Los dioses de Abraham antes de conocer la verdad

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Abraham ante los dioses de Mesopotamia

Cuando hablamos del padre de la fe, Abraham, conocemos muy poco de sus orígenes. Cuando leemos en Génesis 12 que Hashem le dice que salga de su tierra y de su parentela, podríamos imaginar a un Abraham pastor de ovejas, viviendo en alguna llanura, en algún lugar desértico, en una aldea o en un sitio que quizá no nos llama la atención investigar más allá de dónde vivía en ese momento y cuál había sido la formación de Abraham antes de salir de la tierra donde había vivido con su familia.

Pero la Biblia sí muestra y deja este detalle en Génesis 11:31:

Génesis 11:31: «Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.»

La Torá muestra que el padre de Abraham se llamaba Taré, quien tuvo tres hijos: Abram, Nacor y Harán. La familia vivía en Ur de los caldeos, pero Taré tomó la decisión de salir de aquella ciudad rumbo a la tierra de Canaán. La Torá no muestra por qué tomó esa decisión, pero la historia fuera de la Torá nos puede dar una perspectiva del mundo en el que vivían y de cómo aquel viaje terminaría encaminando al padre de la fe hacia la tierra prometida.

Ur de los caldeos, si consideramos su identificación tradicional con la antigua ciudad de Ur, en realidad no era un lugar pequeño, desértico o incivilizado. Era mucho más grande y complejo de lo que uno puede imaginar. Entonces, la pregunta sería: ¿dónde estaba Ur?

La identificación tradicional y todavía más común es Ur, Tell el-Muqayyar, en el actual sur de Irak, cerca de Nasiriya, en la provincia de Dhi Qar.

Era una de las grandes ciudades de Sumer, en la Baja Mesopotamia.

Pero hay algo en lo que nuestras imágenes modernas pueden engañarnos: Ur no estaba rodeada por el desierto seco que vemos actualmente.

Al final del III milenio a. C. estaba situada junto a un brazo del Éufrates, rodeada de humedales y con acceso marítimo hacia el golfo. Era un importante centro comercial conectado con el golfo Arábigo/Pérsico, el norte de Mesopotamia y redes que llegaban incluso hacia la región del Indo. UNESCO señala, además, que del período de Ur III han aparecido decenas de miles de tablillas cuneiformes administrativas.

La ciudad de Ur (3er milenio a. C.)

Ur era una ciudad sofisticada, urbana, alfabetizada y administrativamente compleja, no una pequeña aldea tribal. Había templos, edificios administrativos, almacenes, talleres, barrios residenciales, canales, comerciantes, escribas y una enorme burocracia.

Esto cambia bastante la imagen popular de Abraham. Si efectivamente procedía de esta Ur, Génesis estaría situando su origen familiar en uno de los centros urbanos más desarrollados del mundo de su época.

Entonces, la educación que pudieron haber tenido tanto el padre de Abraham como el propio Abraham pudo ser mucho más amplia que la que normalmente imaginamos cuando pensamos en las tribus y en los siguientes lugares donde Abraham iba a morar en Canaán. Y para esto tendríamos que ver qué estilo de educación existía. No me estoy refiriendo solamente a una educación académica, sino a una educación cívica, religiosa y moral, dentro de una sociedad con leyes, comercio, administración y una religión organizada.

Génesis 12 nos presenta a Abraham saliendo de Harán rumbo a Canaán, pero el libro de Hechos nos aporta un dato muy importante sobre el inicio de su llamado: Hashem ya se había manifestado a Abraham cuando todavía estaba en Mesopotamia, antes de que habitara en Harán.

Hechos 7:2-4: «El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán.»

Esto nos permite contemplar que el llamado de Abraham comenzó desde Mesopotamia y que posteriormente encontramos en Génesis 12 su salida de Harán hacia Canaán.

Para entender este proceso también tenemos que observar la formación de su padre Taré, que pudo haber sido transmitida a sus hijos, como algo que ha sucedido durante siglos. Si hoy eres católico, cristiano, judío, musulmán o perteneces a cualquier otra tradición religiosa, es muy probable que parte de esa educación haya sido heredada de tus padres. Pero eso no quiere decir que, ya de grande o incluso desde temprana edad, no puedas cambiar esa herencia por algo que tú decidiste seguir. Algo semejante pudo haber ocurrido dentro del proceso espiritual de Abraham.

Durante la Tercera Dinastía de Ur existieron cinco reyes. Me voy a enfocar en el primero y uno de los más conocidos por la historia: el rey Ur-Nammu, cuyo reinado fue aproximadamente entre 2112 y 2095 a. C. Ur-Nammu no dio nombre a la ciudad de Ur, pues la ciudad ya existía desde muchos siglos antes; su importancia radica en que fue el fundador de la Tercera Dinastía de Ur y convirtió nuevamente a esta ciudad en el centro de un poderoso reino.

