Texto bíblico
Bereshit 29:31
Empero vio Adonai que Leáh era desdeñada y Él abrió su matriz, mas Rahel era estéril.
En Bereshit – Génesis 29 encontramos la historia donde Iahacov (Jacob) fue engañado por su suegro Labán. Iahacov se enamora de la hija menor de Labán y hacen un trato: si Iahacov trabajaba siete años para Labán, él le entregaría a su hija Rahel (Raquel). Después de haberse cumplido los siete años, Iahacov pide que se le entregue a Rahel para ser su esposa, pero en lugar de eso Labán lo engaña y hace pasar a su hija mayor Leáh (Lea) por Rahel.
Leamos Bereshit – Génesis 29:23-25:
Mas ocurrió que al atardecer tomó a Leáh su hija y la condujo hacia él, y él se allegó a ella. Labán le dio a ella, a Zilpáh su sierva —para Leáh, su hija— como sierva. Mas ocurrió que por la mañana ¡ella era Leáh! Díjole a Labán: ¿Qué es lo que me has hecho? Ciertamente por Rahel he trabajado contigo. ¿Y por qué me has engañado?
Aquí la pregunta sería: ¿Cómo Iahacov no se dio cuenta al momento de consumar el matrimonio que no era Rahel, sino Leáh?
Voy a detallar datos históricos de cómo pudieron haber sido las bodas en el tiempo de la antigua Mesopotamia. Recordemos que Iahacov huye de su casa por haber engañado a su padre Itshak (Isaac), y esto ocasiona que su hermano Hesav (Esaú) lo aborrezca hasta llegar al grado de querer atentar contra su vida. Su madre Rivkáh (Rebeca) le pide que huya y llegue a casa de su hermano Labán. Labán vivía en Padán-aram, una región de Mesopotamia. Esta historia se sitúa aproximadamente entre los años 1860 y 1740 a.C.
En los datos históricos sobre las costumbres matrimoniales de esa región y época, las bodas seguían reglas como estas:
• La novia entraba totalmente velada, con un velo grueso que cubría toda la cara y el cuerpo. El novio normalmente no veía el rostro hasta después, o nunca durante la noche.
• La cámara nupcial (la tienda o habitación) estaba en total oscuridad o con muy poca luz. No había velas ni antorchas dentro.
• La fiesta de bodas duraba varios días con mucha cerveza y vino; era normal que el novio estuviera algo ebrio.
• La novia casi no hablaba, o hablaba muy poco, para mantener el misterio y la modestia.
Todo esto hacía muy fácil el engaño.
Ahora quiero presentar lo que dicen los rabinos (Midrash y Talmud).
Las “señales secretas” (el punto más famoso). Jacob, sabiendo que Labán era tramposo, le había dado a Raquel contraseñas o señales secretas (palabras, gestos o toques) para que ella se identificara cuando entrara a la tienda. Raquel, al ver que su padre llevaba a Leáh velada hacia la cámara nupcial, sintió una inmensa compasión por su hermana mayor. Pensó: “Ahora mi hermana va a ser avergonzada públicamente”. Entonces Raquel le entregó todas las señales secretas a Leáh. Por eso Jacob, al oír las señales correctas, creyó que era Raquel. Esta historia está en el Talmud Bava Batra 123a y en muchos midrashim; es una de las explicaciones más antiguas y respetadas.
Oscuridad y velo grueso. Radak (rabino medieval) dice que de esta historia se deriva la norma judía tradicional de no tener relaciones conyugales con luz. La cámara estaba completamente oscura y Leáh llevaba el velo puesto. Jacob literalmente no pudo ver su cara.
La fiesta y el alcohol. La boda tuvo un gran banquete con mucho vino. Varios comentaristas dicen que Jacob estaba ebrio o muy cansado después de siete años de trabajo y de la fiesta.
Con toda esta información podemos entender cómo Iahacov pudo haber sido engañado. Si tomamos en cuenta el contexto cultural, histórico y rabínico, podemos visualizar la escena con mayor claridad.
Leamos Bereshit 29:27:
Completa la semana nupcial de ésta y te daremos también a ésta, por el trabajo que habrás de trabajar conmigo, otros siete años más.
La Biblia presenta que la boda duró siete días. La boda, el vino, llega la noche. Leáh entra velada completamente y en oscuridad total. Iahacov, probablemente embriagado por la fiesta y convencido de que es Rahel, consuma el matrimonio. Al amanecer, cuando la luz entra en la tienda y le quita el velo, se da cuenta de que fue engañado.
Un dato curioso: en los casamientos judíos tradicionales ashkenazíes, y también en muchas comunidades sefardíes, existe un momento antes de iniciar la ceremonia donde el novio descubre primero el velo de la novia justo antes de la ceremonia bajo la jupá. Esto ocurre antes de que comience la ceremonia principal.
