Texto bíblico
Bereshit (Génesis) 38:1-5 Ocurrió en aquel tiempo, que Iehudáh descendió de con sus hermanos y se dirigió hacia un hombre Hadulamí y su nombre era Hiráh.Vio allí Iehudáh la hija de un hombre Quenahaní cuyo nombre era Shúah, la tomó y cohabitó con ella. Concibió y dio a luz un hijo y llamó él a su nombre: Her. Concibió otra vez y dio a luz un hijo y ella llamó a su nombre: Onán. Volvió a concebir y dio a luz un hijo y ella llamó a su nombre: Sheláh.
Hoy quiero hablar de una historia que cuenta la Biblia y que interrumpe momentáneamente lo que ya veníamos estudiando de las decisiones que tomaron los hijos de Iahacov (Jacob), como Reuben (Rubén) se mete con la concubina de su padre, como Iehudáh (Judá) decide vender a su hermano Iosef (José), y la Torá muestra que Iosef es vendido a una caravana de Ishmehelim. Le dan la noticia a su padre Iahacov engañándolo que una fiera del campo lo mató y solo encontraron su manto lleno de sangre. La historia de Iosef de cómo es vendido termina momentáneamente en Bereshit (Génesis) capítulo 37, ya que el capítulo 38 interrumpe lo que sucedió con Iosef y cuenta una historia que muchos pudieran confundirse, como si el recopilador de estos textos accidentalmente hubiese puesto erróneamente esta historia y no llevara la secuencia correcta cronológicamente.
Pero nada en la Torá es un error. Esta historia es una continuación de las decisiones de sus hijos, y te preguntarás cómo es esto posible. Y te entiendo, a mí me costó comprender esto, pero cuando se estudia la Torá en su forma original en los textos hebreos la secuencia sale a la luz y nos da la respuesta a esta historia.
La historia de Iosef ya siendo vendido en el capítulo 37 termina donde Iahacov se entera que su hijo favorito fue atacado por una fiera y sus hijos hacen creer su muerte llevándole el manto. Leamos:
Bereshit (Génesis) 37:35-36 Dijo Iehudáh a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre? Vamos, vendámosle a los Ishmeleím mas nuestra mano no sea contra él; pues nuestro hermano, nuestra carne es. Y le escucharon sus hermanos.Se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarle, mas él se negó a ser consolado. Y dijo: Pues habré de descender hasta mi hijo – en duelo – al sepulcro. Y le lloró a él su padre. Empero, los Medanim le habían vendido en Egipto a Potifar, cortesano de Parhó – jefe de mayordomos.
Aquí vemos cómo el capítulo 37 termina dando la información que ahora Iosef se encuentra en Egipto vendido a Potifar, pero al darle vuelta a la página llegando al capítulo 38 nos encontramos con la interrupción de la historia de Iosef y con una historia que para muchos es ignorada pero muestra el enlace de una dinastía mesiánica con Iehudáh.
El capítulo 38:1 dice:
Bereshit (Génesis) 38:1 Ocurrió en aquel tiempo, que Iehudáh descendió de con sus hermanos y se dirigió hacia un hombre Hadulamí y su nombre era Hiráh.
Pregunta que nos hacemos siempre: ¿Por qué “descendió” (vayered)? No es solo geográfico. Rashi explica que después de la venta de Iosef, los hermanos culparon a Iehudáh: “Tú nos dijiste que lo vendiéramos, y ahora nuestro padre está destrozado”. Leamos:
Bereshit (Génesis) 37:26-27 Dijo Iehudáh a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre? Vamos, vendámosle a los Ishmehelim mas nuestra mano no sea contra él; pues nuestro hermano, nuestra carne es. Y le escucharon sus hermanos.
Iehudáh se apartó, bajó espiritualmente, y se mezcló con los Quenahaní (Cananeos). Ramban añade que este “descenso” es el resultado directo de su decisión en Bereshit (Génesis) 37: el que lideró la traición contra su hermano ahora lidera su propia familia hacia el error. Decisiones que cambian la historia… para mal, al principio.
Iehudáh se casa con la hija de un cananeo llamado Shúah (no se menciona su nombre, detalle importante según los sabios: era de una nación que Hashem había condenado). Tienen tres hijos: Her (Er), Onán, y Sheláh (Selá). Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:3-5 Concibió y dio a luz un hijo y llamó él a su nombre: Her. Concibió otra vez y dio a luz un hijo y ella llamó a su nombre: Onán. Volvió a concebir y dio a luz un hijo y ella llamó a su nombre: Sheláh.
