¿Alguna vez te has preguntado si el Herodes que aparece cuando nació Yeshua es el mismo Herodes que mandó ejecutar a Juan el Bautista? ¿Es también el mismo Herodes que aparece persiguiendo a los discípulos en el libro de Hechos? ¿Y qué sucede con el rey Agripa que escucha a Pablo décadas después?
Si leemos rápidamente el Nuevo Testamento podemos terminar pensando que existe un solo personaje llamado Herodes que aparece una y otra vez.
Mateo 2 comienza diciendo:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes…”
Unos versículos después, Mateo 2:22 dice:
“Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre…”
Después llegamos a Mateo 14:1:
“En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús.”
Más adelante, cuando Yeshua ya había muerto y sus discípulos comenzaron a extender su enseñanza, Hechos 12 vuelve a mencionar a un rey llamado Herodes:
“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.”
Y todavía años después, cuando Pablo se encuentra detenido, Hechos 25 presenta a otro gobernante:
“El rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo.”
Entonces surge una pregunta interesante: ¿la Biblia está hablando del mismo Herodes durante todos estos acontecimientos o estamos leyendo acerca de diferentes personas pertenecientes a una misma familia?
La respuesta es que no estamos hablando de un solo Herodes. El Herodes de Mateo 2 no es el mismo de Mateo 14. El Herodes de Mateo 14 tampoco es el mismo de Hechos 12, y el Agripa que aparece ante Pablo en Hechos 25 y 26 pertenece todavía a otra generación.
Estamos hablando de una familia que durante varias generaciones estuvo relacionada con el gobierno de Judea, Galilea y otros territorios cercanos. Pero para comprender de dónde salió esta familia y cómo llegó a gobernar en Judea tenemos que retroceder varios siglos.
No nos iremos hasta David o Salomón. Para este estudio nuestro punto de partida será un acontecimiento que cambió profundamente la situación política de Judá: el exilio babilónico.
EL EXILIO CAMBIÓ LA SITUACIÓN POLÍTICA DE JUDEA
Jerusalén cayó ante Babilonia alrededor de 587/586 a.C. La ciudad fue conquistada, el Templo fue destruido y parte de la población de Judá fue deportada. A partir de este momento comienza una larga etapa en la que Judea quedará, durante diferentes periodos, bajo el dominio o influencia de grandes imperios.
Después de Babilonia llegó Persia. En 539 a.C., Ciro II conquistó Babilonia y comenzó una nueva etapa en la región. Las tradiciones bíblicas de Esdras presentan dentro de este contexto el regreso de judíos y la reconstrucción del Templo. Pero regresar a Judea no significaba que nuevamente existiera una monarquía independiente como en tiempos de David o Salomón. Judea continuaba formando parte de un imperio mucho más grande.
Siglos después ocurrió otro cambio enorme. Alejandro Magno derrotó al Imperio persa y Judea quedó incorporada al mundo helenístico. Cuando Alejandro murió en 323 a.C., su imperio fue dividido entre sus sucesores, y para nuestra historia son especialmente importantes dos dinastías: los Ptolomeos, relacionados principalmente con Egipto, y los Seléucidas, cuyo poder se extendió sobre Siria y amplias regiones orientales.
Judea quedó situada entre ambos poderes y finalmente pasó al control seléucida alrededor del año 200 a.C. Será precisamente bajo los seléucidas cuando ocurrirá una crisis que terminará cambiando nuevamente la historia de Judea.
Durante el gobierno de Antíoco IV Epífanes, alrededor del año 167 a.C., comenzó una rebelión encabezada inicialmente por un sacerdote llamado Matatías y continuada posteriormente por sus hijos. Uno de ellos fue Judá, conocido como Judá Macabeo, y por eso normalmente conocemos esta lucha como la revuelta macabea.
De aquella misma familia surgió posteriormente la dinastía que conocemos como los asmoneos. Aquí es importante distinguir ambos términos. Cuando hablamos de los macabeos normalmente pensamos en la rebelión y especialmente en Judá Macabeo. Cuando hablamos de los asmoneos nos referimos a la familia que, después de aquella lucha, terminó gobernando Judea.
