¿Te has preguntado por qué los fariseos, los escribas y los saduceos aparecen solamente en el Nuevo Testamento, pero nunca son mencionados en el Antiguo Testamento? ¿Por qué Jesús los confronta y los llama hipócritas e hijos del infierno?
En el ámbito cristiano comúnmente pensamos o creemos que un fariseo es una persona orgullosa, una persona cuyas acciones no van de acuerdo con lo que enseña. Esto lo muestran mucho los Evangelios, donde encontramos varias confrontaciones con Jesús.
Hoy te mostraré cómo nacen el fariseo, el escriba y el saduceo desde una perspectiva histórica que podrás relacionar cada vez que leas el Nuevo Testamento y así comprender por qué hubo tantas tensiones entre estos grupos, no solamente con Jesús, sino también entre fariseos, saduceos y escribas.
Acompáñame en este nuevo estudio.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas, que recorren el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacen hijo del infierno dos veces más que ustedes! – Mateo 23:15
Cuando los fariseos se dieron cuenta de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se reunieron y fueron a ver a Jesús. – Mateo 22:34
Estos dos versículos muestran cómo Jesús vino a confrontar enseñanzas e ideas erróneas tanto de escribas como de fariseos y saduceos.
Para entender realmente este tema, primero tenemos que saber quiénes eran los fariseos y los escribas. Y para comprender cómo llegaron a tener tanta autoridad en tiempos de Jesús, tenemos que remontarnos muchos siglos atrás, hasta el tiempo de Moisés.
Cuando Hashem saca a su pueblo de la esclavitud de Egipto, utiliza a Moisés como uno de los personajes fundamentales de toda la historia bíblica. Por medio de él entrega al pueblo mandamientos, leyes, estatutos y preceptos. Si quisieras que profundice posteriormente en las diferencias entre estos términos, puedes dejarlo en los comentarios.
Moisés también recibe instrucciones acerca de cómo debía organizarse Israel. Dentro del servicio del santuario, los sacerdotes serían descendientes de Aarón, mientras que los demás levitas cumplirían diferentes funciones relacionadas con el Tabernáculo.
Sin embargo, aquí tenemos que hacer una precisión importante: no solamente los sacerdotes intervenían en la vida jurídica y religiosa de Israel. La Torá también menciona ancianos y jueces que participaban en la administración de justicia. Deuteronomio 17:8-13, por ejemplo, presenta casos difíciles que debían ser llevados ante los sacerdotes levitas y el juez que estuviera en funciones.
Los sacerdotes tenían, además, una responsabilidad de enseñanza. Deuteronomio 33:10 declara acerca de Leví:
Ellos enseñarán tus ordenanzas a Jacob y tu ley a Israel.
Por lo tanto, desde la misma Torá encontramos una relación entre sacerdocio, justicia y enseñanza.
Pero aquí la responsabilidad de enseñar solamente pertenecía a los sacerdotes, los cuales en ese momento solo serían de la descendencia de Aarón. Sin embargo, ya en el Nuevo Testamento vemos enseñando a los fariseos, cuando bíblicamente y por ordenanza de Hashem esa responsabilidad de enseñar solamente la tenía el sacerdocio. Por lo tanto, esto muestra que en el Antiguo Testamento este grupo todavía no se había formado, aunque sí podemos ver a los escribas.
Si continuamos leyendo la historia bíblica, encontramos sacerdotes, levitas, profetas, jueces, ancianos, reyes y también personas que desempeñaban funciones de escribas.
Esto último es importante porque los escribas no aparecieron por primera vez después del exilio babilónico.
La palabra “escriba” originalmente la encontramos en hebreo como סוֹפֵר — sofér, y podía referirse a una persona preparada para escribir documentos, llevar registros o desempeñar funciones administrativas. En la monarquía israelita ya aparecen escribas relacionados con la administración real. Más adelante encontramos, por ejemplo, a Safán el escriba durante el reinado de Josías.
Lo que cambiará después del exilio no será tanto la existencia del escriba, sino la importancia que adquirirá el escriba especializado en la Torá. Esdras llegará a convertirse en el gran ejemplo bíblico de este nuevo tipo de escriba: no solamente alguien que sabe escribir, sino alguien que estudia, interpreta y enseña la Ley.
Esta diferencia será fundamental para comprender a los escribas que encontramos varios siglos después junto a Jesús.