Ahora la historia cuenta que su hijo primogénito Her le consiguió por esposa a una mujer llamada Tamar, pero algo impresionante que muestra la Torá es que Hashem mata a su hijo primogénito. ¿Será que fue por lo que le hizo a su hermano Iosef, o porque tendría descendencia de los cananeos? Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:7 Mas fue Her – primogénito de Iehudáh – desagradable ante los ojos de Adonai y Adonai causó su muerte.
¿Qué hizo Her? Según el Midrash (Bereishit Rabbah 85:4) y Rashi: Her no quería que Tamar tuviera hijos porque temía que su belleza se arruinara en el embarazo. Otros sabios indican que Her pudo haber tenido corrupción moral, recordemos que en estudios anteriores desde la deshonra de Dináh la Torá nos mostraba cómo eran los habitantes de Quenahán, eran personas inmorales, con dioses paganos, no tenían lealtad y pudiera ser que este hijo de Iehudáh practicara todo esto. Pero haciendo caso a los primeros sabios que indicaron que la muerte de Her pudiera haber sido por no cumplir en sus deberes maritales con Tamar, la Torá nos muestra que su hermano también tuvo ese mismo final pero aquí sí la Torá muestra por qué. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:8 Dijo Iehudáh a Onán: Allégate a la esposa de tu hermano y cumple tu deber como cuñado y constituye descendencia para tu hermano.
Aquí la Torá muestra que Onán tiene que cumplir el levirato que es una práctica social y legal antigua según la cual, cuando un hombre muere sin descendencia, su hermano (u otro pariente cercano) debe casarse con la viuda. Ya que el objetivo principal de esto es asegurar descendencia al fallecido, especialmente un heredero varón, proteger a la viuda, dándole apoyo económico y social dentro de la familia y mantener los bienes y el apellido dentro del mismo linaje. Esto lo encontramos en la Torá. Leamos:
Devarim (Deuteronomio) 25:5 Cuando vivieren hermanos: contemporáneos; y falleciere uno de ellos e hijo no tuviere… No podrá ser esposa -la mujer del fallecido- afuera: para un hombre ajeno. El hermano de su esposo deberá cohabitar con ella, y la tomará para él: esposa y cumplirá con ella el levirato.
Ahora comprendiendo esto Onán tenía que cumplir una ley que siglos después fue recordada al pueblo de Israel de lo que tenían que hacer cuando un miembro de la familia hombre hubiere muerto y no hubiere dejado descendencia a la viuda. Pero la Biblia relata que Onán no cumple al cien por ciento esta ley. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:9-10 Mas sabía Onán que no sería para él la descendencia y ocurrió que cuando cohabitaba con la esposa de su hermano, destruía (su semen) a tierra, para no proveer descendencia para su hermano. Fue desagradable ante los ojos de Adonai, lo que él había hecho y le causó la muerte también a él.
Onán, obligado al levirato “derramaba su simiente en tierra” para no dar descendencia a su hermano muerto. Ramban dice que ambos pecados eran contra la continuidad de la semilla de Abraham: querían cortar la línea que Hashem había prometido. Por eso Hashem los quitó.
Ahora solo le quedaba un solo hijo a Iehudáh y este era Sheláh. A Sheláh le correspondía continuar con este levirato pero había un problema: él todavía no estaba en edad de aparejarse con Tamar por lo cual Iehudáh le pide que como era tradición Tamar se pusiera su ropa de viuda hasta que su hijo tuviera edad para tomarla como esposa. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:11 Dijo Iehudáh a Tamar – su nuera: Permanece viuda en la casa de tu padre hasta que crezca Sheláh, mi hijo. Pues él había pensado: No sea que muera también él, como sus hermanos. Se fue Tamar y permaneció en casa de su padre.
Aquí vemos nuevamente otra mala decisión de Iehudáh, no querer darle a su tercer hijo a Tamar y la Biblia lo explica porque Sheláh creció, pero Iehudáh, temiendo que Tamar fuera “maldita” (como si ella fuera la causa), no cumplió su promesa de dársela como esposa. Tamar quedó viuda, sin protección, en una cultura donde la continuidad familiar era todo.
Iehudáh, el mismo que había dicho “¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano?” ahora prácticamente condena a su nuera a la esterilidad. El que falló con su hermano ahora falla con su nuera.