Y aquí comenzamos a acercarnos a Herodes.
Durante el periodo asmoneo Judea recuperó una importante independencia y comenzó también una política de expansión territorial. Uno de sus gobernantes fue Juan Hircano I, aproximadamente entre 135 y 104 a.C. Durante su gobierno los asmoneos tomaron territorios de Idumea.
Flavio Josefo relata que Juan Hircano conquistó ciudades idumeas como Adora y Marisa y permitió que sus habitantes permanecieran en aquellas tierras con la condición de aceptar la circuncisión y observar las leyes judías. La forma exacta en que ocurrió este proceso y hasta qué punto fue uniforme continúa siendo discutida, pero para nuestro estudio existe un detalle que será fundamental: los idumeos quedaron profundamente vinculados política y religiosamente con Judea.
¿Y por qué esto importa? Porque de una familia de origen idumeo surgiría posteriormente Herodes.
DE IDUMEA SURGIRÁ LA FAMILIA DE HERODES
Antes de Herodes tenemos que conocer a su padre, un hombre llamado Antípatro. Antípatro era de origen idumeo y llegó a tener una enorme influencia dentro de la política de Judea durante los últimos años de la dinastía asmonea.
En aquel tiempo dos miembros de la familia asmonea se disputaban el poder: Hircano II y Aristóbulo II. Antípatro apoyó a Hircano II y fue aumentando su propia influencia mientras la familia gobernante se encontraba dividida internamente.
Y mientras los asmoneos peleaban entre ellos ocurrió algo que cambiaría completamente el futuro de Judea: Roma intervino.
En 63 a.C., el general romano Pompeyo entró en Jerusalén. A partir de ese momento la independencia asmonea quedó profundamente debilitada y Judea entró dentro de la esfera de poder de Roma.
Esto es importante porque desde aquí ya no bastaba con tener influencia dentro de Jerusalén. Ahora cualquier persona que quisiera conservar o aumentar su poder político tendría que relacionarse también con Roma.
Antípatro entendió muy bien ese nuevo escenario. Durante las guerras civiles romanas construyó relaciones con dirigentes romanos y terminó obteniendo importantes beneficios políticos. Con el tiempo colocó a sus propios hijos en posiciones regionales. Uno de ellos, Fasael, quedó relacionado con Jerusalén. El otro recibió autoridad sobre Galilea. Su nombre era Herodes.
Así entra Herodes directamente en nuestra historia. Todavía no era rey ni gobernaba Judea. Era simplemente un miembro de una familia idumea que había logrado ascender políticamente dentro de un sistema cada vez más dependiente de Roma.
Herodes comenzó a desarrollar una importante carrera militar y política en Galilea y fue fortaleciendo sus relaciones con dirigentes romanos. Pero los asmoneos todavía no habían desaparecido.
En 40 a.C., aprovechando una invasión parta, Antígono Matatías, hijo de Aristóbulo II, consiguió tomar Jerusalén y recuperar temporalmente el gobierno para la casa asmonea. Herodes tuvo que escapar y es aquí donde toma una decisión que cambiará su vida: viajó a Roma.
Ese mismo año, el Senado romano reconoció a Herodes como rey de Judea. Este dato es fundamental para comprender toda la historia, porque Herodes no llegó a ser rey por ser heredero directo de los asmoneos y su padre tampoco había sido rey. Su autoridad real dependía principalmente del respaldo de Roma.
Sin embargo, cuando Roma lo reconoció como rey existía un problema: Herodes todavía no controlaba Jerusalén y Antígono continuaba gobernando. Herodes tuvo que regresar y combatir para conquistar físicamente el territorio sobre el cual Roma ya lo había reconocido como rey.
Finalmente, en 37 a.C., Jerusalén cayó. Antígono fue capturado y posteriormente ejecutado. Terminaba así el gobierno asmoneo y comenzaba la dinastía herodiana.
HERODES EL GRANDE: EL HERODES DE MATEO 2
Ahora sí llegamos al primer Herodes que encontramos directamente en los Evangelios: Herodes el Grande, cuyo reinado efectivo sobre Judea suele situarse entre 37 y 4 a.C.
