¿Quién es el Verbo en Juan 1:1? El verdadero significado de Lógos

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Hoy vamos a estudiar una palabra que es muy conocida en el ámbito religioso y que ha sido interpretada como la transformación de Dios en hombre. Con esto me refiero al versículo de Juan 1:14:

Juan 1:14: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros —y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre—, lleno de gracia y de verdad.

Pero el texto en sí, desde su primer versículo, habla de un principio, de un Verbo y de que ese Verbo era Dios. Leamos:

Juan 1:1: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Se nos ha enseñado la idea de la Trinidad: que Dios Padre, Dios Hijo, que es Jesús, y Dios Espíritu Santo son, en sí, tres en uno. En este momento no quiero profundizar en este tema; quizás lo dejaré para otro estudio, ya que hoy solo quiero enfocarme en comprender a qué se refería realmente Juan cuando hablaba del Verbo. ¿El Verbo es una palabra, un pensamiento o una persona?

Para esto tenemos que entrar un poco en la historia y comprender que el Nuevo Testamento fue escrito en un griego helenístico o griego común, llamado griego koiné. Esto se debió al macedonio Alejandro Magno, ya que su imperio llevó la cultura griega por todo el Oriente antiguo, llegando a Asia Menor, Siria, Judea y Egipto. Fue así como Judea adoptó el griego koiné como una lengua común del mundo de aquel momento.

Te lo explico con palabras sencillas: hoy, el idioma inglés es el principal estándar global en los negocios, la ciencia y el turismo. El inglés es el idioma global por excelencia.

Eso mismo estaba pasando en el tiempo de Juan el Bautista. A pesar de que en aquella época Alejandro Magno ya había muerto y su reinado helenístico había perdido fuerza, Roma continuó utilizando ese idioma común. El griego koiné no era el griego clásico de las élites, sino un griego común que podía entender la gente común.

Esto no significa que en Judea se hablara únicamente griego koiné. En ese tiempo predominaban y coexistían el arameo-hebreo, el griego y el latín.

La forma sencilla de verlo es esta: el arameo era el idioma cotidiano de muchos judíos, especialmente en Galilea y Judea. El hebreo era el idioma de las Escrituras, la liturgia, el estudio religioso y algunos contextos judíos. El griego koiné era el idioma internacional, comercial y cultural, además de ser útil para escribir a comunidades amplias. El latín era el idioma de Roma, utilizado en ciertos contextos militares, legales y administrativos, pero no era el idioma principal del pueblo.

Esto se reafirma en lo que encontramos en Juan 19:19-20:

Juan 19:19-20: Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.

Ahora bien, surge la pregunta: ¿por qué los textos encontrados de Juan el Bautista, los apóstoles y los evangelistas no fueron escritos en arameo ni en hebreo?

Si comprendimos lo anteriormente explicado, entenderemos que todos los manuscritos escritos por los apóstoles, los evangelistas y las cartas dirigidas a las iglesias fueron encontrados en griego koiné por una sencilla razón: estas personas estaban escribiendo en un mundo donde el griego podía comunicar ideas profundas tanto a judíos como a gentiles.

Comprendiendo esto, encontramos los textos de Juan 1:1 y Juan 1:14 en su forma original en griego, los cuales dicen:

Juan 1:1: En principio era el Lógos, y el Lógos era hacia/con Dios, y Dios era el Lógos.

Juan 1:14: Y el Lógos carne llegó a ser, y habitó/tabernaculizó entre nosotros, y contemplamos la gloria de él, gloria como de unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Aquí vemos una diferencia entre estos textos y nuestras Biblias en versiones como la Reina-Valera. En ellas encontramos la palabra «Verbo», que hace referencia a la palabra Lógos. Para comprender esto, tendremos que utilizar las traducciones actuales y analizar si Lógos y Verbo se refieren a lo mismo.

Lógos, en la Biblia, se traduce principalmente como Palabra, Razón o Verbo.

Verbo proviene del latín verbum, que significa «palabra». En la Biblia, el Verbo, que proviene del griego Lógos, es un título divino que identifica a Jesucristo como la Palabra eterna y la expresión perfecta de Dios.

