La palabra albedrío proviene del latín arbitrium, que significa “juicio”, “decisión”, “arbitraje” o “sentencia”.
De aquí viene esa frase de que el ser humano como tal tiene libre albedrío, que quiere decir que somos libres de tomar nuestras propias decisiones.
Esto me recuerda una canción de un gran cantante cristiano llamado Oscar Medina, quien creó una canción llamada Bien pudo hacer, donde una parte de la letra dice:
Bien pudo hacer
Seres de hojalata y de papel
Que con aplastarles un botón
Gritaran aleluya
Y dijeran amén
Esta canción nos da a entender que Dios creó seres que pudieran tomar sus propias decisiones de amarlo o no amarlo, revalidando que existe el libre albedrío.
La Biblia en sí no habla directamente del término “libre albedrío”; este término empieza a resonar más adelante.
El concepto de libre albedrío (liberum arbitrium) se vuelve central en la teología cristiana, especialmente con San Agustín (siglo IV-V). Él lo usa para explicar cómo el ser humano puede elegir entre el bien y el mal, aunque después de la caída original esa libertad está herida. Sin embargo, esa teoría llevó a una polarización, ya que tanto Juan Calvino como Martín Lutero hablan de que en sí el libre albedrío no existe como tal, sino la predestinación, que es una doctrina teológica, principalmente cristiana, que sostiene que Dios, por su soberana voluntad y desde antes de la creación, ha determinado el destino eterno de cada alma, eligiendo quiénes recibirán la salvación.

Sobre estas dos ideas quiero profundizar empezando con el origen del pecado. Muchos pensamos que el pecado, la rebelión o la desobediencia inició en el Edén con Adán y Eva, pero esto inicia mucho más atrás de la creación que quizás pudiéramos analizar. Quiero empezar con Judas 1:6, que dice:
Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.

Este versículo narra la rebelión de ángeles liderados por Satanás, quienes desafiaron a Dios por orgullo, siendo expulsados del cielo y convirtiéndose en demonios. Vemos que estos ángeles tuvieron la elección de elegir al Dios supremo o servir a Satanás, lo cual puede darle validez a la idea de que, si los ángeles tuvieron la elección de elegir el bien o el mal, nosotros también tenemos la misma opción.
Ahora, en el tema del primer pecado del humano detallado en el Edén, vemos que Dios le dice a Adán en Génesis 2:16-17:
Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Vemos que aquí Dios da un mandato con opción real de obedecer o no (Adán y Eva eligen desobedecer), mostrando libertad inicial.
Si continuamos este orden cronológico, nos encontramos con la historia de Caín y Abel. Vemos que tanto Caín como Abel llevan una ofrenda a Dios, y Dios se agrada más de la ofrenda de Abel, lo cual hace que Caín tenga malas intenciones con su hermano. Si Dios hubiera querido predestinar que Caín matara a Abel, nunca le hubiera advertido de lo que en su corazón ya estaba contaminando. Esto lo vemos en Génesis 4:7:
Si hicieras lo bueno, podrías levantar la cara; pero como no lo haces, el pecado está esperando el momento de dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a él.
Dios le da la libertad de elegir el bien o el mal y todavía le da una palabra de ánimo: “tú puedes dominarlo”. Esto reafirma lo que dice 2 Timoteo 1:7:
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Caín, como hijo de Dios, no debería tener espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Pero había una verdad: como sucedió en el cielo, el pecado estaba esperando el momento de quitarle ese dominio. A pesar de que Dios le indicó que él podía dominarlo, él eligió darle entrada al pecado. Nuevamente vemos la teoría del libre albedrío.
Ahora quiero tocar las citas que tanto Juan Calvino como Martín Lutero utilizaban para rechazar que todos ya estamos predestinados y no tenemos opción de elegir como tal.
Juan Calvino dice que Dios elige a algunos para salvación y a otros para condenación, independientemente de sus acciones. El libre albedrío es negado en el sentido libertario; la voluntad caída solo elige el mal hasta que Dios la regenera.
Juan Calvino puede argumentar con esta teoría que Judas Iscariote fue engendrado para condenación sin libertad de decidir, ya que él tenía que cumplir las profecías y el plan divino. ¿Pero qué tan cierto hay de esto? ¿En realidad no pudo haber decidido hacer lo bueno?
Aquí quiero ser claro: Jesús hace lo mismo que su Padre y advierte primero a Judas las consecuencias de entregarlo. Esto lo vemos en Mateo 26:24-25:
¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido. Judas, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Acaso soy yo, Rabí?». «Tú lo has dicho», le contestó Jesús.

