Texto bíblico
Bereshit (Génesis) 34:1-2
Salió Dináh — hija de Leáh, que había dado a luz para Iahacov — a ver a las hijas de la comarca.
La vió Shejem — hijo de Hamor, el Hiví, príncipe de la comarca — la tomó, se acostó con ella y la violó.
Mayormente la historia de Iahacov (Jacob), como patriarca de Israel, siempre se menciona: las 12 tribus, sus 12 hijos, pero casi nunca se menciona la hija que tuvo llamada Dináh (Dina), y cuando sale a escena su historia es trágica y vil, un suceso que marcaría el rumbo de esta grande nación. Su única hija es abusada por un príncipe, y esto provoca un acto de venganza familiar. Pero antes de iniciar con este tema, vamos a ver quién fue esta hija de Iahacov que nos muestra la Biblia y qué opinan los sabios. Leamos:
Bereshit (Génesis) 30:21
Y después dió a luz una hija y llamó su nombre: Dináh.
Aquí la Torá menciona por primera vez a Dináh. Es concebida por su madre Leáh (Lea). Leáh llegó a tener siete hijos en total: Reubén (Ruben), Shimhón (Simeón), Leví, Iehudáh (Judá), Issajar (Isacar), Zebulún (Zabulón) y Dináh.
Ahora, para entrar en contexto, después de que Iahacov tuviera la reconciliación con su hermano Hesav (Esaú), la Torá muestra que Iahacov se instauró en la ciudad de Shejem (Siquem), que era la tierra de Quenahan (Canaán), y la Torá muestra que cuando llegó Iahacov, llegó en paz con los habitantes de Quenahan. Leamos:
Bereshit (Génesis) 33:18-19
Llegó Iahacov en paz a la ciudad de Shejem en la tierra de Quenahan cuando venía de Paddán-Aram y acampó frente a la ciudad. Adquirió la parcela del campo donde había tendido allí su tienda de mano de los hijos de Uamor, padre de Shejem, por cien Kesitáh.
En este pasuq, Iahacov hace relaciones con los hijos de Uamor (Hamor), padre de Shejem. Esto quiere decir que llevaban una buena amistad, quizás no de fraternidad, pero la Torá muestra que en ese momento Iahacov convive bien con los hijos de Uamor, y es aquí donde entra el hijo de Uamor llamado Shejem para deshonrar a la hija de Iahacov. Leamos:
Bereshit (Génesis) 34:1-2
Salió Dináh hija de Leáh, que había dado a luz para Iahacov, a ver a las hijas de la comarca. La vió Shejem hijo de Hamor, el Hiví, príncipe de la comarca, la tomó, se acostó con ella y la violó.
Aquí vemos dos sucesos importantes. En el capítulo 1 dice que Dináh salió a ver a las hijas de la comarca, es decir, fue a conocer, convivir con las mujeres de su edad. Los sabios dicen que Dináh fue a ver a las jóvenes del lugar, observando sus vestimentas y adornos, ya que no había en casa de Iahacov otra joven excepto ella, y ella quiso conocer a las jóvenes de la ciudad, como es costumbre en las muchachas.
Si nos ponemos a analizar solo este capítulo, que podría ser corto, pero sabiendo el trasfondo, esta decisión marcaría la vida de Dináh. Imaginemos: Dináh convive con sus 12 hermanos hombres, es la única jovencita en la casa de Iahacov. Como joven, ella quiere relacionarse con su mismo género. Dináh solo quería tener a alguien de su mismo sexo, de su misma edad, con quien convivir, y le pide permiso a sus padres de ir a relacionarse con estas muchachitas.
Como dije al principio, Iahacov tenía buena relación con esa población. Ellos mismos lo ayudaron a instaurarse en su propia región, le vendieron sus tierras, había una buena convivencia al parecer. Pero algo que quizás pasaron por alto: estas personas eran descendientes de Quenahan. En esa tierra, aunque en el futuro iba a ser de los hijos de Israel, en ese momento el espíritu de Quenahan existía.
