Bereshit 3:1-3
La serpiente era la más astuta de todos los animales que había hecho El Eterno, Dios. Entonces dijo a la mujer:
“¿Acaso dijo Dios: no comerán de todos los árboles del jardín?”
Entonces dijo la mujer a la serpiente:
“Del fruto de los árboles del jardín comeremos, pero del fruto del árbol que está en medio del jardín dijo Dios: no comerán de él ni lo tocarán”.
La astucia de la serpiente: cuando el pecado inicia con una distorsión
La Torá nos dice que la serpiente era arum (עָרוּם), palabra hebrea que significa astuto, sagaz, calculador.
No dice violento ni rebelde, sino inteligente para manipular.
La primera estrategia de la serpiente no fue negar a Dios, sino distorsionar Sus palabras:
“¿Acaso dijo Dios: no comerán de todos los árboles del jardín?”
Aquí la serpiente añade algo falso. Dios nunca prohibió todos los árboles, solo uno.
El pecado casi siempre empieza así: añadiendo exageración, duda o una injusticia aparente en Dios.
La respuesta de Eva: verdad mezclada con una adición peligrosa
Eva responde correctamente en parte:
“Del fruto de los árboles del jardín comeremos…”
Pero luego añade algo que Dios no dijo:
“ni lo tocarán”.
La Escritura solo registra que Dios dijo:
“No comerás” (Bereshit 2:17).
Nunca se menciona “no lo tocarás”.
Esto es clave: cuando el ser humano agrega cercos humanos a un mandamiento divino, corre un riesgo grave.
Si el cerco cae, parece que el mandamiento también cae.
El momento decisivo: tocar sin morir
En Bereshit 3:4-6 ocurre algo silencioso pero determinante.
La serpiente contradice:
“No morirán”.
Eva toca el fruto y no muere.
En ese instante ocurre una ruptura interna:
“Si tocar no mata… tal vez comer tampoco. Tal vez Dios exageró”.
El pecado no comenzó al comer, sino al tocar sin consecuencia inmediata.
La teoría del tacto: una verdad espiritual profunda
Cuando una persona toca, se activa cercanía, familiaridad, reducción del temor y una sensación falsa de pertenencia.
Por eso en las ventas se permite tocar el objeto:
el tacto rompe la distancia emocional.
En el plano espiritual, la serpiente hizo exactamente eso.
No llevó a Eva a comer de inmediato; primero la llevó a tocar.
El tacto eliminó el miedo.
El miedo eliminado abrió la puerta al deseo.
El deseo condujo a la acción.
Lo prohibido, cuando se toca, deja de parecer peligroso.
Una lección eterna
Lo que tocas, termina poseyéndote.
La Torá enseña que el pecado rara vez comienza con una acción extrema.
Comienza con un pequeño permiso interno:
- Mirar
- Acercarse
- Tocar
- Justificar
- Racionalizar
- Tomar
Eva comió porque primero tocó sin temor.
Dios no prohíbe por capricho
Cuando Dios dice “no comas”, también está diciendo:
“no te acerques, no juegues, no experimentes”.
Hay cosas que no te destruyen al tocarlas, pero te preparan para caer al probarlas.
La pregunta no es solo qué estás comiendo.
La pregunta más profunda es:
¿qué estás tocando últimamente?
Porque muchas caídas no comenzaron con rebeldía,
sino con una mano extendida que pensó: “No pasa nada”.
Shalom

Deja un comentario