Caín y Abel: El Enigma del Primer Asesinato

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¿Alguna vez te has preguntado por qué Caín odiaba a su hermano Abel? ¿Qué fue lo que motivó a Caín a actuar en contra de su hermano? La Biblia solo detalla las ofrendas de Caín y Abel, y debido a que la ofrenda de Abel sí fue agradable para Dios y no la de Caín, esto hizo enojar a Caín a tal grado que acabó con la vida de su hermano. Pero leyendo el libro apócrifo del primer libro de Adán y Eva, nos muestra una narrativa que podría explicar por qué Caín tomó tal acción en contra de su hermano. Quédate en este nuevo podcast donde hablaremos sobre la historia nunca contada de Caín y Abel.

Leamos

Primer Libro de Adán y Eva – Capítulo 73

Cuando llegó el momento, Eva tuvo muchos dolores de parto. Adán, al ver su sufrimiento, se preocupó muchísimo y le pidió ayuda a Dios: «Oh Señor, por favor, mira a Eva con tus ojos de misericordia y ayúdala a salir de su angustia».

Dios escuchó la oración de Adán y ayudó a Eva, quien finalmente dio a luz a dos hermosos bebés: un niño y una niña.

El niño recibió el nombre de Caín, que significa «odiador». Incluso antes de nacer, Caín ya había mostrado señales de celos y enojo hacia su hermana mientras estaban en el vientre de su madre. La niña, por otro lado, fue llamada Luluwa, que significa «hermosa», porque era increíblemente bonita, incluso más que su madre.

Primer Libro de Adán y Eva – Capítulo 75

Después de esos días, Eva concibió nuevamente, y cuando se cumplieron sus días, dio a luz a otro hijo y una hija. El hijo fue llamado Abel, y la hija, Aclia.

Después del nacimiento de Abel y Aclia, Eva dejó de tener hijos.

Primer Libro de Adán y Eva – Capítulo 76

Adán y Eva con sus hijos, Caín, Luluwa, Abel y Aclia. Los niños comenzaron a crecer fuertes y altos, pero a medida que crecían, también lo hacían sus diferencias. Caín tenía un corazón duro y dominaba a su hermano menor, Abel.

Cada vez que su padre hacía una ofrenda a Dios, Abel obedecía y acompañaba a sus padres con un corazón manso y devoto. En cambio, Caín a menudo se quedaba atrás y no participaba en las ofrendas.

Una noche, mientras Abel oraba, Satanás se le apareció bajo la figura de un hombre y le dijo: «Muchas veces has incitado a tu padre a hacer ofrendas, a ayunar y a orar. Por eso te mataré y te haré perecer de este mundo». Abel, sin embargo, oró a Dios y logró ahuyentar a Satanás, sin creer en sus palabras.

Mientras tanto, Satanás no se había rendido. Esa misma noche, se apareció a Caín y le susurró al oído: «Adán y Eva aman a tu hermano Abel más de lo que te aman a ti. Quieren casarlo con tu hermosa hermana Luluwa, mientras que a ti te quieren casar con Aclia, porque te odian. Te aconsejo que mates a tu hermano Abel; entonces, tu hermana te quedará y la hermana de Abel será desechada».

Satanás se apartó de Caín, pero sus palabras sembraron el mal en su corazón. Desde entonces, Caín buscó muchas veces la oportunidad para matar a su hermano, lleno de celos y resentimiento.

Primer Libro de Adán y Eva – Capítulo 78

Cuando Caín tenía 15 años y Abel 12, Adán y Eva comenzaron a pensar en el futuro de sus hijos. Adán le dijo a Eva: «Nuestros hijos han crecido; debemos pensar en encontrarles esposas». Eva, preocupada, preguntó: «¿Cómo podemos hacerlo?». Adán sugirió: «Uniremos a la hermana de Abel con Caín, y a la hermana de Caín con Abel».

Eva no estaba de acuerdo: «No me gusta Caín porque es duro de corazón; mejor esperemos hasta que ofrezcamos al Señor por ellos». Adán, triste, no dijo más.

Mientras tanto, Satanás, siempre buscando sembrar discordia, se apareció a Caín bajo la figura de un hombre del campo. Le dijo: «Adán y Eva han decidido casar a la hermana de Abel contigo, y a tu hermana con él. Pero si sigues mi consejo, te traeré hermosos vestidos, oro y plata, y mis parientes te atenderán en tu boda». Caín, intrigado, preguntó: «¿Dónde están tus parientes?». Satanás respondió: «Mis parientes están en un jardín en el norte, donde una vez quise llevar a tu padre Adán; pero no aceptó mi oferta. Si me escuchas, descansarás de la miseria en la que te encuentras y serás mejor que tu padre».

Caín escuchó las palabras de Satanás y su corazón se llenó de oscuridad. No se quedó en el campo, sino que fue donde Eva, su madre, la golpeó y la maldijo, gritando: «¿Por qué vas a casar a mi hermana con mi hermano? ¡Estoy muerto!». Eva, asustada, trató de calmarlo y lo envió de regreso al campo.

