Texto bíblico
Bereshit (Génesis) 31:1 Mas, él había oído las palabras de los hijos de Labán diciendo: Ha tomado Iahacov todo lo que es de nuestro padre y con lo de nuestro padre, él ha hecho toda esta riqueza.
Quiero iniciar esta parasha tocando un tema muy importante que quizás no se le da el trasfondo como debería. Hay un gran dicho que dice: Los hijos son el reflejo de los padres, y este tema es el que quiero abordar. Bereshit (Génesis) 31:1 nos muestra cómo Iahacov (Jacob) escucha a los hijos de Labán murmurando contra él, en el momento en que ellos dicen que Iahacov le ha robado a su padre y que todo lo que él tiene es gracias a su padre Labán. Pero ¿qué tan cierto es esto? Regresemos antes de que Iahacov llegue a la tierra de Labán.
Bereshit (Génesis) 29:1 Alzó Iahacov sus pies y se encaminó hacia la tierra de los Bené-Kédem.
Iahacov (Jacob) viene huyendo de Canaán debido a que engañó a su padre y a su hermano al robarse la bendición que por derecho le pertenecía a su hermano Hesav (Esau). Su madre le dice que vaya a la tierra de su hermano Labán, que se encuentra en el oriente. Ahora leamos:
Bereshit (Génesis) 29:9 Todavía él estaba hablando con ellos cuando Rahel vino con las ovejas de su padre, pues ella era pastora.
Aquí viene un dato interesante que no podemos dejar pasar sin darle un contexto. Iahacov (Jacob) ve llegar a su futura esposa Rahel (Raquel), pero la Torá deja un dato importante: Rahel (Raquel) llega con las ovejas y dice “pues ella era pastora”.
Aquí quiero regresar antes del encuentro entre Iahacov (Jacob) y Rahel (Raquel) para comprender lo de ser pastora. Leamos:
Bereshit (Génesis) 29:2 Avistó y he aquí que había un pozo en el campo y habían allí tres rebaños de ovejas que yacían junto a él, pues de aquel pozo abrevaban a los rebaños y una piedra grande había sobre el brocal del pozo.
Bereshit (Génesis) 29:4 Les dijo Iahacov: Hermanos míos, ¿de dónde sois vosotros? Ellos dijeron: Somos de Harán.
El versículo 2 y 4 detallan que Iahacov (Jacob) se encontraba en un punto de reunión donde los pastores llegaban a dar de beber a sus ganados. El versículo 2 habla que se encontraban tres rebaños; recordemos que aquí todavía no se encuentra Rahel (Raquel), y el versículo 4 nos muestra que había hombres cuidando esos rebaños, ya que el versículo muestra que Iahacov (Jacob) les dice: hermanos míos. Ahora, estas personas, cuando Iahacov (Jacob) les pregunta si conocen a Labán, ellos le dicen que sí y afirman que su hija está por llegar. Quizás podrá parecer extraño que una mujer sea pastora de ovejas, pero esto era muy común en esos tiempos, que las mujeres jóvenes y solteras participaran como pastoras de ovejas, pero en rebaños pequeños.
Estudios académicos coinciden en que, en sociedades pastoriles del Antiguo Oriente Próximo, las mujeres y niños manejaban rebaños familiares de ovinos, más manejables que ganado mayor, mientras que los varones adultos solían encargarse de rebaños institucionales grandes. Esto quiere decir que en ese momento Labán no tenía grandes riquezas; era una familia que económicamente tenía un rebaño pequeño. Es por eso que Rahel (Raquel) se encontraba cuidando el rebaño de su padre.
Después, en Bereshit (Génesis) capítulo 30, se nos muestra que Iahacov (Jacob), después de trabajar catorce años por Leáh (Lea) y Rahel (Raquel), le pidió a su suegro Labán que lo dejara ir. Pero encontramos unas palabras que Labán le dice a Iahacov (Jacob):
Bereshit (Génesis) 30:27 Díjole Labán: ¡Si pude yo ahora hallar gracia ante tus ojos…! He sabido por adivinación que Adonai me ha bendecido por tu causa.
Aquí Labán le da el mérito a Iahacov (Jacob), que toda la riqueza que tiene ha sido a causa de él. Él sabía que HaShem lo estaba bendiciendo, y esa bendición le estaba alcanzando a él también. Y aquí vemos cómo se cumple la profecía que recibió su abuelo Abraham en Bereshit (Génesis) 12:3:
Bereshit (Génesis) 12:3 Bendeciré a los que te bendigan y al que te maldiga, maldeciré; y serán bendecidas por tu causa todas las familias de la tierra.
