¿Por qué Rubén se acostó con la concubina de su padre Jacob?

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Texto bíblico

Bereshit (Génesis) 35:22 Ocurrió que al residir Israel en aquella comarca, fue Reubén y se acostó con Bilháh —concubina de su padre— y lo oyó Israel.

Quiero presentar un acto que probablemente no se le de mayor importancia de lo que hizo Reubén (Rubén) a su padre Iahacov (Jacob). La Torá muestra en un solo versículo algo que pareciera ser insignificante, sin importancia, que no trascendió, y el escritor o no quiso dar más detalles, o en realidad minimizó un acto que tiempo después sería una maldición: fornicar con la pareja de tu padre.

Devarim 27:20 Maldecido sea el que se acuesta con la esposa de su padre, ya que ha descubierto el regazo (visto por) su padre, y dirá todo el pueblo: Amén.

Moshéh (Moisés) estaba dando instrucción a un pueblo que fue formado por Iahacov y que engendró a doce hijos, y de esos doce hijos se creó una gran nación que en ese momento había sido libertada de la esclavitud y necesitaba ser instruida para ser una nación santa, pura y limpia. Moshéh estaba dando indicación de lo que el pueblo tenía que hacer al momento de llegar a la tierra prometida, y una de las instrucciones sería que cualquier hombre que fornicara con la esposa de su padre iba a ser maldecido, ¿Pero esta indicación pudiera ser por lo que hizo siglos atrás Reubén, el primogénito de Iahacov?

La historia narra que en el libro de Bereshit (Génesis), al morir la esposa de Iahacov, Rahel (Raquel), Reubén aprovechó en acostarse con una de las concubinas de su padre, y esta era Bilháh (Bilhá). Quizás aquí la pregunta sería: ¿por qué Reubén hizo esta acción? ¿Qué lo motivó para acostarse con la mujer de su padre?

Bueno, para esto debemos retroceder años antes de que nacieran los hijos de Iahacov, y esto nos remonta a una historia que ya abordamos antes en una de mis publicaciones titulada Lea y Raquel: Amor, Engaño y Consecuencias. En este estudio hablo de cómo Iahacov es engañado por su suegro Labán al entregarle engañosamente a su hija mayor Leáh (Lea) en lugar de Rahel, por lo cual Iahacov había trabajado 7 años por el amor de Rahel y no por Leáh, y a esta época nos vamos a remontar para comprender por qué Reubén pudo haber hecho esta grave acción. Leamos:

Bereshit (Génesis) 29:29 Le dio Labán a Rahel, su hija, a Bilháh su sierva —para ella— como sierva.

Aquí vemos que cuando Iahacov se entera que su suegro lo engañó dándole la hija incorrecta, Labán le dice que si termina la semana nupcial ahora también le daría a su hija menor Rahel a cambio de otros 7 años de trabajo. Iahacov accede al trato y le es entregada a Rahel junto con su sierva Bilháh, que fue un obsequio dado por Labán, al igual que hizo con su hija mayor Leáh. Leamos:

Bereshit (Génesis) 29:24 Labán le dio a ella, a Zilpáh su sierva —para Leáh, su hija— como sierva.

Podemos ver aquí que cuando Labán le entrega a sus dos hijas ellas ya vienen con dos siervas, una llamada Zilpáh (Zilpa) y la otra Bilháh, la cual es la protagonista junto con Reubén en este estudio, y aquí quiero que recordemos que Reubén es hijo de Leáh, la hermana mayor de Rahel.

Recordemos que en la historia se muestra que, por el engaño que hizo Labán en contra de Iahacov, Iahacov aborrece a Leáh y ama más a Rahel. Esto hizo que Hashem cerrara la matriz de Rahel sin poder tener opción de hijos, y al contrario hace que Leáh le dé como primogénito a Iahacov a Reubén. Leamos:

Bereshit (Génesis) 29:31-32 Empero vio Adonai que Leáh era desdeñada y Él abrió su matriz, mas Rahel era estéril. Concibió Leáh y dio a luz un hijo, llamó su nombre Reubén, ya que ella dijo: Pues ha visto Adonai mi aflicción, ya que ahora me amará mi esposo.

Aunque la tora no lo muestra, pudiera ser que Reubén conociera la historia de cómo Iahacov trató a su madre Leáh y el significado de su nombre era un reflejo de lo que ella estaba sufriendo por parte de su padre y cómo Hashem escuchó su súplica, pero la pregunta sigue existiendo: ¿por qué Reubén hizo ese acto en contra de su padre? Leamos:

Bereshit (Génesis) 30:1-8 Vio Rahel que ella no paría para Iahacov y tuvo celos Rahel de su hermana. Dijo ella a Iahacov: ¡Dame hijos, pues si no, muerta estoy yo! Encendióse el furor de Iahacov contra Rahel y dijo: ¿Acaso en lugar de Elohim, que ha vedado de ti fruto de vientre, estoy yo? Dijo ella: He aquí mi esclava Bilháh, cohabita con ella y alumbrará sobre mis rodillas y tendré yo también un hijo de ella. Le dio a él a Bilháh su sierva por mujer y cohabitó con ella Iahacov. Concibió Bilháh y dio a luz un hijo para Iahacov. Dijo Rahel: Me ha hecho justicia Elohim y también ha escuchado mi voz y me dio un hijo. Por eso llamó su nombre Dan. Concibió otra vez y dio a luz Bilháh, la sierva de Rahel, un segundo hijo para Iahacov. Dijo Rahel: contienda de magnitud he contendido con mi hermana, ¡también he prevalecido! Y llamó su nombre Naftalí.