En los pasajes que encontramos veremos, en ciertas ocasiones, a Jesús debatiendo con los escribas y fariseos en lugares llamados sinagogas, y con los saduceos en el Templo. Aquí tenemos que detenernos, porque ocurrió algo que posteriormente será fundamental para comprender los Evangelios y cómo se originaron los fariseos, escribas y saduceos.
Cuando los babilonios destruyeron Jerusalén y el Templo de Salomón alrededor del 586 a.C., una parte importante de la población de Judá fue llevada al exilio. Esto produjo un cambio importante, porque muchos judíos ahora vivían lejos de Jerusalén y ya no podían acudir al Templo para los sacrificios y las celebraciones como antes.
Es dentro de este contexto donde tradicionalmente se ha relacionado el origen de las sinagogas. No podemos afirmar con certeza que la sinagoga, tal como la conocemos, nació directamente durante el exilio babilónico, porque no tenemos evidencia arqueológica de una institución formal de este tipo en el siglo VI a.C. Sin embargo, es bastante probable que la necesidad de reunirse, orar, conservar las Escrituras y enseñar la Torá a las nuevas generaciones ayudara a crear las condiciones que posteriormente dieron origen a las sinagogas.
La palabra sinagoga proviene del hebreo Beit Knesset (בֵּית כְּנֶסֶת), que significa “casa de reunión” o “casa de asamblea”.
A diferencia del Templo, la sinagoga no era un lugar para ofrecer sacrificios. Su función principal estaba relacionada con la reunión de la comunidad, la oración, la lectura de las Escrituras y la enseñanza de la Torá. Las primeras evidencias claras de lugares judíos de reunión aparecen durante el periodo helenístico, varios siglos antes del nacimiento de Jesús.
Esto provocó un cambio importante en la estructura religiosa de Israel. El Templo continuaba siendo el centro del culto y del sacerdocio, pero ahora existían lugares donde el pueblo podía escuchar y estudiar la Torá sin necesidad de viajar hasta Jerusalén. Por esta razón comenzó a adquirir mayor importancia la persona que conocía las Escrituras y sabía explicarlas.
Aquí podemos entender mejor la evolución de los escribas. Los escribas ya existían antes del exilio y podían trabajar como funcionarios, secretarios o personas encargadas de documentos. Sin embargo, después del exilio encontramos cada vez con mayor claridad al escriba especializado en la Torá. Esdras es uno de los mejores ejemplos, porque Esdras 7:10 dice que había preparado su corazón para estudiar la Ley, cumplirla y enseñarla.
Con el paso de los siglos, los escribas llegaron a ser reconocidos como expertos en las Escrituras y en la interpretación de la Ley. Y precisamente las sinagogas se convirtieron en uno de los principales lugares donde esta enseñanza podía realizarse.
Siglos después aparecen los fariseos, aproximadamente durante el periodo asmoneo, hacia el siglo II a.C. Los fariseos tampoco crearon las sinagogas, ni podemos afirmar que todas las sinagogas estuvieran controladas por ellos, pero su manera de entender la religión encajaba perfectamente con este ambiente porque estaban muy interesados en cómo aplicar la Torá a la vida cotidiana.
Sus discusiones incluían asuntos como el sábado, la pureza, los alimentos, los diezmos y la manera correcta de obedecer diferentes mandamientos. Por eso los Evangelios muestran frecuentemente a fariseos y escribas relacionados con discusiones acerca de la interpretación de la Torá.
Esto nos ayuda a comprender por qué Jesús aparece tantas veces enseñando y siendo confrontado dentro de las sinagogas. Lucas 4:16 incluso dice que Jesús tenía por costumbre entrar en la sinagoga el día de reposo. Allí leía las Escrituras, enseñaba y explicaba su significado.
Uno de los ejemplos más claros aparece cuando Jesús sana al hombre que tenía una mano paralizada. Lucas 6 dice que los escribas y fariseos estaban observándolo para ver si sanaría en sábado. El conflicto no era simplemente acerca del milagro, sino acerca de cómo debía interpretarse el mandamiento del sábado.
Jesús pregunta:
¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal? ¿Salvar una vida o destruirla?
Y es en este tiempo cuando vemos por primera vez en el Nuevo Testamento la aparición de los saduceos. Algo mucho más importante es que ellos tenían una situación diferente. Mientras los fariseos tenían mucha influencia entre el pueblo y estaban interesados en la aplicación cotidiana de la Torá, los saduceos estaban mucho más relacionados con Jerusalén, las familias aristocráticas, el sacerdocio y el sistema del Templo.
