Texto bíblico
Bereshit (Génesis) 46:29: Enganchó Iosef su carroza y ascendió al encuentro de Israel, su padre, a Goshen. Se apareció ante él, se echó sobre su cuello y lloró sobre su cuello.
Cuando leemos este versículo, quizás llega un momento de felicidad para el lector al ver concluido el reencuentro entre José y su padre Jacob, una historia que veníamos estudiando, donde encontramos envidia, malas decisiones, odio, sufrimiento, amargura y tristeza.
Hoy quiero mostrarte que los sueños, las promesas y el cumplimiento de Hashem con José los podemos ver cumplidos al leer diez capítulos de la Torá. Si nos ponemos a leer desde el capítulo 37, como lo hemos venido haciendo, desde el momento en que José tuvo los sueños, una promesa de grandeza, hasta el capítulo 46, cuando se reencuentra con su padre, podría tomar alrededor de 30 a 40 minutos ver cumplida la promesa de José. Es como si estuviéramos viendo una película, y no dimensionamos que José no pasó 40 minutos de angustia para poder volver a ver el rostro de su padre. Hoy quiero mostrarte la realidad: mostrarte que las promesas de Hashem no tienen fecha y hora exactas. Él solo promete que se cumplirán, y cuando leemos historias como la de José, al cerrar nuestras Biblias creemos que en un instante veremos cumplirse todo, pero en realidad no es así.
Y no con esto quiero decir que Hashem no pueda cumplir una promesa en el segundo en que fue dada. Hashem lo puede hacer, porque para Él nada es imposible. Pero la realidad muestra que, para los grandes siervos de Hashem, sus respuestas no fueron rápidas. Hoy vamos a terminar la serie de José mostrando bíblicamente, y apoyándonos con sabios que pueden dar claridad, cuántos años tuvieron que pasar para que José viera cumplida la promesa de Hashem. Leamos:
Bereshit (Génesis) 37:2: Estas son las generaciones de Iahacov: Iosef, a la edad de diecisiete años, pastoreaba con sus hermanos las ovejas. Él era mozo con los hijos de Bilháh y los hijos de Zilpáh, mujeres de su padre. Y Iosef trajo habladurías acerca de ellos a su padre.
La Torá muestra que José tenía alrededor de 17 años cuando empieza a tener sueños. Es un adolescente que tiene un futuro por delante. Hashem lo visita en sueños, mostrándole que tiene algo grandioso para él. ¿Y cómo no se va a emocionar el muchacho si la historia de sus ancestros, como Abraham, Isaac y su padre Jacob, fue revelada por sueños y por el llamado de Hashem? Ahora José relaciona esos sueños y cree que es su turno de ser bendecido, pues tiene evidencia de que esos sueños que tuvieron sus ancestros se vieron cumplidos por parte de Hashem. Pero lo que él no sabía es que su historia no iba a ser similar a la de sus ancestros, porque quizás no fue fácil para Abraham, para Isaac y para Jacob, pero nunca fueron vendidos, nunca fueron esclavos como lo que iba a vivir José. Leamos:
Bereshit (Génesis) 39:1: En cuanto a Iosef, había sido bajado a Egipto y lo había comprado Potifar, cortesano de Parhó, jefe de mayordomos, hombre egipcio, de manos de los IshmeTielim que lo habían bajado allí.
La Torá muestra que José pudo haber sido vendido a la edad de 17 años. José empieza a experimentar incertidumbre, angustia, dolor y tristeza, pero podríamos pensar que algo que lo puede tener en ese momento confiando son esos dos sueños que Hashem le había dado. Quizás está esperando ese milagro en el que su padre baje a Egipto, lo encuentre y lo rescate, como las historias que le contó su padre cuando Abraham rescató a su sobrino Lot y a toda su parentela, o cuando sus hermanos tuvieron que ir a Siquem a rescatar a su hermana Dina. Quizás José piensa que sus hermanos se arrepintieron o que su padre los obligaría a ir a rescatarlo. José está aferrándose a una promesa, creyendo que en cualquier momento esto sucedería y solo sería una historia más que contar a sus hijos. Pero los días pasaron, los meses pasaron, y ese anhelado rescate empezaba a alejarse de su mente.