Primeramente, la novia entra al área de la ceremonia con el rostro descubierto o con velo ligero. Entonces el novio se acerca y debe mirar a la novia a los ojos para confirmar que es la novia correcta. Luego él mismo baja el velo sobre su rostro, cubriéndola completamente. Ahora sí la novia permanece velada durante toda la ceremonia. Al final, después de que ya son legalmente marido y mujer, el novio nuevamente levanta el velo para dar el primer beso como esposo.
A diferencia de una boda cristiana o católica, donde la novia no se quita el velo hasta que el sacerdote los declara marido y mujer, en la tradición judía ocurre lo opuesto, precisamente por la historia de Iahacov y Rahel.
Jacob fue engañado por Labán: Leáh entró velada a la cámara nupcial y Jacob no se dio cuenta hasta la mañana siguiente. Para evitar un engaño similar, el novio confirma visualmente que es la novia correcta y luego él mismo la vela (bedeken), simbolizando: “Te elijo sabiendo quién eres, y ahora te cubro con modestia y protección”.
Regresando al tema central, Iahacov ahora tiene que trabajar otros siete años más por Rahel.
Bereshit 29:30
Se allegó también a Rahel y también amó a Rahel —más que a Leáh— y trabajó con él otros siete años más.
La Biblia detalla que Iahacov, al verse engañado tanto por su suegro como por Leáh, empezó a menospreciarla.
Génesis 29:31 (Reina-Valera 1960)
Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril.
La palabra menospreciar en hebreo es sané — שָׂנֵא — que significa aborrecer, menospreciar, odiar.
Iahacov está viviendo en carne propia lo que le hizo a su hermano Hesav. Iahacov no se da cuenta de que Leáh fue, al igual que él, manejada por las decisiones de sus padres. Iahacov engaña a su padre por obediencia a su madre. Leáh engaña a Iahacov por obediencia a su padre.
La reacción de Iahacov no fue justa contra Leáh. ¿Acaso él no merecía misericordia? ¿Acaso los dos no actuaron por obediencia? No fue que Leáh quisiera quitarle el marido a su hermana Rahel, ni que Iahacov quisiera quitarle la bendición a Hesav. Ambos fueron movidos por decisiones externas ajenas a sus deseos.
Podríamos pensar que existe una ley de karma y que Iahacov la estuviera pagando, pero nuestro Maestro Yeshua da un mensaje que debe resonar en nuestras vidas.
Mateo 7:12
»Por eso, todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas.
HaShem conoce los corazones de todos. Conoció que Iahacov escuchó y obedeció la voz de su madre. Quizás las formas no fueron correctas y esto hizo que huyera por su vida, pero vemos cómo HaShem justifica la acción de Iahacov cuando sale de casa de sus padres.
Bereshit 28:15
Y he aquí que Yo estoy contigo y te protegeré dondequiera que tú anduvieres y te haré retornar a esta tierra, pues no habré de abandonarte hasta que haya hecho lo que he hablado a tu respecto.
Iahacov se encontraba aborrecido por su hermano, y HaShem lo vio y le dijo: Yo estaré contigo. No temas. No te entristezcas. Te regresaré a tu casa. Confía.
Ahora esto mismo ocurre con Leáh.
Bereshit 29:32
Concibió Leáh y dio a luz un hijo, llamó su nombre Reubén, ya que ella dijo: Pues ha visto Adonai mi aflicción; ahora me amará mi esposo.
Esto nos demuestra que, como seres humanos, podemos tomar decisiones equivocadas intentando honrar a nuestros familiares o seguir consejos que creemos correctos. Pero esas decisiones pueden generar conflictos que nos marquen profundamente.
Cada acción que hagamos en esta vida, sea buena o mala, tendrá consecuencia. Como dijo Yeshua, lo que sembremos será lo que recogeremos.
Sin embargo, hay algo que da consuelo: aunque el mundo nos menosprecie o nos rechace, existe un Dios justo, misericordioso y fiel que no nos abandona. Él ve la aflicción, escucha el clamor y abre vientres cerrados y corazones heridos.
Si hoy te sientes como Iahacov —marcado por errores pasados— o como Leáh —menospreciado y no amado como quisieras— recuerda que HaShem ve más allá de las circunstancias.
Dios no te define por el engaño que sufriste ni por la decisión equivocada que tomaste. Él te define por Su propósito sobre tu vida. Así como estuvo con Iahacov en su huida y vio la aflicción de Leáh, también está contigo hoy.
No permitas que el rechazo te endurezca el corazón. No permitas que el pasado determine tu identidad. Camina en misericordia, actúa con justicia y confía en que el Dios que prometió estar contigo no ha cambiado.
Shalom.

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