¿Quiénes en Realidad Compraron a José? Ismaelitas y Madianitas

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Texto bíblico

Bereshit (Génesis) 37:27-28 Vamos, vendámosle a los Ishmehelim, mas nuestra mano no sea contra él; pues nuestro hermano, nuestra carne es. Y le escucharon sus hermanos. Empero, pasaron hombres Midianim —mercaderes— y tiraron e hicieron subir a Iosef de la cisterna y vendieron a Iosef a los Ishmehelim por veinte piezas de plata y ellos trajeron a Iosef a Egipto.

En este estudio quiero mostrar dos versículos que parecen ser confusos en orden y en redacción. Como saben, este es un canal de raíces hebreas y trato siempre de escribir los nombres de la forma original, pero como ya el texto es confuso al lector, lo pondré de la forma que conocemos.

La Torá muestra que cuando los hermanos de Iosef (José) lo habían tirado en una cisterna pensando en qué iban a hacer con él, Iehudáh (Judá) elabora un plan para evitar matarlo pero sacar un mayor provecho: venderlo a los Ishmehelim (Ismaelitas). Pero la Torá muestra que pasaron hombres Midianim (Madianitas), dice que sacaron a José de la cisterna, pero ahora dice que lo vendieron a los Ismaelitas.

¿Se contradice el texto en sí? Primero dice que Judá ve a los Ismaelitas. Aquí pudiéramos entender que los hermanos probablemente se encuentran sentados pensando qué van a hacer con José. En eso, a lo lejos, Judá probablemente ve la caravana de Ismaelitas y es aquí cuando le dice a sus hermanos que mejor es vender a José que matarlo.

Ahora probablemente cuando ya la caravana está cerca ven que son madianitas y ellos deciden sacarlo para vendérselo, pero al final no dice que se lo vendieron a los madianitas. leamos:

Bereshit (Génesis) 37:28 Empero, pasaron hombres Midianim —mercaderes— y tiraron e hicieron subir a Iosef de la cisterna y vendieron a Iosef a los Ishmehelim por veinte piezas de plata y ellos trajeron a Iosef a Egipto.

Aquí el texto es claro: vendieron a José por veinte monedas de plata a los Ismaelitas y estos lo trajeron a Egipto. Pero hay un versículo que pudiera contradecir esto y esto se encuentra al final del Bereshit (Génesis) 37. Leamos:

Bereshit (Génesis) 37:36 Empero, los Medanim le habían vendido en Egipto a Potifar, cortesano de Parhó —jefe de mayordomos.

¿Cómo entender esto? Cualquiera que lo leyera pudiera estar confundido y podrías preguntarte: ¿Entonces quién lo compró? ¿Los Ismaelitas o los Madianitas? Y a este punto es al que quiero llegar con el título de esta parasha: ¿Quiénes en realidad compraron a José?

Y para esto tenemos que irnos a capítulos más atrás de esta historia, porque estas dos tribus no eran cualquier tribu. Y como Hashem toma el papel importante para enviar en ese momento a estas dos tribus, la ismaelita y la madianita, leamos:

Génesis 16:1-2 Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.

Génesis 16:15 Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre del hijo que le dio Agar, Ismael.

Génesis 25:1-2 Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.

Ahora, después de haber leído estos versículos y si quizás todavía no comprendes qué estaba pasando, déjame decirte que estos textos muestran que no fue cualquier tribu la que compró a José. Estas dos tribus son descendientes de Abraham: Ismael y Madián = Ismaelitas y Madianitas.

Abraham al no poder tener descendencia con Sara, su mujer se desespera y le da a su sierva Agar como concubina para que pueda engendrar un hijo que al final nace y es llamado Ismael. Pero la Torá muestra que hubo un conflicto entre Sara y Agar, y Abraham, para evitar problemas, manda a su concubina Agar con su hijo Ismael a Egipto. Leamos:

Génesis 21:9-10 Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo.

Aquí podemos ver el conflicto que trajo la decisión de Sara para poderle darle un hijo a Abraham. Antes de sacar Hashem a Abraham de su tierra para llevarlo a una promesa futura, Hashem le dice que deje todo porque lo hará padre de una gran nación, pero al ver Sara que esa promesa no se iba a poder cumplir, por eso toma esa decisión de darle a su sierva sin saber que años después iba a poder tener a Isaac. Pero ahora Isaac no es el primogénito sino Ismael, y la Torá dice que Agar se burlaba del hijo de Sara, lo cual provocó que Sara echara a Agar y su hijo de casa de Abraham. Y como Agar era egipcia, ella decidió irse a vivir a su región. Leamos:

Génesis 21:12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente.