Ahora vive en casa de un oficial de Faraón. A simple vista, la Torá muestra que quizás en ese momento José no se la está pasando tan mal, dentro de lo que cabe. Sigue siendo un esclavo, ya no cuenta con libertad ni con autonomía, pero es puesto como jefe de mayordomo. Leamos:
Bereshit (Génesis) 39:3-4: Vio su amo que Adonai estaba con él y todo lo que él hacía Adonai lo hacía prosperar por su mano. Halló Iosef gracia en sus ojos y le asistía a él. Le puso a cargo de su casa y todo lo que él tenía lo entregó en su mano.
La Torá cuenta que José prosperó, obtuvo la confianza de Potifar y llegó a administrar toda su casa. Después fue acusado falsamente por la esposa de Potifar y enviado a la prisión donde estaban los presos del rey. Sin embargo, Génesis 39 no proporciona ninguna edad ni cantidad de años para esta etapa.
Pero, como les había indicado, para esto tendríamos que recurrir a interpretaciones rabínicas sobre cuántos años pudo haber servido José en casa de Potifar antes de ser enviado a la cárcel por una acusación falsa creada por la mujer de Potifar. Los sabios indican que pudo haber durado al servicio de Potifar aproximadamente un año, pero les recuerdo que esto es una interpretación personal que no relatan las Escrituras, aunque los sabios creen que pudiera haber ocurrido.
Ahora, teniendo esto en cuenta, José pudo haber tenido aproximadamente 18 años cuando fue encarcelado. Recordemos que José aparentemente tenía una buena relación con Potifar. La Torá detalla que José halló gracia ante los ojos de Potifar. En ese transcurso del tiempo, me imagino que Potifar fue viendo que era un buen elemento. Quizás lo fue poniendo a prueba para ver su lealtad, su inteligencia y su astucia, y esto lo llevó a encargarse de todo lo que tenía Potifar en casa. Ahora, ¿qué probabilidad había de que en ese tiempo un esclavo llegara a tener control total en las decisiones de la casa de su amo?
Antes de responder esta pregunta, quiero dejar en claro que el control de José como administrador de la casa quizás pudiéramos pensarlo como si José se encargara de que todo en la casa estuviera bien, revisando que el cocinero hiciera el alimento correcto, que los empleados domésticos tuvieran bien limpia la casa, entre otras cosas modernas que podemos ver como funciones de un jefe de mayordomo o administrador de la casa. Pero en realidad, el cargo que tenía José era mucho mayor, y para esto tenemos que irnos a la historia egipcia de los oficiales de Faraón.
En Estados Unidos, en la Quinta Avenida de Nueva York, junto a Central Park, se encuentra el Museo Metropolitano de Arte, conocido como The Met. Allí almacenan grandes colecciones de arte egipcio y cuentan con una colección de un alto funcionario de Faraón que podríamos relacionar con Potifar. Al relacionarlo, no estoy indicando que fuera el mismo Potifar, sino que pudiera tener el mismo rango que Potifar tiene al ser mencionado en la Torá, ya que la Torá dice que Potifar era un oficial de Faraón, capitán de la guardia. En el museo The Met se encuentra la historia de Meketre, quien fue canciller y alto administrador durante el reinado de Mentuhotep II. El Metropolitan Museum conserva modelos de su tumba donde se ven áreas de producción, graneros, carnicería, talleres y administración. En el modelo del granero, el museo explica que había una sección de almacenamiento y otra de contabilidad; además, los hombres que llevaban grano eran menos que los que medían y registraban, y aparecen escribas usando papiros y tablillas. Eso muestra que administrar una “casa” importante era manejar inventarios, cuentas y personal, no solo servir comida.
