregó los Diez Mandamientos. Moisés es visto como el profeta más grande de Israel y como el principal intermediario entre Dios y el pueblo judío en la entrega de la Torá, la ley y las enseñanzas divinas. Su historia y sus enseñanzas están en el corazón del judaísmo y son una parte fundamental de su identidad religiosa y cultural.
A pesar de que Moisés fue considerado como un libertador, la Biblia nos muestra un lado oscuro que lidiaba Moisés día a día, y esto fue la ira de Moisés. En la historia, vemos que nunca pudo controlarla, y es algo que nos pasa a nosotros a menudo: actuamos por impulso, controlados por la ira, llevándonos a malos resultados.
El primer acto de ira lo vemos en el libro de Éxodo 2, versículos 11 y 12, que dice: «En aquellos días, crecido ya Moisés, salió a donde sus hermanos y vio sus duros trabajos. Vio a un egipcio golpeando a un hebreo, a uno de sus hermanos. Entonces miró alrededor y, cuando vio que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena«.
Quizás muchos podrían ver esto como el inicio de los planes de Dios para liberar a su pueblo, pero en realidad, Moisés actuó con ira al ver que maltrataban a uno de los suyos. El libro de Santiago 1:19-20 dice: «Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; porque la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere«.
Quizás no era justo lo que hacían los egipcios con el pueblo hebreo, pero Moisés actuó de una forma diferente de lo que nos plantea el libro de Santiago, y esto hizo que Moisés huyera de Egipto para después tener un encuentro cercano con Dios.
Leamos Éxodo 31:18, que dice: «Cuando el Señor terminó de hablar con Moisés sobre el monte Sinaí, le dio las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios«. En este versículo vemos algo importante e invaluable: Dios le da dos tablas del testimonio escritas por el dedo de Dios para que fueran mostradas a los israelitas. Pero si conocemos la historia, en ese momento los israelitas pensaron que Moisés había muerto en la montaña, por lo cual hicieron un ídolo, un becerro de oro. Al saber esto, Dios manda a que vaya Moisés a poner orden por el gran pecado que estaban cometiendo. Y esto lo vemos en Éxodo 32:7-8, que dice: «Entonces el Señor habló a Moisés: ‘Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. Bien pronto se han desviado del camino que Yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto«.
Vemos que Dios solo da una instrucción a Moisés: que descienda rápido para calmar lo que el pueblo de Israel estaba haciendo. Leamos Éxodo 32:15-16, que dice: «Entonces se volvió Moisés y descendió del monte con las dos tablas del testimonio en su mano, tablas escritas por ambos lados. Por uno y por el otro estaban escritas. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas«. Nuevamente vemos que Moisés tenía una de las piezas más importantes e invaluables en sus manos: un gran testimonio de la obra de Dios. Pero en los siguientes versículos veremos cómo nuevamente la ira ciega a Moisés y destruye esta pieza invaluable. Leamos Éxodo 32:19-20: «Tan pronto como Moisés se acercó al campamento, vio el becerro y las danzas. Se encendió la ira de Moisés, arrojó las tablas de sus manos, y las hizo pedazos al pie del monte. Y tomando el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo y lo esparció sobre el agua, e hizo que los israelitas la bebieran«.
Aquí muchos podrán decir que Moisés hizo bien al interceder por el pueblo porque Dios estaba por destruirlos, pero Moisés fue su abogado y lo menos que pudo haber hecho fue reprender al pueblo. Pero vemos que su ira hizo cometer un gran acto que, a mi parecer, probablemente en su momento nubloso no se dio cuenta de lo que estaba rompiendo. No era cualquier cosa, es una obra que pudo haber sido uno de los grandes testimonios que pudiera conservar el pueblo de Israel: las tablas escritas por el mismo Santo de Israel.
Ahora vemos que Dios le pide a Moisés que cree dos tablas donde ahora Moisés escribiría los pactos y los diez mandamientos. Ya no sería Dios, sino el mismo Moisés. Y esto lo vemos en Éxodo 34:1-2, que dice: «El Señor dijo a Moisés: ‘Lábrate dos tablas de piedra como las anteriores, y Yo escribiré sobre las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que tú quebraste. Prepárate, pues, para la mañana, y sube temprano al monte Sinaí, y allí preséntate a Mí en la cumbre del monte‘».
Quizás este versículo esté confuso porque dice que Dios iba a escribir nuevamente los mandamientos, pero esta traducción es incorrecta. Si nos vamos a los textos hebreos, veremos que la traducción original diría: «Y dijo Yahweh a Moisés: ‘Talla para ti dos tablas de piedra como la primera y escribe sobre las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste‘». https://www.logosklogos.com/interlinear/AT/Ex/34/1
Y si nos vamos a Éxodo 34:27-28, veremos que en realidad Moisés escribió todo lo ordenado por Dios. Dice así: «Entonces el Señor dijo a Moisés: ‘Escribe estas palabras. Porque conforme a estas palabras he hecho un pacto contigo y con Israel’. Y Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches. No comió pan ni bebió agua. Y escribió en las tablas las palabras del pacto, los Diez Mandamientos«.
Todo por la ira de Moisés no quedó un precedente donde el pueblo pudiera admirar y ver la grandeza de Dios plasmada en dos piedras. Y por último, veremos el tercer acto de ira que ocasionó el castigo de no poder entrar en la tierra prometida.
Para esto tenemos que irnos al libro de Números 20, donde el pueblo de Israel se revela contra Moisés y Aarón por falta de agua. La congregación de Israel empieza a lamentarse y piden mejor regresar a Egipto. Pero vemos que nuevamente Dios intercede por su pueblo y manda a llamar a Moisés y Aarón para darles instrucciones de cómo conseguir agua. Leamos Números 20:7-12, que dice: «Y el Señor habló a Moisés: ‘Toma la vara y reúne a la congregación, tú y tu hermano Aarón, y hablen a la peña a la vista de ellos, para que la peña dé su agua. Así sacarás para ellos agua de la peña, y beban la congregación y sus animales’. Tomó Moisés la vara de la presencia del Señor, tal como Él se lo había ordenado; y Moisés y Aarón reunieron al pueblo ante la peña. Y él les dijo: ‘Oigan, ahora, rebeldes. ¿Sacaremos agua de esta peña para ustedes?’. Entonces Moisés levantó su mano y golpeó la peña dos veces con su vara, y brotó agua en abundancia, y bebió el pueblo y sus animales. Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: ‘Porque ustedes no me creyeron a fin de tratarme como santo ante los ojos de los israelitas, por tanto no conducirán a este pueblo a la tierra que les he dado‘».
Vemos nuevamente la ira de Moisés. Dios le había dado una sola instrucción: hablarle a la peña para que brotara agua. Pero al ver al pueblo murmurando nuevamente con ira, golpea la peña dos veces. Esto ocasionó que Moisés y Aarón no entraran a la tierra prometida. Quizás muchos pensarán que esto fue injusto para ambos al llevar una carga grande.
Pero esta historia nos deja una gran enseñanza: la ira nos puede hacer perder lo más importante que tengamos. Podemos perder a un ser querido, a nuestras parejas, a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros amigos, y lo más importante, a Dios. La ira es un sentimiento que quizás es difícil de controlar, pero el mismo Santiago nos dio una introducción simple para evitar esto: «Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; porque la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere«.
Este es el lado oscuro que quizás Moisés no pudo controlar. Es un gran ejemplo de que quizás podemos hacer lo más agradable al Señor, pero si no logramos controlar la ira, podemos perder lo más preciado.
Shalom.

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