Cuando Adán llegó y Eva le contó lo sucedido, Adán se entristeció y guardó silencio. Al día siguiente, Adán le dijo a Caín: «Toma de tus ovejas, jóvenes y buenas, y ofrécelas a tu Dios; hablaré con tu hermano para que haga una ofrenda de trigo». Ambos hijos escucharon a su padre y tomaron sus ofrendas al altar.

Abel, con un corazón humilde, ofreció su ofrenda sobre un altar de piedras que había levantado cerca del altar principal. Dios aceptó la ofrenda de Abel con un fuego divino, complacido por su amor y pureza. Un ángel de luz apareció y consoló a Abel.

Caín, lleno de orgullo y resentimiento, ofreció una ofrenda pequeña y de mala calidad. Dios no aceptó su ofrenda, y Caín, enojado, blasfemó contra Dios. Dios le dijo: «¿Por qué estás triste? Sé justo para que pueda aceptar tu ofrenda». Pero Caín, con el corazón lleno de odio, descendió del altar, cambió de color y fue a contarle a sus padres lo que había sucedido. Adán y Eva se entristecieron profundamente.

Abel, en cambio, descendió gozoso y contó a sus padres cómo Dios había aceptado su ofrenda. Ellos se alegraron y besaron su rostro.

Caín, malhumorado y enojado, se dirigió al campo. Satanás volvió a tentarlo: «Tu hermano Abel se ha refugiado en tu padre Adán, y lo aman más que a ti». Estas palabras llenaron de ira a Caín, quien comenzó a planear el asesinato de su hermano.

Un día, Caín se acercó a Abel y le dijo: «Hermano, el campo es hermoso, con árboles encantadores. Nunca has pasado un día en el campo para disfrutarlo. Hoy, ven conmigo al campo para bendecir nuestros campos y rebaños, porque eres justo y te amo mucho». Abel, inocente, accedió.

Antes de salir, Caín le dijo: «Espérame hasta que traiga un bastón por si encontramos fieras». Abel esperó mientras Caín buscaba un bastón. Luego, los dos hermanos comenzaron a caminar juntos. Caín hablaba amablemente, tratando de consolar a Abel y hacerle olvidar todo lo sucedido.

Primer Libro de Adán y Eva – Capítulo 79

Caín y Abel continuaron su camino hasta llegar a un lugar desierto, sin ovejas ni vegetación. Abel, confundido, dijo: «Hermano, estamos cansados de caminar y no vemos las cosas que me prometiste. ¿Dónde están las ovejas que dijiste que bendeciríamos?». Caín respondió: «Sigue adelante, pronto verás muchas cosas hermosas». Abel avanzó, mientras Caín se quedó atrás, consolándolo con palabras amables pero con un siniestro plan en mente.

Cuando Abel se adelantó, Caín se apresuró y lo golpeó repetidamente con un bastón, dejándolo aturdido. Abel, al caer al suelo y darse cuenta de las intenciones de su hermano, le suplicó: «Hermano, ten piedad de mí. Por los pechos que nos alimentaron y el vientre que nos dio a luz, no me mates con ese báculo. Si quieres matarme, usa una de estas piedras grandes». Sin embargo, Caín, sin compasión, tomó una gran piedra y golpeó a Abel en la cabeza hasta matarlo, derramando su sangre inocente sobre la tierra.

La tierra tembló al recibir la sangre de Abel y rechazó el cuerpo, vomitándolo cada vez que Caín intentó enterrarlo. Tres veces la tierra lo rechazó, simbolizando su justicia y la injusticia de su asesinato. Finalmente, Dios habló a Caín desde el cielo, preguntándole: «¿Dónde está tu hermano Abel?». Caín respondió con orgullo y arrogancia: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?».

Dios, furioso, dijo: «Maldita es la tierra que ha bebido la sangre de tu hermano; tú estarás temblando y estremecido. Esta será la señal de que cualquiera que te encuentre, te matará». Caín, asustado, suplicó a Dios, temiendo por su vida. Dios, en su misericordia, le prometió que no permitiría que lo mataran, pero impuso siete castigos para quien lo hiciera.

Dios dio a Caín una oportunidad de arrepentimiento, esperando que admitiera su culpa y buscara perdón. Sin embargo, Caín, en su orgullo, no lo hizo. Dios maldijo la tierra y no a Caín directamente, en un intento de guiarlo hacia el arrepentimiento. La tierra temblaba y Caín se estremecía, señal de su culpa y del terror que lo perseguiría el resto de su vida.

Caín regresó con Adán y Eva, temblando, aterrorizado y manchado de sangre, incapaz de encontrar paz en ningún lugar. La armonía de la primera familia estaba destrozada, y el mundo conoció el primer asesinato, marcado por los celos y el odio de un hermano hacia otro.

Hasta aquí termina el libro apócrifo de Adán y Eva. ¿Será verdad o será mentira? ¿Qué opinas de esta historia jamás contada?

Shalom.

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