Génesis 21:20-21 Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco. Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto.

Aquí vemos cumplida nuevamente la promesa de Hashem en la historia de José. La descendencia de Ismael seguía intacta, pero también la promesa de su demás descendencia continuaba porque, como les había indicado en estudios anteriores, quizás solo recordamos como único hijo de Abraham a Isaac. Pero la Torá muestra que después de estos eventos de Sara y Agar, Sara muere y Abraham se consigue una segunda esposa después de su muerte, y esta mujer se llama Cetura. Y de estos hijos que le da Cetura, en total seis hijos, y de aquí sale la tribu de Madián conocidos como los madianitas. Y nuevamente Abraham envía a sus hijos a las regiones cercanas de Egipto como lo hizo con Ismael para evitar conflictos con la promesa que Hashem tenía para Isaac. Leamos:

Génesis 25:5-6 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.

Ahora teniendo esto en contexto podemos comprender que el plan de Hashem de enviar a los hijos de Abraham fuera de la tierra prometida no es sino con un propósito, el cual serviría en diferentes ocasiones para mal o para bien. Ya que la descendencia de los madianitas e ismaelitas sabemos en el transcurso de la historia bíblica tuvieron conflictos y esos conflictos siguen existiendo hoy en día con el pueblo de Israel, pero eso es otro tema.

Regresando al tema principal de estas dos tribus que están por comprar a José. Y es aquí donde la historia toma un sentido todavía más profundo y doloroso. José había recibido sueños de liderazgo, sueños donde sus hermanos se inclinaban delante de él, sueños que mostraban un propósito grande de Hashem para su vida. Pero mientras el cielo le mostraba un futuro de autoridad, la tierra le estaba mostrando humillación, rechazo y abandono. El hijo favorito de Iahacov, el que había recibido una túnica especial, ahora estaba siendo tratado como mercancía pasando de mano en mano entre ismaelitas y madianitas.

Y quizás aquí está una de las enseñanzas más fuertes de esta historia. Muchas veces pensamos que cuando Hashem tiene un propósito grande para alguien, el camino será directo, limpio y lleno de honor, pero la historia de José muestra lo contrario. Antes del palacio vino la cisterna. Antes del liderazgo vino la traición. Antes de gobernar Egipto tuvo que sentir el dolor de ser vendido por su propia sangre.

Pero aún más impresionante es entender quiénes participaron en esta venta. No fueron extraños totalmente ajenos al pacto de Abraham. La Torá muestra que quienes terminaron llevándose a José eran descendientes del mismo Abraham: Ismaelitas y Madianitas. Como si la misma descendencia dispersa de Abraham estuviera participando sin saberlo en el plan profético de Hashem.

Lo que para los hermanos era simplemente deshacerse de José, para Hashem era mover piezas mucho más grandes. Ellos pensaban que estaban destruyendo los sueños de José, pero en realidad estaban empujándolo exactamente al lugar donde esos sueños comenzarían a cumplirse. Porque si José no era vendido, nunca llegaría a Egipto. Y si nunca llegaba a Egipto, jamás se convertiría en instrumento para preservar la vida de Israel en medio del hambre.

Por eso la confusión entre madianitas e ismaelitas, lejos de debilitar el relato, lo hace todavía más impactante. José estaba siendo arrastrado en medio del caos, sin entender quién lo compraba, quién lo vendía o hacia dónde iba su vida. Y aun así, por encima del odio de sus hermanos, de las caravanas y de las monedas de plata, Hashem seguía teniendo el control absoluto de la historia.

Esta historia nos recuerda las palabras de Yeshua, quien enseñó que “todas las cosas les ayudan para bien a los que aman a Dios, a los que son llamados según su propósito” (Romanos 8:28). José no entendía el camino de traición y dolor, pero Hashem lo estaba dirigiendo hacia un destino de salvación para su familia y naciones. De la misma manera, Yeshua nos invita a confiar en medio de la cisterna, la venta y la prisión de nuestras circunstancias. Lo que el hombre planea para mal, Dios lo convierte en bien. Que esta verdad nos sostenga: aunque no siempre comprendamos quién nos “vende” o hacia dónde vamos, el Eterno tiene el control total y su propósito de redención siempre prevalece.

Shalom.

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