Esto produce una coincidencia cronológica muy interesante si utilizamos algunas propuestas que colocan la salida de Harán alrededor de 2091 a. C. Si Abram permaneció solamente algunos años en Harán, su salida de Ur podría situarse aproximadamente hacia el final del gobierno de Ur-Nammu o en los comienzos del largo reinado de su hijo Shulgi, quien reinó aproximadamente entre 2094 y 2047 a. C. Pero recordemos que estas fechas son aproximadas y dependen de la cronología que se utilice; solamente nos ayudan a tener una idea del mundo y de la vida que pudo rodear a Abraham en aquellos tiempos.

Ur-Nammu es especialmente importante porque convirtió a Ur en capital de su reino, se tituló «rey de Sumer y Acad», emprendió grandes construcciones y comenzó la monumentalización del santuario de Nanna, además de estar relacionado con la creación del famoso Código de Ur-Nammu.

Cabeza de un gobernante; 2300 – 2000 A.C.

Y aquí empezamos a ver la educación religiosa que pudo tener el padre de Abraham y que pudo transmitir a su familia, tanto religiosa como cívicamente. Podemos comenzar por los dioses que Abram pudo haber conocido o incluso adorado antes de conocer plenamente al Dios supremo que lo llamó.

La Torá no detalla la formación religiosa de Abraham durante su juventud, pero la Biblia sí nos da un dato muy importante en Josué 24:2: Taré y sus antepasados servían a otros dioses. A partir de este dato y del hecho de que en las sociedades antiguas la religión se transmitía dentro de la familia y de la comunidad, es plausible que Abraham conociera desde niño las creencias de su entorno y que su encuentro con Hashem representara un quiebre profundo con aquel mundo religioso.

La historia muestra que la principal deidad de Ur era Nanna, el dios mesopotámico de la luna. Ur-Nammu impulsó la construcción del gran zigurat de Ur dentro del complejo religioso dedicado a Nanna.

Nanna El dios de la luna en la cultura Mesopotámica

En la antigua Mesopotamia, los templos eran considerados las casas de las deidades. Allí se realizaban rituales, se presentaban ofrendas y alimentos, y se buscaba el favor, la protección y la benevolencia de los dioses sobre la ciudad. El gran zigurat formaba parte de este complejo sagrado y expresaba la importancia que tenía Nanna para la ciudad de Ur.

También podemos ver que en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York se encuentra una figura fundacional donde se observa la estrecha relación entre el poder político de Mesopotamia y la religión. En ella, el rey Ur-Nammu aparece cargando una cesta sobre su cabeza como parte de un acto relacionado con la construcción ceremonial. La inscripción cuneiforme identifica la figura con un templo dedicado a la diosa Inanna y reafirma la participación del monarca en su construcción o restauración.

Ur-Nammu

La inscripción relacionada con Ur-Nammu expresa:

«A Inanna, la señora de Eanna, su señora, Ur-Nammu, el poderoso rey, rey de Ur, rey de Sumer y Acad, le construyó un templo y lo restituyó a su lugar.»

Inanna era la diosa relacionada con el amor, la guerra y también con la autoridad y el poder político. Era una de las deidades más importantes y poderosas de la antigua Mesopotamia. La construcción y restauración de templos para las deidades formaba parte de las responsabilidades religiosas de los reyes, quienes buscaban mediante estas obras mantener el favor de los dioses y reforzar la legitimidad de su gobierno.

Esto nos muestra cómo la religión estaba completamente relacionada con la vida política y social. Cuando se construía o restauraba un templo para una deidad, se presentaban ofrendas y alimentos, mientras que la población y los gobernantes buscaban protección, prosperidad y favor divino.

El mundo religioso de Ur estaba compuesto por numerosos dioses. Nanna era el dios de la luna y la principal deidad de Ur; Ningal era su esposa; An, posteriormente conocido como Anu, era el dios del cielo y una de las grandes autoridades divinas; Enlil ocupaba una posición fundamental dentro del panteón mesopotámico y estaba relacionado con el viento, la autoridad y el orden; Enki estaba relacionado con la sabiduría, el conocimiento y las aguas dulces; Utu, conocido posteriormente como Shamash, era el dios del sol, de la justicia y del juicio, entre muchas otras deidades.

Estas deidades son importantes para comprender el ambiente religioso en el que pudieron haber vivido el padre de Abraham, Lot y su parentela. Pudieron haber conocido estas creencias e incluso haber participado de alguna manera en ellas, ya que el libro de Josué menciona expresamente que sus antepasados servían a otros dioses.