Pero Tamar no se queda callada. Espera, ve que Sheláh ya es grande y Iehudáh no cumple y esta decisión marca nuevamente un rumbo inesperado. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:12-19 Transcurrieron muchos días y murió la hija de Shúah – esposa de Iehudáh. Cuando se hubo consolado Iehudáh, subió hacia los esquiladores de sus ovejas, él y Hiráh, su amigo, el Hadulamí, a Timnáh. Le fue anunciado a Tamar, diciendo: He aquí, tu suegro está subiendo a Timnáh para esquilar sus ovejas. Quitó las ropas de su viudez de sobre sí, se cubrió con un velo y se revistió; se sentó en la encrucijada de los manantiales, que estaba en el camino hacia Timnáh – pues ella vio que había crecido Sheláh y ella no había sido dada a él por esposa. La vio Iehudáh, mas le creyó una ramera, pues ella se había cubierto su rostro. Se desvió hacia ella, al camino y dijo: Vamos ahora y cohabitaré contigo – ya que él no supo que ella era su nuera. Dijo ella: ¿Qué habrás de darme cuando cohabitares conmigo? Dijo él: Yo enviaré un macho cabrío de las ovejas. Dijo ella: Si das una prenda, hasta que tú lo mandes. Dijo él: ¿Cuál es la prenda que habré de darte? Dijo ella: tu sello y tu cordón y tu cayado que está en tu mano. Se lo dio y cohabitó con ella y quedó encinta de él. Levantose ella y se fue. Se quitó el velo de sobre sí y vistió las ropas de su viudez.
La Torá es clara. Tamar toma una decisión difícil pero astuta: se quita los vestidos de viuda, se cubre con un velo y se sienta en la entrada de los manantiales. Iehudáh la toma por prostituta, le da su sello, su cordón y su bastón como prenda, y se une a ella y la embaraza. Si leíste bien Tamar queda embarazada de su suegro. En qué momento esta decisión pudo marcar la vida de Iehudáh. Decisión tras decisión de Iehudáh solamente le traía consecuencias graves y quiero que la empecemos a enumerar:
- Decide vender a su hermano por unas monedas
- Decide abandonar la casa de su padre para vivir con gente pagana
- Se casa con una mujer de Quenahán algo que sus ancestros no lo veían bien
- Decide no cumplir con el levirato de su hijo Sheláh
- Y por último embaraza a su nuera Tamar
Vemos que en realidad ese león de Judá que todos hablamos en la Biblia, no fue solo un hombre común como tú y yo con los mismos errores que nosotros cometemos día a día. Este escrito no es para condenarlo o resaltar sus errores, sino el fin de este escrito es mostrar cómo cada hijo de Iahacov de la tribu de Israel que predicamos día a día como hombres perfectos en realidad no lo eran, porque en realidad Hashem usa de lo imperfecto para hacer algo perfecto y ese embarazo estaba dando origen a la línea mesiánica y te preguntarás cómo es posible. Bueno continuemos con esta historia de la vida real porque quizás enumeramos las malas decisiones que tomó Iehudáh pero estaba a punto de cometer otra mala decisión pero aquí hay un giro en estas decisiones. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:24 Ocurrió que al cabo de unos tres meses le fue anunciado a Iehudáh diciendo: Se ha prostituido Tamar – tu nuera – y también está encinta, por prostitución. Dijo Iehudáh: Sacadla, que sea quemada.
Al parecer Iehudáh no era una persona justa, como una persona que en el transcurso de su vida se pasaba tomando malas decisiones, y afectando a su familia. Después de haber escuchado que su nuera había cometido una grave transgresión no dudó en juzgar y tomar una decisión rápida: matar a su nuera. ¿Te sientes identificado o identificada con Iehudáh? Es fácil juzgar y condenar a una persona cuando escuchamos que han cometido algún error, pero no nos damos cuenta que al igual nosotros en ciertas ocasiones hemos sido también esa misma persona. Iehudáh está a punto de cometer otra mala decisión y no porque crea que lo que hizo Tamar lo justificara sino que él fue parte de que Tamar tomara esa decisión, pero aquí nace el nuevo Iehudáh del cual hoy lleva ese cetro de justicia. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:25-26 Ella era sacada y ella mandó decir a su suegro: Del hombre a quien estas cosas pertenecen yo estoy encinta. Y dijo: Reconoce – ahora – de quien es el sello, los cordones y el cayado, éstos. Lo reconoció Iehudáh y dijo: Ella es más justa que yo, ya que no la he dado para Sheláh, mi hijo. Y él no volvió más a intimar con ella.