En estos versículos podemos ver que no solo se acostó con la concubina de su padre, se acostó con la madre de sus dos hermanos, Dan y Naftalí. ¿Reubén estaba haciendo este acto por venganza? ¿Por el trato que le hizo su padre a su madre al aborrecerla? ¿O solo fue un acto de lujuria? Si fuera por un acto de venganza, ¿por qué Reubén esperó a que Rahel muriera para poder acostarse con Bilháh? Ya que la tora es clara al decir que cuando murió la esposa de Iahacov, Reubén se acuesta con la sierva de Rahel.

Para esto quiero citar las opiniones de los sabios rabinos.

Aquí vemos que el texto de Bereshit (Génesis) 35:22 nos presenta una escena que a simple vista parece directa, incluso fuerte, pero cuando entramos en la interpretación de los sabios entendemos que no todo debe leerse de forma literal. El versículo dice que Reubén se acostó con Bilháh, concubina de su padre, y que Israel lo oyó, pero dentro del pensamiento rabínico este pasaje abre un análisis mucho más profundo que el simple acto que parece describir.

Los sabios del judaísmo, especialmente en el Talmud Bavli Shabat 55b, enseñan algo que cambia completamente la lectura del texto: quien afirma que Reubén pecó de manera sexual está equivocado. Esta afirmación no elimina la gravedad del acto, sino que nos obliga a entender que la Torá está hablando en un lenguaje que va más allá de lo literal. No se trata de ignorar lo que dice el texto, sino de comprender cómo lo está diciendo y por qué lo expresa de esa manera.

Cuando vamos al comentario de Rashi encontramos una explicación que conecta con el contexto familiar que ya venimos estudiando. Después de la muerte de Rahel, Iahacov coloca su lecho en la tienda de Bilháh. Esto para Reubén no era algo indiferente, porque él es hijo de Leáh y ve esto como una deshonra hacia su madre. En su reacción, Reubén interviene y mueve el lecho de su padre. Este detalle es clave, porque en la mentalidad hebrea alterar el lecho del padre no era algo simbólico o ligero, sino una acción extremadamente seria, relacionada con la intimidad y la autoridad del padre dentro del hogar.

Por eso la Torá lo expresa con el lenguaje “se acostó con Bilháh”. No necesariamente porque haya ocurrido una relación sexual literal, sino porque el acto de intervenir en el lecho del padre es considerado como si se hubiera cometido esa transgresión. Aquí vemos un principio importante en la forma en que la Escritura comunica ciertas acciones: hay actos que, por su peso moral, se describen como si fueran mayores de lo que fueron físicamente.

Ahora, aunque los sabios aclaran que no se trata de un acto sexual literal, esto no significa que lo que hizo Reubén fuera algo menor. La misma Torá nos muestra las consecuencias cuando más adelante Iahacov habla sobre sus hijos en Bereshit (Génesis) 49:3-4, donde le dice que no será el principal porque subió al lecho de su padre. Leamos:

Bereshit (Génesis) 49:3-4 Reubén, mi primogénito eres tú. Mi fuerza y el comienzo de mi vigor, preeminente en elevación. Preeminente, fuerte. Presuroso cual aguas, no serás preeminente: cuando subiste sobre la cama de tu padre, entonces profanaste mi lecho; él subió.

Aquí entendemos que su acción tuvo un impacto real en su destino, perdiendo su posición como primogénito. Es decir, no fue un pecado de lujuria según esta interpretación, pero sí fue un error grave nacido de una reacción impulsiva y emocional.

También es importante mencionar que existen algunas interpretaciones que toman el texto de forma literal, entendiendo que sí hubo una relación, pero esta no es la línea principal dentro del judaísmo rabínico. La mayoría de los sabios prefieren entender el texto de una manera que preserve la dignidad de los patriarcas, sin dejar de reconocer sus errores.

Ahora, entrando al hebreo del texto, encontramos una parte clave que ha generado todo este debate. La expresión es וַיִּשְׁכַּב אֶת־בִּלְהָה (vayishkav et Bilháh). El verbo וַיִּשְׁכַּב proviene de la raíz שָׁכַב (shakav), que significa acostarse o yacer. Este verbo en muchos lugares de la Torá, especialmente cuando aparece junto con la partícula et אֶת y una persona, se usa como un eufemismo claro de relación sexual. Es decir, desde el punto de vista lingüístico, el texto sí permite una lectura literal sin problema.

