Texto bíblico
Bereshit (Génesis) 37:19-22 Dijeron el uno al otro: He aquí, el hombre de los sueños —aquél— está viniendo. Y ahora venid, matémosle y arrojémosle en alguna de las cisternas y diremos: Una fiera salvaje le ha devorado. ¡Y veremos qué serán sus sueños! Lo escuchó Reubén y le libró de manos de ellos. Dijo: ¡No atentemos contra su vida! Les dijo Reubén: ¡No derraméis sangre! Arrojadle a esta cisterna que está en el desierto, ¡mas la mano no tendáis contra él! —para librarle de la mano de ellos, para devolverle a su padre.
Bereshit (Génesis) 37:26-27 Dijo Iehudáh a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre? Vamos, vendámosle a los Ishmeleím mas nuestra mano no sea contra él; pues nuestro hermano, nuestra carne es. Y le escucharon sus hermanos.
En esta Parasha quiero mostrar cómo la identidad de los hijos de Iahacov (Jacob) va tomando formas mientras leemos su Torá. En las Parashot anteriores hemos visto cómo sus decisiones marcaron el rumbo de esta grande nación y quiero recordarles que estos 12 hijos y 1 hija, hasta el momento de lo que llevamos de estudio, no fueron buenas decisiones.
Primero encontramos que Dináh (Dina), la hija de Iahacov, fue abusada por un príncipe por querer conocer la cultura de las jóvenes de Quenahan (Canaán). A simple vista pareciera ser algo inofensivo querer conocer alguna cultura diferente, pero a veces esa toma de decisiones sin conocimiento de la historia pueden traer grandes consecuencias. Por eso Hashem recuerda al pueblo de Israel siglos después de que son liberados de la esclavitud en Egipto y los está llevando a esta tierra donde Dináh fue abusada siglos antes que no se tiene que relacionar, que no deben de juntarse, emparentar, ni siquiera conocer, porque esa decisión que tomó a su tiempo Dináh no fue una buena decisión, y es por eso que Hashem les ordena que no se mezclen.
Devarim (Deuteronomio) 7:3-4 No te emparientes con ellos: tu hija no darás para su hijo, y su hija no tomarás para tu hijo. Ya que apartará a tu hijo de en pos de Mí y servirán dioses otros; y se encenderá el furor de Adonai contra vosotros y te destruirá pronto.
Ahora vemos que después de que el príncipe de Shejem abusa de la hija de Iahacov, entran en escena ahora dos hijos de Iahacov: Shimhón (Simeón) y Leví. Aunque la Torá muestra que cuando el padre de Shejem y su hijo van con Iahacov a querer remediar el abuso que hicieron con su hija al querer tomarla como esposa, la Biblia muestra que los hijos de Iahacov hablaron con engaño para llegar a un acuerdo. La Biblia generaliza que todos hablaron con engaño pero versículos después nombra a Shimhón y Leví, hermanos directos de Dináh. Recordemos que Iahacov tuvo hijos de 4 mujeres y ya hemos explicado esto en estudios pasados: tuvo 7 hijos con su primer esposa que es Leáh (Lea), 2 hijos con Rahel (Raquel) que fue su segunda esposa, 2 hijos con la sierva de Rahel, y 2 hijos con la sierva de Leáh. En otro estudio hablaré más de esta genealogía y las decisiones que tomaron tanto Leáh y Rahel de darle a sus siervas por concubinas a Iahacov. Pero regresando al tema principal, Shimhón y Leví eran hermanos directos de Dináh por parte de su madre Leáh. Y al conocer lo que hizo el príncipe de Shejem deciden ir a la ciudad y matar a todo habitante a filo de espada en venganza. Nuevamente vemos que una decisión que probablemente ellos lo vieron de justicia, que en realidad era venganza, hizo que la tierra de Quenahan ahora tratara de eliminar a Iahacov y a toda su casa y esta decisión de sus 2 hijos hizo que Iahacov huyera con toda su casa para evitar ser exterminados.
Bereshit (Génesis) 35:5 Partieron y hubo terror de Elohim sobre las ciudades que estaban en su derredor y no persiguieron a los hijos de Iahacov.