Recordemos que, a pesar de que Iahacov pudo vivir cerca de esta tribu, ellos estaban llenos de prácticas espirituales paganas, adoraban otros dioses, hacían cosas inmorales. La Torá detalla lo que hacían. Por eso, en Vaikrá (Levítico), Hashem le da instrucciones a los hijos de Israel. Leamos:
Vaikrá 18:24-25
No os maculéis con ninguna de estas cosas, ya que con todas estas cosas se han mancillado las naciones que Yo voy a expulsar ante vosotros. La tierra se había impurificado e hice caer su iniquidad sobre ella, y vomitó la tierra a sus habitantes.
Hashem sabía que la tierra de Quenahan habitaba gente mala, sin corazón. Por eso le advierte a Israel de evitar tener relaciones con ellos, y razón tenía, ya que el primer problema con esta nación inicia por la deshonra de Dináh. En el capítulo 2 vemos que Shejem la ve, piensa que tiene el derecho de tomarla, que es parte de su propiedad, se acuesta con ella y la deshonra.
Esta gente en realidad creía que todo lo que había a su alrededor era suyo y podían tomar lo que quisieran. La misma Torá lo dice más adelante, cuando Shejem le pide a su padre que vaya con Iahacov y le pida que le den a Dináh como mujer. Leamos:
Bereshit (Génesis) 34:3-4
Apegóse su ser en Dináh — la hija de Iahacov — amó a la moza y habló al corazón de la moza.
Dijo Shejem a Hamor — su padre — diciendo: Toma para mí a esta niña por esposa.
Este versículo puede ser chocante para muchos. Después de hacer una gran vileza en contra de la hija de Iahacov, Shejem minimiza su acción y, de una forma que se pudiera interpretar como un capricho, va y le dice a su padre: padre, hoy abusé de esta joven, ahora quiero que vayas con su padre y dile que me quiero casar con ella.
Ahora imaginemos el terror que vivió Dináh, ese momento en que Shejem abusa de ella, el tiempo de terror que para ella pudo haber sido una eternidad, y ahora escuchar que su agresor la quiere tomar como su esposa. ¿Te puedes imaginar el terror psicológico que pudo haber vivido esa joven?
En realidad, Shejem era un ser vil, sin conciencia, sin arrepentimiento, sin corazón, porque así eran todos los hijos de Quenahan. Vemos que su padre actúa igual. Su padre va con Iahacov para pedirle la mano de su hija abusada. Quiero hacer un paréntesis: ¿con qué cara puede hoy un padre ir a otro padre y decirle lo que hizo su hijo y ahora cómo quiere remediar esa situación?
La Biblia describe que Hamor negocia con la familia de Dináh y llegan a un acuerdo. Leamos:
Bereshit (Génesis) 34:5-18
Mas Iahacov había oído que había mancillado a Dináh — su hija — empero sus hijos estaban con su ganado en el campo y guardó silencio Iahacov hasta su llegada. Salió Hamor — padre de Shejem — hacia Iahacov, para hablar con él. Mas los hijos de Iahacov vinieron del campo; cuando lo oyeron se consternaron los hombres y se enfurecieron mucho, pues una vileza había hecho en Israel, al acostarse con la hija de Iahacov y así no suele hacerse. Habló Hamor con ellos diciendo: Shejem — mi hijo — su ser desea a vuestra hija, entregadla ahora a él por esposa. Contraed matrimonios con nosotros: vuestras hijas nos daréis y a nuestras hijas tomaréis para vosotros, y con nosotros residiréis; la comarca estará ante vosotros: habitadla y circulad a través de ella y afincaos en ella. Dijo Shejem al padre y a los hermanos de ella: halle yo gracia en vuestros ojos y lo que me digáis yo daré. Incrementad sobre mí mucha dote y presentes y yo lo daré, como vosotros me digáis; pero dadme a la moza por esposa. Respondieron los hijos de Iahacov a Shejem y a Hamor, su padre, con engaño y hablaron — ya que él había mancillado a Dináh, la hermana de ellos — y les dijeron: no podemos hacer esta cosa: dar a nuestra hermana a un hombre que tiene prepucio, ya que oprobio es para nosotros. Empero, con esto nos avendremos a vosotros: si habréis de ser como nosotros al circuncidar todo varón entre vosotros. Así daremos nuestras hijas a vosotros y a vuestras hijas tomaremos para nosotros. Residiremos con vosotros y seremos un solo pueblo. Mas si no habréis de escucharnos — para circuncidaros — tomaremos a nuestra hija y nos iremos. Parecieron buenas sus palabras a los ojos de Hamor y a los ojos de Shejem — hijo de Hamor — y no tardó el mozo en hacer la cosa, pues deseaba a la hija de Iahacov. Y él era el más respetado de toda la casa de su padre.