Cuando Mateo dice:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes…”
está hablando de Herodes el Grande, no de Herodes Antipas, Agripa ni del Herodes que posteriormente encontraremos en Hechos. Este es el hombre que Roma había reconocido como rey décadas antes.
La familia de Herodes tenía origen idumeo, pero recordemos que los idumeos ya llevaban varias generaciones relacionados con Judea desde el periodo asmoneo. Por eso sería demasiado simple imaginar a Herodes solamente como un extranjero que apareció repentinamente para gobernar.
Además, Herodes terminó casándose con Mariamna I, quien pertenecía a la familia asmonea. Este matrimonio conectó directamente a Herodes con la antigua dinastía que había gobernado Judea antes que él.
Durante su reinado, Herodes desarrolló enormes proyectos arquitectónicos. Construyó fortalezas, palacios, ciudades y puertos, y uno de sus proyectos más conocidos fue la ampliación monumental del complejo del Templo de Jerusalén. El Templo que encontramos durante el ministerio de Yeshua estaba profundamente marcado por la obra de Herodes.
Pero su reinado también estuvo acompañado de graves conflictos políticos y familiares. Herodes ordenó la ejecución de diferentes rivales y también de miembros de su propia familia, entre ellos Mariamna y algunos de sus hijos.
Y aquí comienza a cobrar mucho más sentido lo que Mateo presenta cuando llegan unos visitantes preguntando:
“¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?”
Pensemos por un momento en lo que acabamos de estudiar. Herodes había sido reconocido como rey por Roma, había tenido que luchar durante años para tomar Jerusalén, había desplazado definitivamente a la última dinastía asmonea y había enfrentado diferentes amenazas contra su posición. Entonces Mateo introduce en la historia el anuncio de otro “rey de los judíos”.
Dentro del relato de Mateo podemos comprender por qué esa noticia adquiere inmediatamente una dimensión política.
Más adelante Mateo relata la matanza de los niños de Belén. Aquí solamente debemos distinguir algo importante: ese acontecimiento aparece en Mateo, mientras que Flavio Josefo, aunque relata diferentes episodios violentos durante el gobierno de Herodes, no menciona específicamente la matanza de Belén.
Esto no significa que Josefo la niegue; simplemente significa que no la relata. Por eso podemos estudiar el episodio presentado por Mateo junto al contexto histórico de violencia dinástica del reinado de Herodes sin afirmar que Josefo confirma directamente ese acontecimiento.
Herodes el Grande murió alrededor del 4 a.C. y aquí la historia comienza a dividirse entre sus hijos.
Mateo 2:22 dice:
“Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre…”
Ese versículo ya nos está mostrando que Herodes el Grande murió y que ahora aparece otra generación.
Arquelao era uno de sus hijos. Después de la muerte de Herodes, sus territorios no pasaron automáticamente a uno solo de sus descendientes. Roma intervino nuevamente en la sucesión.
Augusto entregó a Arquelao Judea, Samaria e Idumea, pero no lo nombró rey. Su título oficial fue etnarca, una forma de gobernante regional. Otro hijo de Herodes recibió Galilea y Perea. Ese hijo era Herodes Antipas.
Aquí podemos comprender también por qué Mateo dice que José, después de regresar de Egipto, evitó establecerse en Judea al enterarse de que Arquelao gobernaba allí y terminó dirigiéndose a Galilea. No estaba simplemente viajando de una región a otra, sino entrando en territorios gobernados por diferentes hijos de Herodes.
Arquelao no gobernó durante mucho tiempo. En 6 d.C., después de diferentes conflictos y quejas contra su gobierno, Augusto lo destituyó y lo envió al exilio. Judea pasó entonces a una forma más directa de administración romana, y esta es una de las razones por las que posteriormente encontramos en los Evangelios a un funcionario romano llamado Poncio Pilato.
HERODES ANTIPAS: EL HERODES DE MATEO 14
Mateo 14:1 dice:
“En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús.”