Sin embargo, aquí es donde entra la diferencia entre leer el idioma y entender el mensaje. Los sabios no niegan el significado del verbo, sino que interpretan el contexto. Para ellos, el texto utiliza este lenguaje fuerte para expresar la gravedad del acto de Reubén, no necesariamente para describir un hecho físico tal como se entiende de forma directa. Es una forma de enseñar que hay acciones que afectan el orden familiar y la honra del padre de tal manera que son consideradas como si fueran una transgresión mayor.

De esta manera podemos entender que el texto no solo nos está contando un hecho, sino que nos está mostrando cómo una decisión impulsiva puede tener consecuencias profundas. Reubén no actuó por lujuria según esta línea de interpretación, sino por una reacción emocional relacionada con el honor de su madre, pero aun así cruzó un límite que no debía cruzar. La Torá lo expresa con un lenguaje fuerte para que el lector entienda el peso real de su acción, no solo en lo que hizo, sino en lo que representó.

Y al final esta acción que realizó Reubén podrá seguir siendo tema de discusión entre ambas partes, indicando un lado que fue un acto de lujuria y por el otro lado como una reacción impulsiva y emocional. Nos deja ver cómo estas dos posibles acciones le quitaron el derecho de primogenitura a Reubén, ya que la Torá más adelante marca esta grave acción. Leamos:

1 Crónicas 5:1 Los hijos de Rubén, primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito);

La acción que realizó Reubén en contra de su padre se pudiera entender como un desafío en contra de su padre, como un arrebato que lo hizo perder esa gran primogenitura que para el pueblo de Israel era importante. Iahacov más que nadie lo sabía, la importancia de la primogenitura, de la bendición de ser el primero, y al final para Reubén eso fue arrebatado por el impulso. Quizás como dice el texto, Reubén era como el agua, presuroso. Quizás si comprendemos al igual que los sabios indican que ahora, después de la muerte de Rahel, por el amor que le tenía Iahacov pensaba estar con la sierva de Rahel. Reubén, en un arrebato, quiso defender lo que le correspondía a su madre Leáh e hizo esta acción. Ahora, como la otra parte indica que el texto literalmente indica que Reubén se acostó con Bilháh, se pudiera igual comprender que al hacer ese acto Iahacov dejaría a Bilháh y se allegaría mejor a su otra esposa Leáh.

Mi objetivo de este estudio no es entrar en contradicciones o en un tono de debate sobre qué realmente pasó entre estos tres personajes: Iahacov, Reubén y Bilháh. La Torá es clara: Reubén tomó una decisión en base a sus emociones, a sus impulsos. Por eso la Torá deja estos tres versículos: el de Bereshit (Génesis) 35:22 mostrando la acción que hizo Reubén en contra de su padre sin dar más detalle, pero vemos en capítulos después, en Bereshit (Génesis) 49:3-4, que esa acción sí tuvo una grave consecuencia. La Torá no lo deja como algo aislado; lo muestra en ese versículo que Reubén por derecho era el primogénito, pero por haber entrado en el lecho de su padre ahora ya no sería el principal. Y esto se vuelve a ver en el libro de 1 Crónicas 5:1, ahora indicando a quién se le dio ese derecho y no fue a cualquier persona, sino a los hijos de José, hijo de Rahel.

Imaginemos lo que debió de haber pasado Reubén. Si utilizamos el texto como lo entienden los rabinos, que lo que hizo Reubén, esa grave acción, fue solo para darle honor a su madre, ahora el honor que tenía su madre Leah era que Reubén era el primogénito por derecho. Ahora esa primogenitura fue pasada al primogénito de Rahel, a José, por medio de sus dos hijos Efraín y Manasés.

Y este mensaje es el que quiero llegar.

Hermanos, la historia de Reubén nos recuerda con fuerza una verdad profunda que Yeshua enseñó repetidamente: nuestras decisiones impulsivas, aunque nazcan de un corazón que busca justicia o honor, pueden tener consecuencias eternas si no son guiadas por la sabiduría y el control del Espíritu. Yeshua nos llamó a guardar nuestro corazón, porque de él mana la vida (Mateo 12:35; Proverbios 4:23), y nos advirtió que la ira del hombre no obra la justicia de Dios (Santiago 1:20).

Reubén perdió su primogenitura no solo por lo que hizo, sino por cómo lo hizo: actuando desde la emoción del momento en lugar de confiar en el Dios que ve la aflicción y restaura con justicia perfecta. Del mismo modo, Yeshua nos invita a tomar nuestra cruz diariamente, a morir al impulso carnal y a vivir en obediencia humilde al Padre.

Que esta enseñanza nos impulse a ser hombres y mujeres que, ante la injusticia o el dolor familiar, no respondamos con arrebatos que profanen lo sagrado, sino con el amor paciente, el perdón y la confianza en el Señor que Yeshua modeló. Porque al final, la verdadera primogenitura —la herencia eterna— no se gana por derecho de nacimiento ni se pierde por un error impulsivo cuando vivimos rendidos al Mesías. Que el Espíritu Santo nos guarde de profanar el lecho de nuestra fe y nos haga herederos dignos del Reino, donde el honor verdadero proviene de andar en humildad y obediencia.

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