Bereshit 1:30
Y también para todo animal de la tierra, toda ave del cielo y todo lo que se arrastra sobre la tierra, que hay en el alma viviente, toda verdura y hierba para comer, y fue así.
En el estado original de la creación, el ser humano no comía carne, los animales tampoco se devoraban entre sí y toda forma de vida se sostenía de la vegetación.
Esto revela un mundo sin derramamiento de sangre, sin depredación y sin muerte violenta.
Un mundo edénico sin violencia
La base bíblica complementaria refuerza esta idea.
Isaías 11:6–9 describe un futuro restaurado donde el lobo y el cordero conviven, reflejando el modelo edénico original.
Romanos 8:20–22 habla de una creación que fue “sujetada a corrupción” después.
La conclusión es clara: la dieta vegetal no era una restricción, sino una condición de perfección.
La caída: la tierra es maldecida
En Bereshit / Génesis 3:17 leemos:
“Maldita será la tierra por tu causa…”
Aquí ocurre algo crucial. La maldición no recae directamente sobre Adán, sino sobre la tierra.
Todo lo que depende de la tierra queda afectado: plantas, frutos, ecosistemas y, por consecuencia, animales.
Surge una pregunta profunda:
¿Pudo la corrupción de la tierra afectar también la naturaleza de los animales?
Esto no se afirma explícitamente, pero los sabios sugieren que, si la tierra fue alterada, entonces lo que se nutre de ella también pudo alterarse.
Como base indirecta, Oseas 4:1–3 declara:
“La tierra está de duelo… aun las bestias del campo y las aves del cielo desfallecen”,
y Jeremías 12:4 muestra animales afectados por el pecado humano.
No es una doctrina, pero sí una línea de reflexión bíblica válida.
El aumento de la corrupción: sangre derramada
En Bereshit / Génesis 4:11 leemos:
“Ahora pues, maldito seas tú más que la tierra, que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano…”
Aquí sucede algo nuevo: la tierra absorbe sangre humana.
La corrupción ya no es solo pasiva, sino activada por la violencia. La creación ya no solo está dañada; está contaminada por sangre.
Números 35:33 lo afirma claramente:
“La sangre contamina la tierra…”
El primer permiso para comer carne
Hashem no permite comer animales en Edén, ni tampoco inmediatamente después de la caída.
El permiso aparece hasta después del Diluvio.
En Bereshit / Génesis 9:3 leemos:
“Todo lo que se mueve y vive os será para alimento…”
Pero con una restricción inmediata:
“Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (9:4).
¿Por qué aquí sí?
El mundo post-diluvio estaba devastado, la vegetación tardaría en restaurarse y el permiso es una concesión, no un ideal.
¿Por qué Moisés recibe restricciones?
En Vayikrá / Levítico 11, Hashem clasifica animales puros e impuros, y la Torá da la razón.
Levítico 11:44–45 declara:
“Porque Yo soy el Eterno vuestro Dios; por tanto, santificaos…”
No dice “porque están enfermos” ni “porque son venenosos”, sino:
“porque Yo soy santo”.
Las leyes dietéticas no se basan solo en biología; se basan en santidad, separación y obediencia.
Deuteronomio 14:21 lo reafirma:
“Porque tú eres pueblo santo…”
Entonces, ¿por qué Adán sí y Moisés no?
La secuencia bíblica es clara:
- Edén: creación perfecta, alimentación vegetal
- Después de la caída: tierra maldecida, dieta vegetal
- Después del Diluvio: permiso para comer carne
- Con la Torá: carne permitida con restricciones
La Torá no revierte Edén; regula una humanidad caída.
Hashem no cambia.
Lo que cambia es el estado de la creación, la condición humana y el propósito pedagógico de la ley.
Salmo 19:7 declara:
“La Torá del Eterno es perfecta, que restaura el alma.”
Las restricciones alimenticias no son castigo, sino herramientas de conciencia, dominio y santidad.
El problema nunca fue el animal; el problema fue la corrupción que entró en la creación.
La Torá no nos llama solo a comer distinto con la boca, sino a vivir distinto con el alma.
Porque antes de cambiar el plato, Hashem quiere restaurar el corazón.
Shalom

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