Este Herodes ya no es Herodes el Grande. Es Herodes Antipas, su hijo, quien gobernó Galilea y Perea aproximadamente desde 4 a.C. hasta 39 d.C.
Entonces solamente dentro del Evangelio de Mateo ya tenemos dos generaciones diferentes: en Mateo 2 encontramos a Herodes el Grande y en Mateo 14 encontramos a Herodes Antipas.
Antipas recibió oficialmente el título de tetrarca, aunque algunos textos del Nuevo Testamento pueden llamarlo también “rey”. Esto nos muestra que para identificar correctamente a un Herodes no debemos observar solamente el título, sino también el momento histórico, el territorio y las personas que aparecen alrededor de él.
Herodes Antipas es el gobernante relacionado con la muerte de Juan el Bautista. Mateo relata el conflicto entre Juan, Herodes y Herodías, y finalmente presenta el encarcelamiento y ejecución de Juan.
Algo interesante es que Juan el Bautista también aparece mencionado por Flavio Josefo. Josefo relaciona igualmente a Juan con Herodes Antipas y con su muerte, aunque enfoca el acontecimiento principalmente desde el temor de Antipas ante la influencia que Juan tenía sobre las multitudes.
Esto no necesariamente significa que Mateo y Josefo se contradigan. Son dos relatos antiguos que presentan diferentes aspectos del mismo escenario histórico.
Y aquí podemos contestar otra pregunta que surge muchas veces al leer los Evangelios: si Herodes gobernaba durante el ministerio de Yeshua, ¿por qué aparece también Poncio Pilato?
La respuesta está en la división territorial. Después de la destitución de Arquelao, Judea quedó bajo administración romana directa. Galilea, en cambio, continuó bajo Herodes Antipas.
Por eso durante el ministerio de Yeshua encontramos a Pilato relacionado con Judea y a Antipas relacionado con Galilea. No estaban ocupando exactamente el mismo cargo ni gobernando exactamente el mismo territorio.
Esta división nos ayuda a comprender también por qué Lucas presenta a Pilato enviando a Yeshua ante Herodes Antipas al descubrir que era galileo.
Antipas gobernó durante décadas, pero su autoridad seguía dependiendo de Roma. En 39 d.C., durante el gobierno del emperador Calígula, Antipas perdió su posición y fue enviado al exilio. Y aquí aparece otro integrante de la familia: Agripa I.
HERODES AGRIPA I: EL HERODES DE HECHOS 12
Agripa I era nieto de Herodes el Grande. Su padre había sido Aristóbulo IV, hijo de Herodes el Grande y Mariamna la asmonea. Esto significa que en Agripa se unían nuevamente las líneas herodiana y asmonea.
Agripa pasó parte de su juventud relacionado con la corte imperial romana. Después de diferentes acontecimientos, Calígula comenzó a concederle territorios y, cuando Antipas fue destituido, Agripa recibió también parte de sus dominios.
Más tarde, durante el gobierno del emperador Claudio, Agripa recibió Judea y Samaria. Durante algunos años llegó a gobernar un territorio comparable al que había tenido su abuelo Herodes el Grande.
Y ahora podemos comprender quién es el “rey Herodes” que aparece en Hechos 12:
“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.”
Este no es Herodes el Grande ni Herodes Antipas. Este es Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande.
Hechos relata que Agripa ordenó ejecutar a Jacobo, hermano de Juan, y posteriormente encarceló a Pedro. Así podemos comenzar a ver las generaciones mucho más claramente: el Herodes del nacimiento de Yeshua fue Herodes el Grande; el Herodes relacionado con Juan el Bautista fue su hijo Antipas; y el Herodes que encontramos persiguiendo a los discípulos en Hechos 12 es su nieto Agripa I.
Hechos 12 también relata la muerte de Agripa. El texto presenta una ceremonia pública donde la multitud comienza a atribuirle honores extraordinarios y posteriormente Agripa enferma y muere.
Flavio Josefo conserva también una narración acerca de la muerte de Agripa I en Cesarea. Relata que apareció durante unas celebraciones vestido con una prenda de plata que reflejaba la luz, recibió aclamaciones extraordinarias y posteriormente sufrió una enfermedad que terminó provocando su muerte.