Josué 24:2: «Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños.»

Entonces, utilizando la Biblia como información fidedigna, resulta plausible que Abraham también, durante su niñez, juventud o en algún momento de su vida, haya estado relacionado con el servicio a esos dioses extraños que menciona Josué. El texto no nos proporciona los nombres de aquellas deidades, pero conocer la religión de Mesopotamia nos permite entender el ambiente politeísta que rodeaba a su familia.

Pudiéramos entender que Abraham procedía de un ambiente politeísta y que pudo haber sido educado religiosamente dentro de una sociedad acostumbrada a servir a varios dioses. Sin embargo, algo cambia profundamente cuando Hashem entra directamente en su historia, le habla y le pide que abandone su tierra y su parentela.

Génesis nos muestra posteriormente a Abraham obedeciendo aquella voz y saliendo de Harán:

Génesis 12:4: «Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.»

Abraham tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Para entonces ya había comenzado su encuentro y su proceso de obediencia a Hashem, pues Hechos nos muestra que Dios ya se le había aparecido anteriormente cuando estaba en Mesopotamia.

Esto me pone a pensar en lo que pudo representar aquel encuentro para Abraham. Si yo estuviera en su lugar y hubiera conocido desde la infancia historias sobre Nanna, An, Enlil, Enki, Inanna y muchas otras deidades; si hubiera crecido en una sociedad donde aquellos dioses tenían templos, sacerdotes, imágenes y rituales, y de repente el Dios verdadero se presentara en mi vida, me hablara y me dijera que confiara en Él, dejando atrás todo aquello que conocía para encaminarme hacia un nuevo futuro, podría imaginar el impacto que aquello tendría.

Abraham pudo haber pasado de conocer dioses representados en imágenes, templos y tradiciones a encontrarse con un Dios que le hablaba directamente, que lo llamaba y que le pedía confiar en una promesa.

La reflexión que me dejan estos datos históricos junto con la Biblia es que Dios puede hablar al ser humano aun cuando está lejos de conocerlo plenamente, cuando su rumbo parece no tener destino o cuando cree encontrarse en la verdad correcta. Abraham procedía de una familia con una educación religiosa relacionada con otros dioses, pero pudo hallar el camino al escuchar la voz de Hashem.

Quizás su religión y su formación anterior eran muy diferentes y estaban alejadas de la verdad que Hashem comenzaría a mostrarle, pero supo escuchar su voz. No fue un sacerdote, no fue un profeta y no fue un pastor quien inició aquel llamado. Fue Dios quien se manifestó a Abraham y le mostró un camino diferente.

Quizás hoy estemos como Abraham, con una religión heredada por nuestros padres. Quizás sea la correcta, quizás contenga cosas verdaderas o quizás existan enseñanzas que tengamos que examinar. La pregunta sería: ¿en realidad ya tuviste un encuentro verdadero con Dios o solamente estamos allí porque allí nos formaron?

Yeshua dijo:

Juan 14:6: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.»

Y continuó diciendo:

Juan 14:7: «Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.»

También dijo:

Juan 10:27: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.»

Estas palabras de Yeshua nos ayudan a entender el mismo principio espiritual que encontramos en la historia de Abraham: escuchar la voz de Dios, reconocerla y estar dispuesto a seguirla aun cuando eso implique dejar atrás aquello que durante mucho tiempo consideramos seguro.

Si en estos momentos en realidad no has tenido un encuentro verdadero con Dios, pídele a Yeshua que te lleve hacia esa verdad, que guíe tu camino para que puedas conocerlo y que, cuando Dios hable a tu vida, puedas responder con un corazón dispuesto:

1 Samuel 3:10: «Habla, porque tu siervo oye.»

Abraham nos muestra que haber nacido y crecido dentro de una determinada cultura o tradición no tiene por qué ser el final de nuestra historia espiritual. Hashem llamó a un hombre que procedía de un mundo lleno de dioses, templos y costumbres, y Abraham decidió escuchar aquella voz y caminar hacia lo desconocido confiando en quien lo llamaba.

Yeshua enseñó que sus ovejas oyen su voz y lo siguen. Por eso, más allá de aquello que heredamos de nuestros padres o de la religión en la que crecimos, debemos buscar sinceramente la verdad y aprender a reconocer la voz de Dios. La fe no consiste solamente en permanecer donde siempre hemos estado, sino en tener un corazón dispuesto a escuchar y obedecer cuando Dios nos muestra el camino.vir aquello que conocemos con misericordia, humildad y obediencia.

Shalom.

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