Aquí vemos tres cosas. Recordemos que antes de este gran abuso, Iahacov vivía en paz con los descendientes de Quenahan, pero después de este acto ruin, esos lazos fueron cortados. Primero, recordemos que desde Abraham no permitió que Itzjak tuviera esposa con las hijas de Quenahan, y eso mismo pasó con Iahacov: su madre Rivka le prohibió casarse con estas mujeres. Ahora, ¿cómo era posible que Iahacov pudiera emparentarse con esta descendencia? Sería algo incongruente.
Y aquí vemos lo segundo: Iahacov no interviene en la negociación. Los que entran en esta negociación son sus hijos, y es aquí la clave de esta ruptura. La Torá habla que hablaron con engaño. Esta palabra engaño en hebreo se encuentra como mirmá, que significa engañadores, traición, fraude.
Como el padre de la gran nación Israel, ¿sus hijos podían actuar así? Quizás vivir cerca de estas personas, ver que ellos también hablaban con engaño, se les hizo algo común y cotidiano, o quizás esto ya venía de familia. Recordemos que Abraham utiliza esta palabra mirmá cuando dice que Sara es su hermana; Isaac hace lo mismo con Rebeca, y Jacob engaña a su padre para recibir la bendición.
Quizás pudiera ser incongruente y pudieran pensar: vaya familia que eligió Dios para ser el pueblo escogido por Él. Pero Hashem no se equivocó en utilizar personas imperfectas. Recordemos lo que dijo al pueblo de Israel, ya que los estaba introduciendo a la tierra prometida:
Devarim 9:4-6
No te digas a ti mismo — al derribar Adonai tu Dios a ellos de ante ti — expresando: “por mi mérito me ha traído Adonai para poseer la tierra esta”; y que por la perversidad de estos pueblos Adonai los destierra de ante ti. No por tu mérito, ni por la rectitud de tu corazón tú vas a venir a poseer su tierra; pues por la perversidad de estos pueblos Adonai tu Dios los destierra de ante ti, y para cumplir la palabra que ha prometido Adonai a tus patriarcas: a Abraham, a Itshak y a Iahacov. Habrás de saber que no por tu mérito Adonai tu Dios te da a ti la tierra buena esta para poseerla; ya que pueblo duro de cerviz eres tú.
Esto afirma que en realidad Abraham, Itshak y Iahacov al igual eran imperfectos, como sus hijos, como nosotros que somos escogidos por el Santo de Israel. Pero este engaño que estaban haciendo con el pueblo de Shejem iba a ocasionar grandes conflictos en el futuro.
Y por último, vemos que Shejem apresuradamente cumple las condiciones que los hijos de Iahacov habían impuesto, pero el versículo termina describiendo a Shejem como el más respetado de toda la casa de su padre. Imagínate: si una persona como Shejem, vil, deshonesto, cruel, era el más respetado, ¿cómo serían las demás familias?
