¿Por qué Jacob amó más a Jose? El peligro del favoritismo

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Texto bíblico

Bereshit 37:3 (Génesis) Empero, Israel amaba a Iosef más que a todos sus hijos —ya que era para él hijo de su ancianidad— y él le había hecho una túnica ornamentada.

Hoy vamos a hablar de dos temas importantes que deja este pasuq. Por un lado, que Israel amaba más a Iosef que a sus once hijos varones y, además, le hizo una túnica diferente para que pudiera distinguirse dentro de sus hermanos. De estos dos temas voy a hablar: ¿Fue Iahacov responsable de que sus hijos odiaran a Iosef? ¿Fue apropiado diferenciar a Iosef por encima de sus hermanos? ¿Vio Hashem esto con agrado? ¿Qué enseñanza puede dejar este pasuq para los que son padres?

Primero que nada recordemos que Iahacov tiene dos esposas, Leáh y Rahel, y dos concubinas, Zilpáh y Bilháh, de las cuales tiene doce hijos y una hija. La historia que ya hemos venido contando en estudios pasados nos muestra que Iahacov se enamora de Rahel. Al llegar a esa tierra donde habitaba Rahel, él llega sin presentes ni riquezas que pudiera ofrecer a su suegro Labán, como era costumbre en esos tiempos para poder tomar a una hija por esposa. Es por esto que Iahacov se ofrece a trabajar como siervo de Labán por siete años para poder tomar a Rahel por esposa. Pero la historia nos muestra que es engañado por su suegro y, en lugar de darle a Rahel, le da a su hija mayor Leáh. Esto crea un conflicto, porque ahora Iahacov tiene que trabajar otros siete años para poder tomar a Rahel por esposa.

Este no fue un engaño cualquiera. Labán cambió a la hija menor por la mayor, violando el acuerdo. Iahacov, que había usado su astucia en el pasado con su hermano Esav, ahora experimentaba en carne propia lo que significa ser engañado. Este evento marcó su hogar para siempre, porque desde ese momento se estableció una jerarquía emocional dentro de la casa: Rahel era la amada, Leáh era la que había sido impuesta. Aunque Iahacov cumplió con su responsabilidad y tomó a ambas, su corazón ya había hecho una elección que tendría consecuencias generacionales.

Este engaño hizo que Iahacov menospreciara a Leáh y amara más a Rahel. Sin embargo, la Torá nos muestra que Leáh le da a Iahacov como hijo primogénito a Reubén, mientras que Rahel le da su primer hijo después de que tanto su esposa Leáh como sus dos concubinas Bilháh y Zilpáh ya le habían dado en total once hijos. Iahacov, en su ancianidad, llega a ver el primer fruto de su esposa amada Rahel con Iosef, y la Torá lo reafirma. Leamos:

Bereshit 37:3 (Génesis) Empero, Israel amaba a Iosef más que a todos sus hijos —ya que era para él hijo de su ancianidad— y él le había hecho una túnica ornamentada.

Desde este punto pudiéramos pensar que sería válido que Iahacov amara más a Iosef que a sus once hijos, y eso incluye también al otro hijo que tuvo Rahel, porque el último fue Biniamín. Biniamín era el más chico de los doce hijos varones, pero la Torá no lo muestra como el más amado, sino a Iosef. Teniendo esto en contexto, al ser el primer fruto de su gran amor Rahel.

Es importante destacar que Iosef no solo era el primer hijo de Rahel, sino que nació cuando Iahacov ya era un hombre mayor, después de muchos años de espera y dolor. Para Iahacov, este hijo representaba la culminación de su gran amor, la recompensa divina después de tanta lucha. Esto explica, aunque no justifica, la intensidad de su favoritismo. Sin embargo, la Torá no calla las consecuencias de este amor desmedido.

Además, esta túnica ornamentada no era un simple detalle de vestimenta. En el contexto antiguo, una túnica de mangas largas y de colores especiales era símbolo de distinción, de honor y muchas veces de autoridad. Era el tipo de prenda que usaban los hijos primogénitos o aquellos destinados a un rol especial. Al dársela a Iosef, Iahacov estaba enviando un mensaje claro ante toda la familia, un mensaje que sus hermanos no tardaron en captar y que generó un profundo resentimiento.

pudiéramos entender el contexto y dejar el estudio ya concluido sin decir más. Pero saben que a mí me gusta profundizar y no dejar preguntas sin contestar, ya que la Biblia siempre deja ejemplos de que ciertas decisiones que tomamos siempre tienen repercusiones que pueden ser buenas o malas. Estas historias que nos dejaron los patriarcas son guías que no debemos ignorar para no caer en el mismo error que nuestros antepasados.