Iahacov (Jacob) estaba cumpliendo la promesa; estaba bendiciendo la casa de Labán.
Ahora leamos:
Bereshit (Génesis) 30:30 Pues poco es lo que tú tenías con anterioridad a mí, mas se ha acrecentado copiosamente y te bendijo Adonai en pos de mis pasos. Y ahora ¿cuándo habré de hacer yo también para mi propia casa?
Aquí Iahacov (Jacob) reafirma que cuando conoció a Labán tenía poco. Esto evidencia por qué Rahel (Raquel) era pastora: Labán no tenía gran ganado, pero ahora él tenía un gran rebaño a causa de su yerno.
Bereshit (Génesis) 30:43 Se expandió el hombre mucho, mucho y tuvo muchas ovejas y siervos y esclavos y camellos y asnos.
Vemos cómo Iahacov (Jacob) fue bendecido en esa tierra. La Torá muestra que tuvo demasiadas ovejas; adquirió siervos y esclavos para que pudieran cuidar y atender todos sus bienes, ya que la Torá habla de que tenía camellos y asnos. Esto quiere decir que, al igual, Labán también contaba con muchos siervos y ganados. Y es aquí donde retornamos al versículo de esta parasha:
Bereshit (Génesis) 31:1 Mas, él había oído las palabras de los hijos de Labán diciendo: Ha tomado Iahacov todo lo que es de nuestro padre y con lo de nuestro padre, él ha hecho toda esta riqueza.
¿Qué tan cierto es esto? ¿Por qué los hijos de Labán afirman que Iahacov (Jacob) le está robando a su padre? ¿De dónde viene esa idea? Para esto tengo que enumerar la personalidad de Labán.
Es mentiroso en Bereshit (Génesis) 29:23-25 Labán engaña a Iahacov (Jacob) haciéndole trabajar siete años por Rahel (Raquel), solo para darle a Leáh (Lea) en su lugar durante la noche de bodas. Es tramposo en Bereshit (Génesis) 31:7 y 31:41 Labán cambia constantemente los acuerdos salariales para despojar a Iahacov (Jacob) de las ovejas que le correspondían. Es malo en Bereshit (Génesis) 31:15 Labán es descrito como alguien que trata a sus propias hijas como mercancía y a Iahacov (Jacob) como un siervo esclavo, sintiendo celos de la prosperidad de Iahacov (Jacob).
Al ser Labán una persona mentirosa, tramposa y mala, no puede parecer extraño que Labán estuviera hablando mal de Iahacov (Jacob) a sus hijos, envidiando cómo prosperaba y cómo iba en aumento su riqueza. Ahora bien, ¿qué dicen los sabios sobre esto?
Los sabios ven en este verso el comienzo del deterioro de la relación con Labán por envidia y calumnia de sus hijos. No fue Iahacov (Jacob) quien robó, sino que HaShem lo bendijo abundantemente pese a los intentos de Labán de perjudicarlo. Esto enseña lecciones sobre hashgajá (providencia divina), el peligro de la envidia y cómo los justos prosperan incluso en entornos hostiles.
Conclusión basada en las enseñanzas de Yeshua
Yeshua nos enseñó que “por sus frutos los conoceréis” y que el árbol bueno no puede dar malos frutos. Cuando observamos la vida de Iahacov (Jacob), vemos que su fruto fue bendición, multiplicación y cumplimiento de promesa. La envidia de los hijos de Labán revela un corazón que no reconoce la obra de HaShem, sino que la atribuye al robo y a la sospecha.
Yeshua también enseñó que donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. El corazón de Labán y de sus hijos estaba puesto en la riqueza material; el de Iahacov (Jacob) estaba puesto en la promesa. Por eso, aun en medio de injusticias, cambios de salario y calumnias, la bendición no se detuvo.
Este pasaje nos confronta: ¿somos reflejo de la fe y confianza en HaShem, o reflejo de la murmuración y la envidia? Así como Iahacov (Jacob) prosperó en tierra ajena por la fidelidad divina, también nosotros somos llamados a permanecer firmes, confiando en que la verdadera riqueza proviene del Eterno y no puede ser arrebatada por la calumnia ni por la injusticia.
Shalom.

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