Entonces, entendiendo esto, podríamos leer los textos de Juan 1:1 y Juan 1:14 de la siguiente manera:

Juan 1:1: En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.

Juan 1:14: Y la Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros —y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre—, llena de gracia y de verdad.

Asumiendo que Jesucristo es identificado como la Palabra eterna y la expresión perfecta de Dios, asumiríamos la existencia eterna de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Con esto podríamos comprender lo que Juan el Bautista quería expresar con la palabra Lógos y podríamos cerrar este estudio. Sin embargo, como saben, mi intención siempre es entender más a fondo lo que la Palabra nos quiere decir.

Si recuerdas, mencioné que las copias encontradas del libro de Juan fueron escritas en griego koiné, un griego común. Sin embargo, también existía el griego clásico de las élites, el cual era utilizado principalmente por personas educadas, filósofos, políticos, escritores y maestros. A este punto quiero llegar.

Cuando Alejandro Magno helenizó todas las regiones anteriormente mencionadas, se comprendió que sería difícil que el egipcio, el judío, el macedonio y el persa pudieran entender el griego clásico. Fue entonces cuando comenzó a nacer el griego koiné, un griego común y más sencillo de entender, que utilizaba las mismas palabras, pero de una manera cuyo significado fuera comprensible.

Recordarás que encontramos como significados de Lógos las palabras Palabra, Razón o Verbo. Sin embargo, para los griegos, lógos no era simplemente una palabra pronunciada, sino la expresión inteligente de una idea. Podía significar discurso, razón, explicación, argumento o el principio racional que da sentido y orden.

Ahora voy a tratar de explicarlo de la manera más sencilla posible.

La palabra lógos, en griego, no significa solamente «palabra». Nosotros pensamos en una palabra como algo que sale de la boca: «hola», «casa», «amor» o «Dios». Pero para los griegos, lógos era algo más profundo.

Es decir, antes de hablar, primero tienes una idea en tu mente; luego ordenas esa idea y, finalmente, la expresas con palabras.

Eso es lógos: un pensamiento ordenado que se expresa mediante palabras.

Para los filósofos griegos, la idea era todavía más grande. Ellos miraban el universo y decían: «Esto no parece estar en desorden. Hay leyes, hay ciclos y hay lógica. El sol sale y se pone. Las estaciones cambian. Las semillas crecen. El cuerpo humano funciona con orden. Las estrellas siguen movimientos. La naturaleza tiene patrones».

Entonces, ellos utilizaban lógos para hablar de esa razón o de ese orden que parece estar detrás de la realidad.

Ahora, comprendiendo cómo los griegos entendían la palabra Lógos, vemos que no significa solamente «palabra», «razón» o «verbo» en un sentido simple. Lógos es una palabra con profundidad: se refiere a una palabra que no está vacía, sino que lleva dentro pensamiento, razón, mensaje, sentido y propósito.

Por eso, cuando Juan escribe:

Juan 1:1: En el principio era el Lógos, y el Lógos estaba con Dios, y el Lógos era Dios.

No deberíamos entenderlo solamente como: «En el principio había una palabra». Juan está diciendo algo mucho más profundo: en el principio ya existía la expresión perfecta de Dios, el pensamiento de Dios, la razón de Dios y la Palabra viva por medio de la cual Dios se revela.

Y cuando Juan dice:

Juan 1:14: Y el Lógos se hizo carne, y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Está diciendo que esa expresión eterna de Dios no se quedó solamente como una idea, una voz o una enseñanza. El Lógos tomó forma humana, se hizo carne y habitó entre los hombres. La palabra «habitó» también puede entenderse como «puso su tienda» o «tabernaculizó» entre nosotros, conectando esta idea con la presencia de Dios viviendo en medio de su pueblo.

Podríamos entender que, cuando Juan dice que el Verbo se hizo carne, se refiere a que Dios, desde el principio, planeó con excelencia lo que nos dice Efesios:

Efesios 1:4-5: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.