Vemos cómo Jesús advierte a Judas. Judas tuvo la oportunidad de cerrarle las puertas al pecado, y aquí resuena nuevamente la advertencia que Dios le dio a Caín: “el pecado está esperando el momento de dominarte”. El libro de Juan explica cómo el pecado entró en Judas para dominarlo. Juan 13:26 dice:
Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquel es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.
Se puede ver cómo tanto Caín como Judas tuvieron el momento de reflexión; se les advirtió el destino de lo que les iba a pasar, pero en lugar de decidir el bien, decidieron el mal. Tuvieron la libertad.
Esto me lleva a Romanos 9:21:
¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?
Este versículo se puede entender como que Dios ya tiene predestinado al ser humano como vaso de honra y otro para deshonra. Habla que eligió a Esaú para ser aborrecido, que utilizó a Faraón para mostrar su poder. Pero Romanos no tocó el tema como si Dios creó a cierta parte de la humanidad para ser malos y a otra cantidad para ser buenos, ya que si no la Palabra se contradeciría cuando el mismo Dios dice:
2 Pedro 3:9:
El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Ezequiel 18:23:
¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?
Esto reafirma que Dios, como la analogía del alfarero, crea del mismo barro; esto quiere decir del mismo material creó a todos, pero algunos escogieron ser vaso de honra y otros de deshonra. Porque cuando Romanos 9:21 indica esto, está citando el libro del Antiguo Testamento de Jeremías, donde el vaso de deshonra, si elige hacer el bien, puede convertirse en vaso de honra.
Leamos Jeremías 18:1-11:
Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor: «Levántate y desciende a la casa del alfarero, y allí te anunciaré Mis palabras». Entonces descendí a la casa del alfarero, y allí estaba él, haciendo un trabajo sobre la rueda. Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero; así que volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla.
Entonces vino a mí la palabra del Señor: «¿Acaso no puedo Yo hacer con ustedes, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero?», declara el Señor. «Tal como el barro en manos del alfarero, así son ustedes en Mi mano, casa de Israel. En un momento Yo puedo hablar contra una nación o contra un reino, de arrancar, de derribar y de destruir; pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella. O en otro momento, puedo hablar acerca de una nación o de un reino, de edificar y de plantar; pero si hace lo malo ante Mis ojos, no obedeciendo Mi voz, entonces me arrepentiré del bien con que había prometido bendecirlo.
»Ahora pues, habla a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, y diles: “Así dice el Señor: ‘Estoy preparando una calamidad contra ustedes y tramando un plan contra ustedes. Vuélvanse, pues, cada uno de su mal camino y enmienden sus caminos y sus obras’”».
Nuevamente aquí vemos que Dios nos da la oportunidad de decidir el bien o el mal. Dios, antes de considerarnos como vasos de deshonra, nos da la oportunidad de reconsiderar nuestras acciones, y al final queda de cada quien elegir si le abrimos la puerta al pecado o lo dominamos, como dice 2 Timoteo 1:7:
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Tú hoy tienes el privilegio de elegir hacer lo bueno o lo malo, pero recuerda:
El pecado está esperando el momento de dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a él.
Shalom.

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