¿Por qué digo esto? Bueno, la acción que hizo Iahacov al amar más a un hijo y no darle el lugar correspondiente a su primogénito, como era la costumbre, hizo que sus hermanos odiaran a Iosef.

Es sorprendente cómo la Torá, muchos años después, en el libro de Deuteronomio, parece estar corrigiendo directamente el error que cometió Iahacov. No es casualidad. Hashem, en su sabiduría, estableció leyes claras para proteger el orden familiar y evitar que el favoritismo emocional destruya la herencia y la unidad del pueblo. Estas instrucciones no solo eran para el futuro, sino que también sirven como espejo para mirar los errores de los patriarcas y aprender de ellos. Esto Hashem no lo dejó pasar por alto. Leamos:

Deuteronomio 21:15-17 Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida; en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.

Aquí vemos que Moshé le da instrucciones al pueblo de lo que Hashem le había ordenado que les hablara, y esto no es casualidad. Fueron errores que hizo su padre Iahacov y Hashem no quería que estos mismos errores cometieran sus hijos ya instaurados en la tierra prometida. Hashem le dio voz y justicia a esas mujeres que pudieran ser aborrecidas por sus maridos, como lo hizo Iahacov con Leáh, de no darle el lugar al primogénito. Como no lo hizo Iahacov con Reubén, en lugar de darle su lugar y hacerle una túnica diferente a su primogénito, prefirió dársela mejor a Iosef.

El odio no surgió de la nada. No fue un odio repentino. Fue creciendo con cada mirada, con cada vez que Iosef recibía un trato especial, con cada ocasión en que sus hermanos sentían que su padre los había colocado en segundo lugar. Ese odio silencioso, alimentado por el favoritismo, fue el que eventualmente llevó a los hermanos a conspirar contra Iosef. Un padre nunca imagina que su amor desmedido pueda convertirse en la causa de tanto sufrimiento para el hijo que más ama. La Torá muestra que estas acciones trajeron consecuencias tanto para Iahacov como para su hijo. Leamos:

Bereshit 37:4 (Génesis) Cuando vieron sus hermanos que a él amaba su padre más que a todos sus hermanos, ellos le odiaron y no pudieron hablar con él en paz.

El texto es claro: cuando vieron sus hermanos que Iahacov amaba más a Iosef que a ellos, le odiaron y esa paz entre hermanos se fracturó. Un simple detalle marcó la vida de Iosef. Una simple distinción en forma de favoritismo y de honra lo llevó a una tierra donde quizá injustamente nunca debió haber llegado.

Esta porción nos invita a reflexionar seriamente sobre nuestras propias actitudes como padres, líderes o incluso dentro de nuestras congregaciones. ¿Estamos repitiendo, aunque sea de forma sutil, el mismo patrón de favoritismo que vemos en Iahacov? ¿Estamos creando divisiones sin darnos cuenta por tratar de manera diferente a unos sobre otros? La historia de Iosef nos muestra que las consecuencias de estas acciones pueden ser mucho más grandes de lo que imaginamos.

En la siguiente Parasha semanal quiero continuar con este tema, viendo cómo actuó el primogénito de Iahacov ante los planes de sus hermanos y cómo esta historia nos muestra que a veces ciertas acciones que pensamos que pudieran ser inofensivas pueden trazar el rumbo de las personas.

El mensaje que quiero dar va más enfocado en el mensaje de Yeshua.

Las enseñanzas de Yeshua nos llaman a un amor maduro, equilibrado y sin acepción de personas. Él mismo dijo que quien ama a su padre, madre, hijos o hermanos más que a Él, no es digno de Él. Esto no significa dejar de amar a nuestra familia, sino amar de la manera correcta, sin que ese amor se convierta en ídolo ni en fuente de división. Yeshua nos mostró con su vida cómo amar a todos con profundidad, pero sin favoritismos destructivos. Lavó los pies de todos sus discípulos por igual, incluso de aquel que lo traicionaría. Perdonó a todos sin excepción y nos enseñó a buscar la reconciliación por encima de las preferencias personales.

Que esta porción de Bereshit (Génesis) nos sirva de advertencia y que el ejemplo de Yeshua sea nuestra guía. Como padres, como esposos y como creyentes, pidamos al Ruaj HaKodesh que examine nuestro corazón y quite todo favoritismo oculto. Que nuestros hogares sean lugares donde cada hijo se sienta igualmente valorado, donde la justicia y el amor caminen juntos, y donde reflejemos el carácter del Mesías que amó a la humanidad entera sin importar su origen, su pasado o su posición. Que podamos ser instrumentos de shalom familiar y que nuestra herencia espiritual no se pierda por errores que podemos corregir hoy con la ayuda de Hashem.

Shalom.

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