El Rescate Nocturno: Abram derrota a los Reyes para Salvar a su Sobrino

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Bereshit (Génesis) 14:1–2 — La guerra de los reyes y la fuerza del pacto

Bereshit (Génesis) 14:1–2
Sucedió en los días de Amrafel, rey de Shinar, Ariój, rey de Elasar, Kedorlaómer, rey de Elam, y Tidal, rey de Goim, que ellos hicieron guerra contra Berá, rey de Sedom (Sodoma); Birshá, rey de Amorá (Gomorra); Shinav, rey de Admá; Sheméver, rey de Tseboím; y el rey de Bela, la cual es Tsoar (Zoar).

Este pasaje introduce uno de los relatos más antiguos de guerra internacional registrados en la Torá.
No es un conflicto local ni tribal: es una guerra entre coaliciones de reyes, con sistemas de vasallaje, tributo y rebelión.

Durante doce años, cinco reyes —entre ellos los de Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra)— sirvieron como vasallos a Kedorlaómer, rey de Elam.
En el año trece, se rebelaron.

Bereshit (Génesis) 14:4
Doce años habían servido a Kedorlaómer, y en el decimotercer año se rebelaron.

Históricamente, esto refleja un patrón común del antiguo Cercano Oriente: reinos menores que dependían de potencias regionales, hasta que intentaban romper el yugo.

La Torá no presenta esta rebelión como heroica.
La presenta como mal calculada.


La derrota de cinco reyes

Bereshit (Génesis) 14:8–9
Entonces salieron el rey de Sedom, el rey de Amorá, el rey de Admá, el rey de Tseboím y el rey de Bela… y ordenaron batalla contra ellos en el valle de Sidim.

Cinco reyes con sus ejércitos salen al encuentro de cuatro.
Desde una lógica militar, parecería una ventaja.

Pero el resultado es opuesto.

Bereshit (Génesis) 14:10–11
Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto… y huyeron… y tomaron todos los bienes de Sedom y de Amorá…

La derrota es total.
No solo pierden la guerra; pierden sus recursos, su estabilidad y su gente.

Entre los cautivos hay un nombre clave.


Lot cae por segunda vez

Bereshit (Génesis) 14:12
Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sedom, y su hacienda, y se fueron.

Lot ya no está “cerca” de Sedom.
Ahora vive en Sedom.

La Torá muestra aquí la consecuencia directa de su elección anterior.
El lugar que parecía Edén se convierte en trampa.

Lot no es capturado por casualidad.
Es capturado por pertenecer.


El momento decisivo: Abram entra en la historia

Bereshit (Génesis) 14:13
Y vino uno de los que escaparon y lo dio a saber a Abram el hebreo…

Este es el primer momento en que Abram aparece involucrado en un conflicto militar.
Hasta ahora, su camino ha sido espiritual, migratorio, pastoral.

Pero cuando la vida de su sobrino está en juego, Abram actúa.

Bereshit (Génesis) 14:14
Oyó Abram que su pariente estaba cautivo, y armó a sus discípulos, nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.

El número es preciso: 318 hombres.
No es un ejército.
No es una coalición de reyes.

Es una casa.


Midrash : 318 y la fuerza del nombre

El Midrash observa que el valor numérico de “Eliezer”, el siervo principal de Abram, es 318.
Esto no niega la cifra literal, pero enseña algo más profundo:

📌 La fuerza de Abram no estaba en la cantidad, sino en la cohesión, la lealtad y el propósito.


La victoria imposible

Bereshit (Génesis) 14:15–16
Y los atacó de noche… y los derrotó… y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y su hacienda…

Lo que cinco reyes con ejércitos no pudieron hacer,
Abram lo logra con 318 hombres.

Desde una lectura histórica, esto es improbable.
Desde una lectura bíblica, es intencional.

La Torá no quiere que pensemos en estrategia brillante, sino en respaldo divino.


Talmud : guerra justa y propósito

El Talmud enseña que no toda guerra es igual.
Hay guerras por expansión y guerras por rescate.

Abram no pelea por territorio, ni por poder, ni por riqueza.
Pelea para rescatar.

📌 Cuando la causa es justa, la Torá muestra que la desproporción no limita el resultado.


El contraste final

Cinco reyes con ejércitos pierden.
Un hombre con discípulos vence.

Los reyes pelean por independencia política.
Abram pelea por responsabilidad familiar y fidelidad al pacto.

Y aquí la Torá deja una enseñanza histórica clara:

El poder no siempre está en la cantidad.
La victoria no siempre está en la fuerza militar.
A veces está en para qué se lucha.


Cierre de estudio

Lot confió en la fuerza de una ciudad.
Abram confió en el pacto.

Sedom tenía muros, riqueza y ejércitos.
Abram tenía fe, disciplina y propósito.

Y la Torá muestra que, en momentos decisivos de la historia,
no vence el que parece más fuerte,
sino el que camina alineado con Hashem (El Eterno).

Shalom

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