En realidad, José tenía el control total de la hacienda de Potifar, no solo de su casa, teniendo en cuenta todas las propiedades que tendrían los jefes oficiales de Faraón. Esto reafirma mi teoría de la parashá pasada, donde Potifar no ve a José como un simple esclavo a la hora de comprarlo; lo ve diferente entre todos ellos. Ve su rostro, sus manos, su forma de contestar. Recordemos que José viene de una hacienda similar o más grande que la de Potifar. Jacob lo tenía todo; recordemos que él era bendecido por Hashem. No dudo que Jacob le enseñara a administrar lo que en un futuro iba a ser para sus hijos. A esto súmale que Hashem estaba con José, y todo lo que hacía José hacía que se reflejara en la casa de Potifar. Ahora Potifar lo pone como administrador de sus propiedades, y esto lo confirma la Torá. Leamos:
Bereshit (Génesis) 39:5-6: Ocurrió que, desde que le había puesto a cargo de su casa y sobre todo lo que él tenía, había bendecido Adonai la casa del egipcio por causa de Iosef, y fue la bendición de Adonai en todo lo que él tenía: en la casa y en el campo. Dejó todo lo que él tenía en mano de Iosef, y él no sabía de nada con él, excepto la comida que él comía. Y Iosef era de bella prestancia y de hermoso semblante.
Ahora, regresando al tema principal, la Torá no muestra cuánto tiempo José administró la casa de Potifar desde que fue comprado por él, pero los sabios creen que fue un año antes de que sucediera la segunda tragedia en la vida de José, ya que la primera fue que sus hermanos lo vendieran como esclavo. José ahora es comprado por Potifar, pero empieza a ser bendecido, y quizás José ya no se ve como un esclavo, sino como un jefe, un supervisor; algo que se lo ha ganado por su sabiduría, por su fidelidad, por su honradez y por su lealtad. Pero estos atributos que estoy mencionando son los que van a ocasionar que, del éxito, lo lleven nuevamente a un pozo, nuevamente a la oscuridad, y ahora no por unas horas, como lo hicieron sus hermanos, sino por unos largos años. Leamos:
Bereshit (Génesis) 39:7-23: Ocurrió después de estos eventos, que la mujer de su amo puso sus ojos en Iosef y dijo: ¡Acuéstate conmigo! Se negó y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi amo no sabe nada conmigo de lo que hay en la casa, y todo lo que tiene lo ha entregado en mis manos. Él no es más importante en esta casa que yo; él no ha vedado de mí nada, excepto a ti, ya que tú eres su mujer. ¿Cómo habré de hacer el mal tan grande éste y habré de pecar ante Elohim? Y fue como ella hablaba a Iosef día a día, mas él no la escuchó para acostarse a su lado, para estar con ella. Ocurrió un cierto día, él vino a la casa a hacer su trabajo y no había nadie de la gente de la casa allí, en la casa. Le prendió ella por su ropa, diciendo: ¡Acuéstate conmigo! Empero, él abandonó su ropa en su mano, huyó y salió afuera. Ocurrió que, al ver ella que había abandonado su ropa en su mano y que había huido afuera, llamó a la gente de su casa y les dijo, diciendo: Ved, nos ha traído un hombre hebreo para jugar con nosotros; se ha allegado a mí para acostarse conmigo, mas yo he gritado con voz alta. Pero ocurrió que, al oír él que había levantado mi voz y que había gritado, entonces él abandonó su ropa junto a mí, huyó y salió afuera. Dejó ella la ropa de él junto a ella, hasta que su amo hubo venido a su casa. Le habló de acuerdo a estas palabras, diciendo: Se allegó a mí el esclavo hebreo que nos has traído para jugar conmigo. Pero ocurrió que, cuando yo había levantado mi voz y había gritado, abandonó su ropa cerca de mí y huyó afuera. Ocurrió que, al oír su amo las palabras de su mujer, que le había hablado diciendo: tales cosas me hizo tu esclavo, se encendió su furor. Y tomó el amo de Iosef a él y le puso en prisión, lugar donde los presos del rey estaban encarcelados. Y estuvo allí, en la prisión. Estuvo Adonai con Iosef y le extendió benevolencia e hizo llegar su gracia ante los ojos del alcaide de la prisión. Entregó el alcaide de la prisión en mano de Iosef a todos los presos que se hallaban en la prisión. Todo lo que ellos solían hacer allí, él lo disponía para hacer. El alcaide de la prisión no veía nada de todo lo que estaba a su cargo, por cuanto Adonai estaba con él y lo que él hacía Adonai le hacía prosperar.