Aquí vemos el momento cumbre, el reconocimiento y la aceptación de culpa. Aquí Iehudáh pronuncia algo humilde y grande a la vez: Tzadka mimeni que quiere decir “Ella es más justa que yo”.
¡Aquí está la clave que buscamos! Los sabios ven en “tzadka mimeni” el gran teshuvá (arrepentimiento) de Iehudáh. Rashi y el Midrash dicen que en ese momento Iehudáh confesó públicamente su pecado ante todos. No culpó a Tamar, no escondió su responsabilidad. Aceptó su culpa completa: la traición a su hermano, el matrimonio con cananea, la injusticia con Tamar.
El Targum Yonatan y algunos midrashim incluso dicen que Tamar era descendiente de Shem, una mujer recta que buscaba unirse a la línea santa. Su “engaño” no fue por lujuria, sino por fidelidad al plan de Hashem de continuar la semilla de Iehudáh.
Y aquí es donde se empieza a preparar el plan mesiánico por Hashem, recordemos que Hashem es perfecto, es un Dios justo, y todo lo que permite en esta vida es con un propósito que quizás en el momento no entendemos pero el futuro está preparado para algo mejor y de este acto que pudiera ser mal visto por el lector al profundizar las escrituras vemos que la línea mesiánica de Yeshua viene de un hijo de Tamar de la consumación que tuvo con Iehudáh. Leamos:
Bereshit (Génesis) 38:27-30 Ocurrió que en el tiempo de su alumbrar y he aquí que había mellizos en su vientre. Ocurrió en su alumbrar, que uno de ellos, tendió una mano; tomó la partera y ató sobre su mano un hilo escarlata diciendo: Este ha salido primero. Ocurrió, como si retirara su mano y he aquí que salió su hermano. Dijo ella: ¡Qué brecha te has abierto! Y él llamó su nombre: Parets. Y después salió su hermano – el que sobre su mano estaba el hilo escarlata – y él llamó su nombre: Zarah.
Durante el parto, Zarah (Zera) sacó primero la mano y le ataron un hilo rojo, pero luego Parets (Fares) salió primero. Eso sorprendió porque el menor rompió el orden natural.
Muchos sabios ven aquí un patrón bíblico repetido: Jacob sobre Esaú, José sobre sus hermanos, Efraín sobre Manasés y Fares sobre Zera.
Podemos entender que Hashem sigue mostrando que Él elige según Su propósito y no según la expectativa humana.
Y como es que de Parets viene la descendencia mesiánica. Bueno el libro de Crónicas lo afirma y para no tener alguna confusión recordemos que siempre doy los nombres en su idioma original en hebreo y aquí Parets en la traducción al español lo conocemos como Fares así que teniendo esto en cuenta leamos 1 de Crónicas 2:
1 de Crónicas 2:3-5 Los hijos de Judá: Fares y a Zera. Los hijos de Fares: Hezrón. Los hijos que nacieron a Hezrón: Ram, Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Booz. Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.
La Torá es clara: a pesar de los fallos de Iehudáh y la muerte de Her y Onán, Hashem preservó la línea a través de Tamar y Parets. La Torá coloca este capítulo justo después de la venta de Iosef para mostrarnos: las peores decisiones humanas no detienen el plan de Dios.
Ahora si queda alguna duda el libro de Mateo nos da la genealogía del origen de Yeshua en Mateo 1:3. Leamos:
“Iehudáh engendró a Parets y a Zarah de Tamar…”
Yeshua mismo entra en esta historia llena de fallos, engaños, muertes y arrepentimiento. Él es el Parets definitivo: el que irrumpe en nuestra historia rota, el que rompe las cadenas del pecado y abre brecha para la redención.
Iehudáh dijo “tzadka mimeni” – ella es más justa que yo. Yeshua, el León de la tribu de Iehudáh, dice hoy a cada uno de nosotros: “Venid a mí los que estáis cansados… yo soy el que aceptó la culpa por ustedes”.
En esta parasha aprendemos que ningún fallo es demasiado grande. El que vendió a su hermano, el que falló con su nuera, el que casi corta la línea mesiánica… fue restaurado por su arrepentimiento. Y de esa brecha nació el Rey eterno.
¿Estás en un “descenso” como Iehudáh? ¿Has fallado en una decisión que creías que cambiaba todo para mal? Recuerda Tamar y Iehudáh: confiesa, devuelve lo que es de Hashem, y verás cómo Él hace que Parets irrumpa en tu vida.
Shalom.

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