Esto no significa que todos los sacerdotes fueran saduceos ni que todos los saduceos fueran sacerdotes, pero históricamente existía una relación mucho más estrecha entre ellos y la aristocracia sacerdotal.
Por eso, durante gran parte del ministerio de Jesús en Galilea, los saduceos prácticamente no aparecen. Su principal influencia estaba en Jerusalén.
Cuando Jesús finalmente llega a Jerusalén y entra en el Templo, entonces comienzan las confrontaciones directas con los principales sacerdotes, ancianos y saduceos. Después de que Jesús interviene en el funcionamiento del Templo, las autoridades le preguntan:
¿Con qué autoridad haces estas cosas? – Mateo 21:23
Y dentro de ese mismo contexto aparecen los saduceos presentándole la pregunta acerca de la resurrección.
Marcos 12 explica directamente que los saduceos negaban la resurrección. Por eso intentan poner a Jesús a prueba presentándole el caso de una mujer que había estado casada sucesivamente con siete hermanos y preguntándole de quién sería esposa en la resurrección.
Pero la pregunta sería esta: si en el tiempo de Moisés solamente los sacerdotes tenían que ser de la descendencia aarónica, ¿por qué en el Nuevo Testamento vemos el nombre de los saduceos relacionado con el sacerdocio? Bueno, esa pregunta se contestará en un momento, continuando con el tema del Templo y las sinagogas.
Aquí podemos observar una diferencia importante para comprender los Evangelios. No es una división absoluta, pero nos ayuda a entender el escenario histórico.
La sinagoga estaba principalmente relacionada con la lectura, enseñanza e interpretación de la Torá y con la vida religiosa de las comunidades. Por eso encontramos frecuentemente allí a maestros, escribas y discusiones relacionadas con temas que también preocupaban a los fariseos.
El Templo, en cambio, estaba relacionado con los sacrificios, el altar, los sacerdotes, el sumo sacerdote y la aristocracia religiosa de Jerusalén, un ambiente donde los saduceos tenían mucha mayor influencia.
Por eso encontramos a Jesús enfrentando diferentes tipos de problemas dependiendo del escenario. En las discusiones con escribas y fariseos encontramos constantemente preguntas acerca del sábado, la pureza, las tradiciones y la aplicación de los mandamientos. Cuando llega a Jerusalén y entra en el Templo, la discusión se convierte también en una cuestión de autoridad y poder religioso.
Esto también nos ayuda a comprender Mateo 23 cuando Jesús dice:
Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés.
Y este versículo será explicado en el próximo estudio, para que estén al pendiente.
Para ese momento habían transcurrido siglos desde el exilio. El estudio y la interpretación de la Torá habían adquirido una enorme importancia, las sinagogas estaban extendidas entre las comunidades judías y los escribas y maestros de la Ley tenían una posición reconocida entre el pueblo.
Ahora que comprendemos cómo los Soferim (סופרים), los escribas, fueron evolucionando desde funcionarios y copistas del Antiguo Testamento hasta convertirse también en especialistas e intérpretes de la Torá durante el periodo del Segundo Templo, surge una nueva pregunta: ¿cómo se formaron el fariseísmo y el saduceísmo, y por qué, si Hashem había establecido que el sacerdocio perteneciera a los descendientes de Aarón, en tiempos de Jesús encontramos sacerdotes relacionados con los saduceos?
Lo primero que debemos aclarar es que el sacerdocio aarónico nunca cambió su nombre por “saduceísmo”. Sacerdote y saduceo no significaban lo mismo. El sacerdocio dependía del linaje: para ejercer como sacerdote, una persona debía pertenecer a la descendencia de Aarón. El saduceísmo, en cambio, fue una corriente religiosa y política que apareció muchos siglos después. Por eso podía haber sacerdotes relacionados con los saduceos, pero eso no significaba que todos los sacerdotes fueran saduceos.
Para entender de dónde viene esta relación tenemos que conocer a Tzadok (צדוק), Sadoc. Primera de Crónicas 6:50-53 presenta su genealogía dentro de la descendencia de Aarón a través de Eleazar: Aarón → Eleazar → Finees → Abisúa → Buquí → Uzi → Zeraías → Merayot → Amarías → Ahitob → Tzadok. Esto significa que Tzadok sí pertenecía al sacerdocio aarónico. Durante los días de David ejerció como sacerdote y posteriormente Salomón lo colocó en la posición que había ocupado Abiatar. Primera de Reyes 2:35 dice que Salomón puso a Tzadok como sacerdote en lugar de Abiatar. Con el tiempo, los descendientes de Tzadok adquirieron una posición especialmente importante dentro del sacerdocio de Jerusalén. Incluso Ezequiel 44:15 distingue a los “hijos de Tzadok” como aquellos sacerdotes que permanecieron fieles al servicio del santuario.