Aquí nuevamente vemos la vida de José como una montaña rusa. En un momento se siente en lo alto y en un instante está en lo más bajo. Ahora, de ser el administrador de una gran hacienda, ya no es más que un simple prisionero. Por ser leal a su amo, por hacer lo correcto, por ser honesto con su amo, evitó profanar a su esposa, y eso lo vio Hashem con buenos ojos cuando José le dice a la mujer: “¿Cómo habré de hacer el mal tan grande éste y habré de pecar ante Elohim?”.
Está diciendo: después de ser comprado como esclavo, después de haber hallado gracia ante sus ojos, después de haberme puesto por jefe de todo, ¿por qué tengo que pagarle así? Pero no solo esto; también termina diciendo: ¿habré de pecar ante Dios? Vemos que, a pesar de vivir lejos de su padre y a pesar de que sus sueños fueron truncados por sus hermanos, él seguía obedeciendo a Hashem, seguía confiando en sus promesas.
Quizás uno, como ser humano, de repente ve que hacer lo bueno no trae resultados; ve que al que hace todo incorrecto le va bien, y llega un momento de frustración donde muchos han tirado la toalla y dicen: ¿de qué me sirve seguir haciendo lo bueno, creer en Dios y confiar en Dios si todo me sale mal? José tenía 17 años cuando empieza a recibir un sueño por promesa. Vive un año con Potifar y empieza a ver la luz de la prosperidad, pero en un solo instante, por hacer lo bueno, es acusado injustamente. Te pregunto: ¿cómo hubiéramos reaccionado nosotros, conociéndonos? ¿Seguirías pensando en seguir haciendo lo bueno? ¿Continuarías confiando en Dios?
Vemos que, a pesar de estar ahora en la cárcel, Hashem recompensó su buena acción, ya que el capítulo termina diciendo:
Estuvo Adonai con Iosef y le extendió benevolencia e hizo llegar su gracia ante los ojos del alcaide de la prisión. Entregó el alcaide de la prisión en mano de Iosef a todos los presos que se hallaban en la prisión. Todo lo que ellos solían hacer allí, él lo disponía para hacer. El alcaide de la prisión no veía nada de todo lo que estaba a su cargo, por cuanto Adonai estaba con él y lo que él hacía Adonai le hacía prosperar.
Nuevamente, a pesar de las dificultades, este versículo nos recuerda que Hashem no abandona al justo. Ahora podríamos pensar que José tiene 18 o 19 años cuando experimenta ser un prisionero.
La tradición judía propone que José estuvo un año sirviendo en casa de Potifar y 12 años en prisión. Sí, leíste bien: 12 años en prisión. Recuerda que es una reconstrucción tradicional respetable, pero no aparece expresamente en la Torá. Pero la Torá sí muestra que duró más de dos años en prisión antes de comenzar la espera final para ver cumplido su sueño. Leamos:
Bereshit (Génesis) 40 nos cuenta que ahora José se vuelve el encargado de los prisioneros, como lo hizo en su momento con Potifar. Él tenía que estar al pendiente de las necesidades, de los problemas, de todos los asuntos internos y de cómo solucionarlos. Quizás no te habrás dado cuenta, pero Hashem estaba preparando a José para su cargo final. José ya tenía experiencia de administración, de control, de solucionar problemas, de escuchar peticiones y de solucionar esas peticiones. Para el ojo humano, ver esto puede ser algo insignificante, pero para el ojo espiritual puede ser una oportunidad de aprendizaje, y esto estaba viviendo José.