Ahora Iahacov se instaura en otra región de Quenahan más allá de Migdal Héder y la Torá muestra que muere su esposa Rahel y su hijo primogénito Reubén (Rubén) va y se acuesta con la concubina de su padre Iahacov. Este estudio fue explicado en la Parasha anterior donde hablamos por qué Reubén hizo esta acción, y mostré más detalladamente que nuevamente esta decisión hizo que perdiera su primogenitura, fuera dada ahora a los hijos de Iosef (José). Aquí vemos que los 4 hijos de Leah —Dináh, Shimhón, Leví y Reubén— tomaron malas decisiones y ocasionaron desestabilización familiar y ahora se introduciría otro hijo de Leah, Iehudáh, al tomar la decisión de vender a su hermano menor Iosef.
Para entrar ahora sí al tema principal recordemos que Rahel llega a tener dos hijos ya en la ancianidad de Iahacov y estos fueron Iosef y Biniamín (Benjamín). Después que Rahel le da a su segundo hijo a Iahacov, Rahel muere ya que el parto se complica. Se puede entender que Iahacov tiene un apego mayor con los hijos de Rahel y más con el primogénito de Rahel.
Bereshit (Génesis) 37:3 Empero, Israel amaba a Iosef más que a todos sus hijos —ya que era para él hijo de su ancianidad— y él le había hecho una túnica ornamentada.
Debido a esto y por ser mayoría hijos descendientes de Leah tuvieron envidia de su hermano Iosef y aquí no quiero incluir a Biniamín ya que si nos vamos cronológicamente él pudiera ser un infante de 1 a 5 años probablemente ya que recordemos que la Torá muestra que fue el último en nacer. El más grande era Reubén que pudiera rondar entre los 23 años, Simeón entre los 22 años, Leví entre los 21 años, Judá entre los 20 años, Isacar entre los 19 años, Zabulón entre los 18 años, Dina entre los 17 o 18 años. Estos siendo los hijos de Lea.
Ahora de la sierva de Raquel Bilha su hijo Dan entre 20 o 21 años y Neftalí de 19 a 20 años.
Ahora de la sierva de Lea Zilpa tuvo a Gad que pudiera tener entre 19 a 20 años y Aser entre 18 y 19 años.
Y como ya les había comentado Raquel tuvo 2 hijos: José que en el momento que pudo haber sido vendido por sus hermanos él pudiera haber tenido entre 17 años y su hermano Benjamín probablemente entre 1 a 5 años o incluso pudiera ser un recién nacido. Todas estas edades son suposiciones que si leemos Bereshit en orden cronológico nos pudieran dar estas edades para poder comprender un poco las edades de los hijos de Iahacov en el momento que sus hermanos deciden primero matarlo pero al final el que decide venderlo fue su hermano Iehudáh.
Leamos nuevamente cómo reaccionan tanto Reubén como Iehudáh.
Bereshit (Génesis) 37:26-27 Dijo Iehudáh a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre? Vamos, vendámosle a los Ishmeleím mas nuestra mano no sea contra él; pues nuestro hermano, nuestra carne es. Y le escucharon sus hermanos.
Ahora que dicen los sabios de estos dos textos podemos ver algo más profundo que solo la historia que leemos, porque los sabios de Israel explican que aquí no solo hay una decisión, sino dos formas diferentes de actuar delante del pecado y la responsabilidad.
Primero sobre Reubén los sabios enseñan que él no estaba de acuerdo con matar a Iosef, la misma Torá dice que lo quería librar para devolverlo a su padre, es decir su intención no era mala, él quería salvarlo completamente, pero no lo hizo de frente, no se levantó contra sus hermanos para detenerlos directamente, sino que buscó una forma indirecta diciendo que lo echaran a la cisterna.
Los sabios explican que esta cisterna no era un lugar seguro, incluso mencionan que había serpientes y escorpiones, entonces Reubén en lugar de poner su vida o su autoridad para salvar a su hermano, lo deja en una situación de peligro esperando regresar después, como quien dice hizo lo correcto pero a medias, tuvo buena intención pero no tuvo firmeza para actuar completamente, y algunos sabios también dicen que él buscaba reparar su error anterior con su padre, entonces su acción también tenía una carga personal.