Por lo tanto, aquí encontramos algo fundamental: los descendientes de Tzadok eran descendientes de Aarón. No estamos hablando de un sacerdocio nuevo. Estamos hablando de una rama importante dentro del mismo sacerdocio aarónico. Esta familia llegó a ocupar durante siglos posiciones de enorme prestigio alrededor del Templo. Precisamente por esta razón, una de las explicaciones tradicionales relaciona el nombre de los Tzedokim (צדוקים), saduceos, con Tzadok y con las familias sacerdotales vinculadas a su linaje. Sin embargo, debemos ser cuidadosos: aunque esta relación es históricamente muy conocida y bastante probable, el origen exacto del nombre continúa siendo discutido entre los investigadores.
Pero los Tzedokim como grupo no aparecen todavía durante David, Salomón ni inmediatamente después del exilio. Para encontrarlos claramente diferenciados tenemos que avanzar hasta el periodo del Segundo Templo, especialmente hacia el siglo II a.C. Después del dominio persa llegaron los griegos y Judea comenzó a experimentar una fuerte influencia extranjera. Durante el gobierno de Antíoco IV se produjo una profunda crisis religiosa que terminó provocando la rebelión de los macabeos. De aquella lucha surgió posteriormente la dinastía de los Hasmoneos, una familia sacerdotal que terminó gobernando Judea y controlando también el sumo sacerdocio.
Este periodo produjo fuertes divisiones dentro del pueblo acerca de quién tenía autoridad para interpretar la Torá, cómo debían aplicarse los mandamientos y hasta qué punto podían aceptarse las costumbres que se habían desarrollado con el paso de las generaciones. Es precisamente dentro de este ambiente cuando comenzamos a encontrar claramente diferenciados a los Perushim (פרושים), fariseos, y a los Tzedokim (צדוקים), saduceos. Las fuentes antiguas ya los presentan como grupos reconocibles durante el periodo asmoneo, aproximadamente desde el siglo II a.C.
Los fariseos no surgieron como una nueva familia sacerdotal. Su autoridad no dependía principalmente de ser descendientes de Aarón, sino del estudio, interpretación y aplicación de la Torá. Algunos investigadores han relacionado sus orígenes con los Hasidim (חסידים), “piadosos”, que defendieron la fidelidad a la Torá durante la crisis provocada por Antíoco IV, aunque no podemos afirmar que los Hasidim simplemente se convirtieron en fariseos porque las fuentes no nos permiten demostrarlo con certeza. Lo que sí sabemos es que durante el periodo asmoneo los fariseos ya aparecen como una corriente preocupada por llevar la santidad y los mandamientos a la vida cotidiana del pueblo.
Aquí encontramos una diferencia importante entre ambos movimientos. Los fariseos consideraban autoritativas determinadas interpretaciones y tradiciones transmitidas por generaciones anteriores acerca de cómo aplicar la Torá. Los saduceos rechazaban que esas tradiciones tuvieran la misma autoridad obligatoria y defendían una interpretación mucho más ligada a lo que estaba establecido por escrito. Este fue uno de los grandes puntos de conflicto entre ambos grupos. Las fuentes antiguas también presentan a los saduceos fuertemente vinculados con las familias de mayor posición social y con la aristocracia sacerdotal del Templo, mientras que los fariseos alcanzaron una influencia mucho mayor entre sectores del pueblo.
Por eso podemos entender mejor lo que encontramos posteriormente en los Evangelios. Ser sacerdote era una condición de linaje; ser saduceo era pertenecer o identificarse con una corriente determinada. Un hombre podía ser sacerdote aarónico y, además, pertenecer al ambiente saduceo. Otro sacerdote podía no pertenecer a ellos. De la misma manera, un Sofer, escriba, podía ser fariseo, pero no todos los escribas necesariamente eran fariseos.
Entonces, ¿por qué quedaron tan relacionados los saduceos con el sacerdocio? Porque su poder se concentró principalmente alrededor de Jerusalén, el Templo, las familias sacerdotales y la aristocracia gobernante. Los fariseos, en cambio, desarrollaron su influencia principalmente alrededor de la Torá, su interpretación y la vida cotidiana del pueblo, un ambiente que posteriormente encontramos muy relacionado con los Batei Knesset (בתי כנסת), las casas de reunión o sinagogas.