Hechos interpreta el acontecimiento dentro de su propio marco teológico y Josefo ofrece su narración histórica, pero ambos sitúan a Agripa en Cesarea, recibiendo aclamaciones extraordinarias y muriendo poco después de una enfermedad.
Agripa I murió en 44 d.C., y todavía falta una generación más.
AGRIPA II: EL AGRIPA QUE ESCUCHA A PABLO
Agripa I tenía un hijo llamado Agripa II. Cuando su padre murió todavía era joven y Roma no le entregó inmediatamente todos los territorios que Agripa I había gobernado. Judea volvió a quedar bajo administración romana directa.
Posteriormente, Agripa II comenzó a recibir territorios y responsabilidades de manera gradual. Históricamente podemos encontrarlo llamado Agripa II o Herodes Agripa II, pero Hechos 25 y 26 simplemente lo presenta como Agripa.
Este es el hombre que aparece junto a Berenice cuando Pablo se encuentra detenido.
Hechos 25 dice:
“El rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo.”
Agripa II era hijo de Agripa I y, por lo tanto, bisnieto de Herodes el Grande.
Cuando Pablo comparece ante él, Judea no estaba siendo gobernada directamente por Agripa. El funcionario romano era Porcio Festo. Entonces, ¿por qué Agripa aparece escuchando el caso de Pablo?
Agripa tenía conocimiento de asuntos relacionados con la sociedad judía, Jerusalén y el Templo, y su familia había tenido responsabilidades relacionadas con el sumo sacerdocio. Dentro del relato de Hechos, Festo busca entender mejor cómo presentar el caso de Pablo después de que este apelara a César. Agripa escucha entonces su defensa.
Flavio Josefo presenta a Festo y a Agripa II como personajes contemporáneos dentro del mismo escenario político, aunque no relata específicamente la comparecencia de Pablo ante Agripa.
Esto vuelve a mostrarnos algo importante al estudiar historia bíblica: una fuente externa puede ayudarnos a confirmar que determinados personajes existieron dentro del mismo periodo histórico sin necesariamente mencionar cada acontecimiento que encontramos en el relato bíblico.
Hechos también menciona a Berenice, hermana de Agripa II. Y existe todavía otra conexión familiar interesante: otra hermana de Agripa era Drusila, quien fue esposa de Félix, personaje que también aparece en Hechos relacionado con el encarcelamiento de Pablo.
Entonces personajes que muchas veces parecen completamente separados mientras leemos Hechos pertenecían en realidad a la misma familia. Félix aparece con Drusila y después Festo aparece junto a Agripa y Berenice. La familia de Herodes continuaba presente alrededor de los acontecimientos del Nuevo Testamento varias décadas después de la muerte de Herodes el Grande.
ENTONCES, ¿LA BIBLIA PRESENTA A UN SOLO HERODES?
Ahora podemos regresar a nuestra pregunta inicial. Cuando Mateo 2 habla del rey Herodes durante el nacimiento de Yeshua, está hablando de Herodes el Grande. Cuando Mateo 2:22 menciona a Arquelao, está hablando de uno de sus hijos. Cuando Mateo 14 habla de Herodes el tetrarca y lo relaciona con Juan el Bautista, está hablando de Herodes Antipas, otro hijo de Herodes el Grande.
Cuando Hechos 12 habla nuevamente de un “rey Herodes”, está hablando de Agripa I, nieto de Herodes el Grande. Y cuando Hechos 25 y 26 presenta al rey Agripa escuchando la defensa de Pablo, está hablando de Agripa II, hijo de Agripa I y bisnieto de Herodes el Grande.
No estamos leyendo la historia de un hombre que vivió durante todo el Nuevo Testamento. Estamos leyendo la historia de una familia.
Y existe algo que conecta prácticamente toda su historia: Roma.