Después vemos a Iehudáh y los sabios dicen que él cambia el rumbo de la historia, porque evita que maten a Iosef, pero su razón no es completamente pura, cuando él dice qué provecho hay en matarlo, los sabios entienden que también había un interés, no solo compasión, sino que vio una oportunidad en venderlo, entonces él salva la vida de su hermano pero permite su sufrimiento.
Los sabios enseñan que Iehudáh pudo haber ido más allá y haberlo regresado con su padre como Reubén quería hacerlo, pero no lo hizo, tomó una decisión intermedia, ni lo mató pero tampoco lo salvó completamente, y por esta razón dicen que él carga responsabilidad por lo que pasó después.
Y aquí es donde los sabios conectan esto con lo que viene después en la vida de Iehudáh, porque su historia no termina aquí, sino que pasa por un proceso.
Bereshit (Génesis) 38:25-26 Ella fue sacada, y ella envió a su suegro, diciendo: Del varón a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y dijo: Reconoce, por favor, de quién son este sello, este cordón y este báculo. Entonces reconoció Iehudáh y dijo: Más justa es ella que yo, porque no la he dado a Shelá mi hijo. Y no la conoció más.
Aquí los sabios dicen que por primera vez Iehudáh asume su error públicamente, ya no es como antes que calcula o encubre, ahora reconoce y dice ella es más justa que yo, este es un cambio interno muy fuerte.
Y ese cambio llega a su punto más alto cuando se enfrenta a Iosef sin saber que es su hermano.
Bereshit (Génesis) 44:32-33 Porque tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo devuelvo, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre. Ahora, pues, te ruego que quede tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven suba con sus hermanos.
Aquí los sabios dicen que Iehudáh ya no es el mismo, ahora no está buscando provecho, ni una salida fácil, ahora está dispuesto a entregar su vida por su hermano, lo que no hizo con Iosef ahora lo hace con Biniamín.
Entonces los sabios ven un contraste muy fuerte: Reubén quiso hacer lo correcto pero no tuvo la fuerza para hacerlo completamente. Iehudáh no comenzó bien, pero fue transformado hasta llegar a dar su vida por su hermano.
Ahora sí vemos lo que sucede cuando Iahacov da sus bendiciones en Bereshit 49. Los sabios explican que esto no es solo una bendición, es como un espejo donde se refleja todo lo que hicieron antes, aquí ya no hay intenciones, aquí ya se ve el resultado final de sus decisiones.
Comenzamos con Reubén.
Bereshit (Génesis) 49:3-4 Reubén, mi primogénito eres tú. Mi fuerza y el comienzo de mi vigor preeminente en elevación. Preeminente, fuerte. Presuroso cual aguas, no serás preeminente: cuando subiste sobre la cama de tu padre, entonces profanaste mi lecho; él subió.
Los sabios enseñan que aquí se ve claramente la consecuencia de su acción, no solo perdió la primogenitura, sino que también perdió el liderazgo que le correspondía por ser el primero. Dicen que su problema no fue solo lo que hizo con Bilha, sino su falta de estabilidad, era impetuoso, como agua que no se puede contener, y eso mismo vimos cuando intentó salvar a Iosef, quiso hacer lo correcto pero no tuvo la firmeza para hacerlo completamente.
Ahora vemos a Shimhón y Leví.
Bereshit (Génesis) 49:5-7 Shimhón y Leví, hermanos. ¡Objetos de violencia son sus armas! En su conciliábulo no esté mi ser, En su congregación no se reúna mi persona, pues con su furor han matado a hombres y con plena voluntad han desgarrado toros. Maldecido sea su furor, pues es violento. Y su saña, pues ha sido dura. Habré de dividirlos entre Iahacov y dispersarlos entre Israel.