Esto nos permite comprender por qué los Evangelios presentan escenarios diferentes. Durante buena parte del ministerio de Jesús encontramos continuamente a escribas y fariseos discutiendo con él acerca del sábado, la pureza, los alimentos, el ayuno y las tradiciones. Pero cuando Jesús llega a Jerusalén y entra directamente en el Templo, aparecen con mayor fuerza los principales sacerdotes, las autoridades del Templo y los saduceos.
Así que el sacerdocio establecido desde Aarón nunca dejó de ser aarónico para convertirse en saduceo. Lo que ocurrió fue que, con el paso de los siglos, dentro del judaísmo del Segundo Templo aparecieron diferentes corrientes que discutían acerca de cómo debía interpretarse y vivirse la Torá. Una de ellas, los saduceos, quedó especialmente relacionada con la aristocracia sacerdotal y el Templo; otra, los fariseos, desarrolló una enorme influencia mediante el estudio e interpretación de la Torá.
Y ahora surge una pregunta todavía más importante para continuar nuestro estudio: si fariseos y saduceos afirmaban obedecer la misma Torá entregada por Hashem a Moisés, ¿qué los llevó a interpretarla de maneras tan diferentes, y cuál de esas diferencias encontramos detrás de las confrontaciones que posteriormente tuvieron con Jesús?
Esas preguntas las contestaremos en el siguiente estudio. Hoy quiero dejar este mensaje, el cual la Biblia relata y me pone a pensar: si la Biblia registra todo este cambio cultural, interpretativo y de enseñanza, nos muestra cómo su Palabra ha tratado de ser estudiada y comprendida de diferentes formas.
La misma Ley, los mismos estatutos y los mismos preceptos fueron entregados a Moisés en el Sinaí con una sola lectura y una sola enseñanza, pero vemos cómo, con el tiempo y en diferentes épocas de la Biblia, las diferentes interpretaciones crearon confusión, como hoy en día también la vivimos.
El cristiano juzga al católico y el católico juzga al cristiano; el judío al musulmán y el musulmán al judío. El cristiano, por medio de sus doctrinas, dice qué es válido y qué no es válido; el católico indica qué es pecado y qué no es pecado; el judío indica quién es el pueblo elegido y el musulmán hace lo mismo.
¿Nos damos cuenta de que estamos en el mismo tiempo del fariseo, del escriba y del saduceo? Hoy es fácil tomar el celular y mostrar nuestras ideas como una verdad absoluta. Las defendemos a capa y espada tratando de decir: “Yo tengo la razón”.
Como ustedes saben, mi objetivo con estos estudios es mostrar mi punto de vista, lo que yo he entendido, pero sin decir que esta es la verdad absoluta, porque he entendido que, con el paso del tiempo, algo que creía válido, por medio de la revelación de su Espíritu Santo puedo darme cuenta de que quizás no era exactamente como yo lo veía.
¿Y eso está mal? No, porque el conocimiento llega de una forma gradual. Lo que hoy no entendemos, mañana puede ser revelado, y querer decir hoy que algo es la verdad absoluta no sería humildad, sino arrogancia al afirmarlo de esa manera.
Hoy quiero que analices por qué Jesús, en ciertas ocasiones, les decía a sus discípulos que no hicieran las obras de los escribas y fariseos, pero también les decía que si sus obras no eran mayores que las de ellos, no entrarían al Reino de los cielos. En otras ocasiones los llamaba hijos del diablo, pero en otra les decía que ellos tenían autoridad. De esto hablaremos en el próximo estudio.
Hoy quiero que reflexiones y recuerdes este versículo, Oseas 6:3:
“Conozcamos, pues, esforcémonos por conocer al Señor. Su salida es tan cierta como la aurora…”
La historia de los escribas, fariseos y saduceos nos recuerda que estudiar la Palabra no debe llevarnos a la arrogancia, sino a una búsqueda cada vez más profunda y humilde de Hashem. Yeshua confrontó muchas veces no el conocimiento en sí mismo, sino el corazón que convertía ese conocimiento en orgullo, juicio y superioridad sobre los demás.
Nuestro entendimiento puede crecer con el tiempo. Lo importante es mantener un corazón dispuesto a aprender, corregirse y seguir buscando. Como enseña Oseas, debemos esforzarnos por conocer al Señor, reconociendo que el conocimiento puede avanzar como la aurora. Sigamos estudiando, pero también aprendiendo de Yeshua a vivir aquello que conocemos con misericordia, humildad y obediencia.
Shalom.

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