Herodes el Grande necesitó el reconocimiento del Senado romano. Después de su muerte, Augusto decidió cómo serían repartidos sus territorios. Arquelao recibió Judea, pero Roma posteriormente lo destituyó. Antipas recibió Galilea, pero Roma también terminó quitándole su territorio. Agripa I recibió territorios de emperadores romanos y Agripa II también recibió progresivamente territorios y responsabilidades dentro del mismo sistema.
Por eso, aunque algunos miembros de esta familia fueron llamados reyes, no debemos imaginar que poseían una independencia semejante a la de un gran emperador. Su poder era considerable, pero estaba profundamente condicionado por Roma.
Y esto nos permite regresar finalmente al comienzo de nuestro estudio. Herodes no apareció de repente en Mateo. Detrás de aquella expresión:
“en días del rey Herodes”
existe una historia que comenzó siglos antes: la caída de Jerusalén, Babilonia, Persia, Alejandro Magno, los Seléucidas, la revuelta macabea, los asmoneos, Idumea, Antípatro, Roma y, finalmente, Herodes.
Cuando conocemos esa historia comenzamos a comprender por qué aquel hombre pudo gobernar Judea, por qué después de su muerte sus hijos recibieron diferentes territorios y por qué décadas después todavía encontramos miembros de su familia dentro del libro de Hechos.
Y aquí es donde este estudio me hace pensar.
Muchas veces leemos la Biblia y pasamos rápidamente por nombres como Herodes, Arquelao, Antipas, Pilato, Agripa, Félix o Festo. Parecen solamente nombres colocados allí para decirnos quién gobernaba en ese momento.
Pero cuando investigamos lo que existe detrás de ellos podemos ver que los acontecimientos bíblicos están ocurriendo dentro de una historia real y compleja. Imperios cambiaron, dinastías desaparecieron, gobernantes fueron proclamados y otros fueron destituidos. Un hombre fue reconocido rey por el Senado romano, uno de sus hijos terminó exiliado, su nieto volvió a gobernar gran parte del territorio y su bisnieto terminó escuchando la defensa de Pablo varias generaciones después.
Por eso conocer el contexto histórico puede cambiar completamente la manera en que leemos unas pocas palabras de la Biblia.
La próxima vez que leas “el rey Herodes”, quizás ya no pensarás inmediatamente en un solo hombre. Ahora la pregunta será: ¿qué Herodes?
Porque el Herodes del nacimiento de Yeshua no fue el mismo que estuvo relacionado con Juan el Bautista. El Herodes de Juan el Bautista tampoco fue el mismo que persiguió a los discípulos en Hechos. Y el Agripa que escuchó a Pablo pertenecía todavía a otra generación.
Todos formaban parte de una misma familia, pero vivieron en momentos diferentes, gobernaron territorios diferentes y tuvieron cargos diferentes.
Y si hay algo que su historia nos deja ver es que el poder que parecía enorme durante una generación podía desaparecer completamente en la siguiente. Los Herodes gobernaron, Roma los respaldó y Roma también los destituyó. Recibieron territorios y también los perdieron, pero ninguno pudo conservar su poder para siempre.
La historia de los Herodes nos recuerda lo temporal que puede llegar a ser el poder humano. Reyes, gobernadores, emperadores y dinastías parecían controlar territorios completos, pero todos terminaron pasando.
En medio de ese mundo nació Yeshua. Mientras unos hombres necesitaban el reconocimiento de Roma para ser llamados reyes, Yeshua enseñó un Reino completamente diferente, donde la grandeza no dependía de dominar a otros, sino de servir.
“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” — Mateo 20:26
Herodes tuvo palacios, ejércitos y respaldo político. Sus descendientes heredaron territorios y títulos. Sin embargo, hoy su historia nos sirve principalmente para comprender mejor los acontecimientos que rodearon la vida de Yeshua y de sus discípulos.
Y eso nos deja una enseñanza sencilla: los gobiernos cambian, los imperios desaparecen y la autoridad humana tiene un límite. Por eso Yeshua enseñó a buscar primero el Reino de Dios, un Reino cuya grandeza no se mide por territorios, títulos o poder político, sino por obediencia, justicia, misericordia y servicio.
Shalom.

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