Y esto lo muestra la Torá cuando el padre de Shejem llega con sus hombres y les indica lo que tienen que hacer, pero el texto detalla la forma de cómo los convencen. Leamos:
Bereshit (Génesis) 34:20-23
Vino Hamor y Shejem, su hijo, a la puerta de su ciudad y hablaron a los hombres de su ciudad diciendo: estos hombres, en paz están ellos con nosotros. Que se asienten en la comarca y que circulen por ella, ya que la comarca es amplia ante ellos. A sus hijas tomaremos por esposas y a nuestras hijas les daremos a ellos. Empero, con esto se avendrán los hombres para asentarse con nosotros — para ser un solo pueblo — al circuncidar todo varón entre nosotros, como ellos se circuncidan. Su ganado y sus adquisiciones y todas sus bestias ciertamente para nosotros son. Empero, avengámonos a ellos y que se asienten con nosotros.
Notaste esto: Hamor le dice a su gente lo que tenían que hacer para tener las cosas que había juntado Iahacov. Al decir “sus mujeres, sus ganados y sus adquisiciones y todas sus bestias ciertamente para nosotros son”, aquí Hamor está reafirmando que desde el momento que Iahacov se asentó en sus tierras, todo lo que Iahacov tenía ya era parte de ellos. Por eso a Shejem se le hizo fácil tomar a su hija, abusar de ella, pues esa mentalidad ya la tenían sus moradores. Ahora era más fácil apropiarse de todo.
La historia termina en un desenlace terrible. Dice la Escritura que cuando todos los hombres se circuncidaron, al tercer día, cuando todos estaban adoloridos, Shimhón y Leví llevaron a sus hombres para ir a la ciudad y rescatar a su hermana. Leamos:
Bereshit (Génesis) 34:25-31
Aconteció en el tercer día — cuando estaban doloridos — tomaron los dos hijos de Iahacov, Shimhón y Leví — hermanos de Dináh — cada hombre su espada y se allegaron a la ciudad que estaba confiada y mataron a todo varón. Y a Hamor y a Shejem — su hijo — mataron a filo de espada. Tomaron a Dináh de la casa de Shejem y salieron. Los hijos de Iahacov se allegaron hasta los cadáveres y despojaron la ciudad, pues habían mancillado a su hermana. Sus ovejas, sus vacas, sus asnos, lo que había en la ciudad y lo que había en el campo, ellos lo tomaron. Y a toda su riqueza y a todos sus infantes y a sus mujeres cautivaron y despojaron todo lo que había en la casa. Dijo Iahacov a Shimhón y a Leví: me habéis turbado, para convertirme en hedor entre los habitantes de la comarca: el Quenahaní y el Perizí. Y yo soy gente de poco número y si se aliaren contra mí, me batirán y seré aniquilado, yo y mi casa. Dijeron ellos: ¿acaso como ramera habrá de hacer a nuestra hermana?
Este versículo muestra cómo Iahacov entendió que lo que habían hecho sus hijos iba a traer consecuencias en un futuro. Quizás no fue la forma correcta de actuar, pero entendemos que lo que hicieron estas personas no fueron acciones agradables ante los ojos de Hashem.
Conclusión
La historia de Dináh no es solo un relato de dolor, sino un reflejo profundo de las decisiones humanas, sus consecuencias y la necesidad de justicia, pero también de restauración. Yeshua enseñó que el corazón del hombre es donde nace todo, y que no basta con reaccionar, sino transformar. Él llamó a sanar lo quebrado, a restaurar lo herido y a no responder al mal con más mal, sino con verdad y luz.
Dináh representa a muchos que han sufrido injusticia en silencio. Su historia nos recuerda que Dios ve lo oculto, escucha el clamor del corazón y no es indiferente al dolor. Yeshua vino precisamente para eso: para vendar a los quebrantados, dar dignidad al que fue humillado y devolver identidad al que fue marcado por el sufrimiento.
Porque aunque los hombres fallen, Hashem sigue siendo justo. Y donde hubo dolor, Él puede traer propósito. Y donde hubo quebranto, Él puede levantar una nueva historia.
Shalom.

Deja un comentario