Los sabios dicen que esto es directamente por lo que hicieron en Shejem, su celo sin control se convirtió en violencia. Pero aquí hay algo profundo, porque aunque ambos reciben la misma palabra, su destino no termina igual. Shimhón es absorbido dentro de Judá, pierde fuerza como tribu. Leví es esparcido también, pero los sabios enseñan que Leví transforma ese celo y lo usa para Hashem.
Shemot 32:26 Se puso de pie Mosheh en la puerta del campamento y dijo: ¡Quién está con Adonai, que venga hacia mí! Y se reunieron en torno de él todos los hijos de Leví.
Aquí los sabios dicen que Leví toma esa misma intensidad que antes fue para destrucción y ahora la usa para defender el nombre de Hashem, por eso aunque fue esparcido, no fue destruido, sino apartado para servicio.
Ahora entramos con Iehudáh.
Bereshit (Génesis) 49:8-10 ¡Iehudáh, tú, te loarán tus hermanos! Tu mano estará en la nuca de tus enemigos. Habrán de prosternarse ante ti los hijos de tu padre. ¡Cachorro de león eres tú, Iehudáh! De la presa devorada, hijo mío, has ascendido. Se ha postrado y yace cual león y cual leona, ¡Quién habrá de levantarlo! No habrá de apartarse el cetro de Iehudáh, ni el bastón del legislador de entre sus pies, hasta que venga Shilóh y a él obedecerán los pueblos.
Aquí los sabios hacen una pregunta fuerte, cómo es que Iehudáh recibe el liderazgo si fue el que propuso vender a su hermano. Y la respuesta que dan es que Iehudáh hizo algo que los demás no hicieron, él reconoció su error y cambió.
Bereshit (Génesis) 38:25-26 Ella era sacada y ella mandó decir a su suegro: Del hombre a quien estas cosas pertenecen yo estoy encinta. Y dijo: Reconoce —ahora— de quien es el sello, los cordones y el cayado, éstos. Lo reconoció Iehudáh y dijo: Ella es más justa que yo, ya que no la he dado para Shelá, mi hijo. Y él no volvió más a intimar con ella.
Los sabios dicen que aquí Iehudáh rompe con el orgullo, ya no encubre, ya no calcula, ahora reconoce públicamente su error. Y ese cambio llega a su punto más alto cuando se enfrenta a Iosef sin saber quién es.
Bereshit (Génesis) 44:32-33 Pues tu servidor ha salido fiador por el mozo, frente a mi padre, diciendo: Si no te lo trajere hasta ti, habré pecado para mi padre por todos los días. Y ahora, permanezca por favor tu servidor en lugar del mozo como esclavo para mi señor, pero que el mozo ascienda con sus hermanos.
Aquí los sabios enseñan que Iehudáh hace lo que no hizo antes con Iosef, ahora no busca provecho, ahora no busca salida fácil, ahora está dispuesto a dar su vida por su hermano.
Entonces los sabios concluyen algo muy claro: Reubén tenía la posición, pero la perdió por su inestabilidad. Shimhón y Leví tenían celo, pero uno lo dejó en violencia y el otro lo transformó. Iehudáh no comenzó bien, pero cambió, reconoció y asumió responsabilidad.
Y la enseñanza que dejan es que no basta con tener buenas intenciones ni con evitar lo peor, sino que Hashem busca responsabilidad completa, reconocer el error y estar dispuesto a corregirlo aun si cuesta todo.
Esta Parasha nos revela que la verdadera transformación no nace de la perfección inicial, sino de la humildad para reconocer nuestros fallos y la valentía para cambiar. Yeshua, el Mesías, nos enseñó exactamente esto: “El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35). Como Iehudáh, que pasó de calcular y vender a su hermano a ofrecerse como rescate por Benjamín, Yeshua nos llama a pasar de intenciones a medias a una entrega total. No se trata solo de evitar el mal, sino de elegir el bien con todo el corazón, asumiendo responsabilidad y restaurando lo roto. Que esta historia nos impulse a ser como Leví, convirtiendo nuestro celo en servicio santo, y como Iehudáh, permitiendo que el arrepentimiento genuino nos lleve al liderazgo que honra a Dios. En Yeshua encontramos la gracia que transforma nuestras peores decisiones en testimonios de redención.
Shalom.

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