La Torá muestra que llegó el momento en que Faraón encarcela a sus oficiales, que eran el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, y los encierra en la cárcel de Potifar, donde se encontraba José, ya como encargado de los prisioneros. La historia cuenta que un día los dos oficiales de Faraón encarcelados tuvieron un sueño, pero no sabían su significado, hasta que José escucha sus sueños y les dice su significado: uno iba a morir y el otro iba a regresar a sus funciones con Faraón. Este que iba a regresar a sus funciones era el jefe de los coperos. Pero José, astutamente, al haberle revelado el sueño, le hace una petición: que no se olvide de él. Leamos:
Génesis 40:13-14: Al cabo de tres días levantará Faraón tu cabeza y te restituirá a tu puesto, y darás la copa a Faraón en su mano, como solías hacerlo cuando eras su copero. Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, hagas mención de mí a Faraón y me saques de esta casa.
Y aquí la Biblia, en el siguiente capítulo, solo menciona cuánto tiempo duró después de que José le había revelado el sueño al jefe de los coperos. Leamos:
Génesis 41:1: Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río.
Génesis 41:9: Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas.
Estos dos versículos reafirman que José todavía estuvo dos años en prisión. Ahora recordemos que la tradición judía cree que José estuvo 13 años en prisión, y hasta que el copero se acuerda de José y le dice a Faraón que José puede revelar su sueño, la Biblia muestra que en ese momento José ya tenía 30 años. Un joven de 17 años es arrebatado de un sueño que Hashem le dio, y hasta la edad de 30 años empezó a ver el resultado de la promesa cumplida. Déjame decirte cuánto tiempo esperó José: José pasó 13 años completos entre esclavitud y encarcelamiento antes de empezar a ver cumplido su sueño, y la Torá lo muestra. Leamos:
Génesis 41:41-43: Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano y lo puso en la mano de José, lo hizo vestir de ropas de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.
Génesis 41:46: Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón, rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón y recorrió toda la tierra de Egipto.
Quizás creas que aquí la promesa del sueño ya se cumplió, pero José todavía iba a esperar nueve años más para ver su promesa finalizada. Si no sabes o no conoces bien la historia de José, déjame seguir contándote.
Faraón tiene dos sueños que lo turbaron y quería saber qué significaban. Como ya había indicado, el jefe de coperos se acuerda de José y lo hace llamar ante Faraón. José se presenta y le dice a Faraón que esos dos sueños que tuvo son siete años de abundancia en Egipto y siete años de escasez, por lo cual asesora a Faraón para que consiga a una persona sabia, íntegra y honesta, para que durante esos siete años de abundancia almacene alimento y, cuando lleguen los siete años de escasez, Egipto no muera de hambre. Es aquí donde empieza a cumplirse el sueño de José, ya que lo hacen gobernador. Después, el sueño de Faraón se cumple: empiezan esos siete años de abundancia, y José, ya como gobernador de Egipto, comienza a almacenar todo el trigo y todo el alimento que dio Egipto durante esos siete años. Pero la Torá muestra que, después de los siete años de abundancia, llegaron los siete años de escasez, y en el segundo año de escasez es cuando se empieza a ver la culminación de esa promesa. Leamos:
Génesis 41:53-54: Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto. Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, mas en toda la tierra de Egipto había pan.
Génesis 42:1-2: Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir y no muramos.
En estos dos capítulos vemos que ya habían empezado los siete años de escasez en toda la tierra. La Torá muestra que Jacob escuchó que solo en Egipto había alimento para comprar, y es por eso que manda a sus diez hijos a comprar alimento. Pero el texto deja algo que a veces muchos pasamos por alto, y es cuando, después de haber vendido a José, sus hermanos se reencuentran con él. Leamos:
Génesis 42:5-9: Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían, porque había hambre en la tierra de Canaán. Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron. Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos.
