La mirada de Lot y Abraham: lecciones de elección

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Bereshit (Génesis) 13:10
Entonces alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Yardén (Jordán), que toda ella estaba regada. Antes de que destruya el Eterno a Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra), era como el jardín del Eterno, como la tierra de Egipto, yendo hacia Tsóar (Zoar).

La Torá describe la elección de Lot con una sola acción: ver.
No se menciona consulta, oración ni palabra divina. Solo ojos.

Este versículo es breve, pero establece un principio que atraviesa toda la Torá: la forma en que una persona mira determina la forma en que camina.


“Era como el jardín del Eterno”: la belleza antes de la ruina

La comparación con el jardín del Eterno conecta este pasaje con Gan Edén (Jardín del Edén), el primer lugar donde la humanidad tuvo que decidir frente a algo deseable.

Bereshit (Génesis) 3:6
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos…

El paralelismo es intencional.
En ambos casos, la Torá enfatiza la vista antes de la caída.

📌 El problema no es la belleza, sino permitir que la belleza sustituya al discernimiento.


Midrash: el verbo “ver” como advertencia

El Midrash Bereshit Rabbá observa que cuando la Torá enfatiza la visión sin mención de Hashem (El Eterno), suele anunciar una decisión peligrosa.

Mishlé (Proverbios) 14:12
Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte.

Lot ve un camino “correcto”: fértil, productivo, cómodo.
La Torá, sin embargo, ya advierte al lector que ese camino termina cerca de Sedom (Sodoma).

📌 El lector sabe lo que Lot no quiso ver.


El silencio de Lot y la voz de Avraham

Antes de la elección, Avraham propone separación para evitar conflicto.

Bereshit (Génesis) 13:8
No haya ahora altercado entre nosotros…

Avraham actúa por shalom (paz), no por conveniencia.
Lot responde con elección, no con palabras.

Aquí se marca una diferencia fundamental:
uno busca paz; el otro busca ventaja.


Talmud: la mirada que arrastra al corazón

El Talmud enseña un principio clave sobre la vista:

Talmud, Sotah 8a
“El ojo ve, el corazón desea, y el cuerpo ejecuta.”

Esta enseñanza no es abstracta; explica exactamente el proceso de Lot.
El ojo ve la llanura.
El corazón desea prosperidad.
El cuerpo se mueve hacia Sedom (Sodoma).

📌 La Torá no narra el proceso psicológico; el Talmud lo revela.


“Como la tierra de Egipto”: prosperidad sin libertad

La Torá agrega otro detalle inquietante:
la llanura era “como la tierra de Egipto”.

Egipto en la Torá no es solo un lugar fértil; es el símbolo de abundancia que esclaviza.

Devarim (Deuteronomio) 11:10
Porque la tierra a la cual entras… no es como la tierra de Egipto, donde sembrabas tu semilla y regabas con tu pie…

📌 Egipto representa autosuficiencia sin dependencia del Eterno.

Lot elige un lugar que se parece a Egipto antes de haber salido realmente de Egipto en su corazón.


El contraste final: ver por cuenta propia vs. ver por mandato

Después de que Lot se aparta, la Torá cambia el lenguaje.

Bereshit (Génesis) 13:14
Y el Eterno dijo a Avram: Alza ahora tus ojos…

Aquí la mirada ya no nace del deseo, sino de la palabra divina.

El Midrash señala que Avraham ve más, pero desea menos.
Lot ve menos, pero lo desea todo.

📌 La visión guiada por Hashem (El Eterno) amplía el futuro.
📌 La visión guiada por uno mismo reduce el camino.


Talmud: riqueza que acompaña y riqueza que separa

El Talmud distingue entre dos tipos de prosperidad:

Talmud, Pesajim 119a
“La bendición que viene con la Torá permanece; la que viene sola se dispersa.”

Lot elige una prosperidad que no camina con Torá.
Avraham recibe una promesa que camina con pacto.


Enseñanza central de la parashá

Este pasaje no trata de tierras ni de economía.
Trata de autoridad espiritual.

Lot confía en su vista.
Avraham confía en la voz.

Uno se acerca a Sedom (Sodoma).
El otro hereda la tierra.


Cierre de estudio

La Torá no condena mirar, pero sí mirar sin escuchar.
No condena elegir, pero sí elegir sin Hashem (El Eterno).

Lot alzó sus ojos.
Avraham escuchó y luego miró.

Y la Torá enseña que el orden entre oír y ver define el destino del hombre.

Shalom

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