Esto también nos ayuda a entender por qué Juan comienza diciendo: «En el principio». No es una casualidad. Esa frase nos conecta directamente con Génesis:

Génesis 1:1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

En Génesis 1 vemos repetidamente la expresión: «Y dijo Dios…». Dios crea por medio de su palabra. Lo que Dios piensa, expresa y declara, sucede. Su palabra no es un sonido vacío; es una palabra con poder, intención y acción.

Entonces, cuando leemos Génesis a la luz de Juan, podemos ver una conexión profunda: Dios crea hablando, y Juan nos presenta al Lógos como la expresión eterna de Dios por medio de la cual Dios se revela y actúa.

Por eso, cuando llegamos a Génesis 1:26, donde Dios dice:

Génesis 1:26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.

Podemos entender que no se trata simplemente de una frase aislada. Algunos han entendido ese «hagamos» como una conversación celestial; otros, como un lenguaje de majestad o deliberación divina. Pero, al mirar este pasaje desde Juan 1, podemos ver que la creación del ser humano está conectada con la expresión de la voluntad de Dios, con su pensamiento hecho palabra y con su palabra llevada a la acción.

En otras palabras, Juan nos ayuda a ver que el Lógos no es solamente una palabra pronunciada, sino la expresión viva, eterna y perfecta de Dios. En Génesis, Dios habla y la creación responde. En Juan, esa Palabra eterna se hace carne y habita entre nosotros.

Así podríamos resumirlo: en Génesis, Dios expresa su voluntad por medio de su palabra y crea. En Juan, esa Palabra eterna es presentada como el Lógos, y ese Lógos se hace carne para revelar plenamente a Dios.

Es por eso que Dios mandó a Jesús a declarar sus pensamientos hechos palabras, y el mismo Jesús lo confirma en el libro de Juan:

Juan 12:49: Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar.

Es aquí donde el Verbo se hizo carne, como una expresión de lo mismo que nos confirma Efesios: un pensamiento de Dios hecho palabras mediante una acción perfecta.

Desde mi interpretación personal, y sin intención de entrar en confrontación con quienes entienden este pasaje desde una postura trinitaria, yo no comprendo el Lógos como Dios mismo viniendo en primera persona al mundo. Más bien, entiendo el Lógos como el pensamiento, el propósito, la voluntad y el mensaje eterno de Dios, preparado desde antes de la fundación del mundo para ser revelado por medio de su Hijo.

Desde esta lectura, cuando Juan dice que el Verbo se hizo carne, entiendo que el pensamiento y el propósito de Dios se manifestaron de manera visible en Jesús. No porque el Padre mismo se haya hecho carne en primera persona, sino porque Dios envió a su Hijo unigénito para declarar su palabra, revelar su voluntad y cumplir su plan de salvación.

Esto se conecta con lo que Jesús mismo dice:

Juan 12:49: Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar.

Para mí, este versículo muestra que Jesús no vino hablando independientemente, sino como el enviado del Padre. Sus palabras expresan el pensamiento de Dios, su mensaje revela la voluntad de Dios y su misión cumple el propósito de Dios.

Por eso también Juan dice:

Juan 3:17: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Desde esta comprensión, Dios preparó desde el principio su propósito de salvación y lo manifestó enviando a su Hijo unigénito. Jesús vino como el Hijo enviado por Dios, no como el Padre mismo en primera persona, sino como aquel por medio de quien Dios reveló su mensaje, su voluntad y su salvación.

El Lógos nos permite comprender que el propósito de Dios no es vacío, improvisado ni carente de sentido. Su voluntad fue pensada, expresada y manifestada mediante la vida de su Hijo. Yeshua vivió como el enviado fiel del Padre, habló lo que recibió de Él y mostró con sus acciones la gracia, la verdad y la salvación de Dios.

Seguir las enseñanzas de Yeshua significa permitir que la palabra de Dios deje de ser solamente una idea conocida y se convierta en una realidad visible en nuestra manera de vivir. Así como el propósito divino se manifestó mediante obediencia, amor y verdad, también nosotros somos llamados a escuchar la voz del Padre, guardar su palabra y reflejarla mediante nuestras decisiones, nuestras palabras y nuestras acciones.

Shalom.

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