Cuando leemos estos versículos y nos ponemos a profundizar en por qué los hermanos de José no lo reconocieron, algunos podrán decir que fue porque ahora era un gobernador y quizás su traje y su maquillaje, que pudieran usar los egipcios en ese momento, lo hacían pasar desapercibido. Podría ser cierto esto, pero no podemos olvidar que la última vez que sus diez hermanos vieron a José era cuando todavía era un adolescente de 17 años. Ahora era un señor de 37 años. La última vez lo vieron con una ropa sucia y desgarrada; ahora él tenía una vestimenta fina y ostentosa, con guardias a su lado. Es aquí donde el primer sueño, en el que veía las gavillas de sus hermanos postrándose ante él, se cumple al ver a sus hermanos postrados rindiendo respeto. Habían pasado 20 largos años en los que José estaba viendo cumplirse la promesa, pero aún tenía que esperar otro año más para que fuera terminada.
Los hermanos regresaron con alimento a casa de Jacob, pero dice que, después de haberse terminado el alimento, regresaron. Es aquí donde la Torá reafirma que, después de que José es nombrado gobernador a la edad de 30 años, hasta la edad de 39 años aproximadamente pudo ver finalizada la promesa. Esto lo basamos en que a los 30 años José inicia con los siete años de bendición, pero en el segundo año de los siete de escasez es cuando por fin inicia el reencuentro con su padre. Leamos:
Génesis 43:1-2: El hambre era grande en la tierra; y aconteció que, cuando acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre: Volved y comprad para nosotros un poco de alimento.
Génesis 46:4-9: Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales no habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros para preservaros posteridad sobre la tierra y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, por señor de toda su casa y por gobernador en toda la tierra de Egipto. Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.
La Biblia relata muy bien que han pasado dos años de hambruna y todavía faltan cinco. En ese momento, José tendría aproximadamente entre 38 y 39 años cuando les dijo a sus hermanos que Hashem lo había bendecido y que esos sueños que él había tenido a la edad de 17 años eran para llegar a ese momento. Les dijo que no se entristecieran, pues él había entendido que era un propósito en el cual Hashem lo estaba preparando. Este señor de 38 a 39 años no actuó con rencor, no los maldijo, no les hizo recordar ese arrebatamiento de su padre por más de 22 años, alejado de su protección, de su familia, de su comodidad y de su libertad, sino que los abrazó, los perdonó y les dijo: vayan por mi padre. Es aquí donde vemos el desenlace, donde José vuelve a reencontrarse con Jacob.
Génesis 46:29: Y José unció su carro y vino a recibir a Israel, su padre, en Gosén; y se manifestó a él, se echó sobre su cuello y lloró sobre su cuello largamente.
Veintidós años de sufrimiento, veintidós años de soledad, veintidós años de incertidumbre, y por fin la promesa de Hashem estaba cumpliéndose. Hoy quiero que comprendas una cosa: las historias de la Biblia no son rápidas en cumplirse al darle vuelta a la página. La Torá es fiel, y no por nada deja las fechas, los años y las edades. Si las dejó plasmadas, es para que el lector no las omita y comprenda que las victorias son procesos largos que el ser humano tiene que pasar.
Y, a pesar de las adversidades, Hashem siempre hará prosperar al justo, y será una curva de aprendizaje para que al final su propósito se cumpla fiel y correctamente. Quizás el sufrimiento que vemos con José no lo podemos minimizar al decir: “Bueno, al final fue un gran gobernador”, porque José fue un niño con sueños, igual que tú e igual que yo. Fue un adolescente con futuro, fue un adulto con propósito, a quien por 22 años se le fue arrebatado todo; pero la Biblia nos deja ver que, a pesar de las aflicciones, Hashem seguía bendiciéndolo.
Conclusión
La historia de José nos recuerda que las promesas de Hashem no siempre se cumplen en el tiempo que esperamos, pero jamás pierden su fidelidad. Yeshua enseñó que quien permanece firme hasta el fin será salvo, y esa perseverancia se refleja en una vida que sigue haciendo el bien aun cuando no entiende el proceso. José no permitió que el dolor endureciera su corazón; eligió perdonar, abrazar y reconocer el propósito de Dios por encima de la traición humana. Así también nosotros somos llamados a confiar, obedecer y permanecer fieles, sabiendo que Hashem no abandona al justo y que, en sus manos, aun los años de lágrimas pueden convertirse en testimonio de vida, restauración y redención.
Shalom.

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